Y dentro de esa extraña mezcla de pluralidad e intolerancia que caracteriza a este blog (para desesperación de algunos, emoción de unos pocos e indiferencia de las mayorías) presentamos el disco de estos expertos en sleazy provenientes de Malmo, Suecia, Crazy Lixx y su Riot Avenue.
Yo creo que en Suecia todos estudian música, solo así se explica que un país de menos de 10 millones de habitantes tenga tantos grupos tan buenos en todos, todos lo estilos. Y Crazy Lixx son ahorita la tapa de la vertiente glam sleazy re-nacida en los 90 y que fue como el renacimiento de ese género en un lugar inesperado (ya ven agoreros de mala calaña, el futuro es impredecible).

Así es, pues grupos como Nasty Idols o Backyard Babies recomenzaron lo que a comienzos del siglo XXI fue una verdadera explosión en la que muchas bandas como las citadas arriba, junto a los Hardcore Superstar o los Babylon Bombs. Dieron nueva vida a lo que parecía extinto. Dicen que el tiempo es el que pone todo en su lugar y así conforme algunas de las bandas de este revival se van apagando o desluciendo otras se van asentando como exponentes legítimos y nuevos referentes. Este es el caso de los Crazy Lixx.

Formados en el 2002, tardaron un par de años en asentar una formación estable. En el 2004 editaron Do or Die lo que les valió mucho reconocimiento dentro de los círculos especializados. Luego lanzaron Loud Minority (2007) y New Religion (2010). Para mí son reseñables a partir de este disco; sus anteriores trabajos eran demasiado inspirados en el hard rock de Def Leppard, con una voz muy chillona. Pero con NR, eso cambió y para bien. Los empecé a tener en el radar esperando el gran disco y acá esta.

Riot Avenue me encanta, tiene la rabia sleazy en todos los temas y una onda enteramente agresiva, se entiende en términos glam y hardrockeros. El sonido de jungla de la calle que impregnó los primeros discos de L.A. Guns al lado de la sordidez de unos Dangerous Toys también de los dos discos iniciales, todo eso, pero con su propia personalidad, que ya han alcanzado, sin lugar a dudas.

No voy a reseñar tema a tema, solo mencionaré algunos hitos del disco, por ejemplo, el genial inicio de Whiskey Tango Foxtrot, una verdadera pieza empiladora y ganchera que te mete al disco de cabeza. Me ha gustado la rabia y frescura rockanrolera que tiene Young Blood, con los mejores fraseos de la historia del glam del siglo XXI (qué tal estribillo). La violenta sordidez de In the Night te hará querer salir a la calle saltando y bailando con una botella de Jack Daniels hasta altas horas de la madrugada; verdadero L.A. Guns revivido, solo en la juventud se pueden hacer estas cosas. Finalmente caerás rendido con la última, Only the Dead Know, la balada de rigor. En realidad no es fácil destacar solo unos temas, todo el conjunto es reseñable. El disco es corto y lo vives tan rápido que te garantizo, lo pondrás al menos otras dos veces más.

En cuanto al sonido, se ha hecho un gran trabajo en materia de producción. Las guitarras, a cargo de Andy Dawson y Edd Liam, son ruidosas y sucias a la vez que contundentes. La batería, que está a cargo de Joél Cirera, está muy bien definida y tiene un sonido más limpio; el bajo de Loke Rivano da la cuota de pesadez que se requiere. Y la voz, qué voz, un verdadero logro lo que se ha conseguido este Danny Rexon, ni virtuosa ni chabacana, sino precisa.

Quizás lo más destacable de este disco es la gran capacidad que ha tenido Crazy Lixx para componer temas equilibrados y efectivos. El rock es una cosa de temas; si un grupo toca muy bien y tienen buen concepto pero no pueden ilvanar buenas rolas, no hay nada qué hacer. Esto no es tan así en los géneros extremos, en los que importa más la creación de un sonido y no tanto de los temas en sí, pero en el glam/sleazy/AOR y sus géneros afines, los temas lo son todo y esto es una verdad revelada e incuestionable.

El crecimiento de esta banda no da lugar a dudas. En este momento están en plena gira con WASP y Gotthard