Primero, disculpas por andar ausente estos días, pero he estado algo desinspirado para escribir. Hoy tenemos entre manos un disco que seguro hará a los extremos y trues rechinar los dientes de cólera, pero a los viejos del hard rock nos hará volver a los buenos tiempos, el debut discográfico en solitario de Tom Keifer, el vocalista de los grandes (sí, grandes, enormes) Cinderella.

Todos sabemos que la carrera de Cinderella se eclipsó a mediados de los 90 en gran parte debido a la crisis de las dotes de su cantante Tom Keifer, quien empezó a sufrir de hemorragias en sus cuerdas vocales. Es verdad que durante ese periodo también se experimentó el declive de los estilos glam y hard rock que fueron muy populares desde la primera mitad de los 80 (particularmente desde el éxito de Dokken, Quiet Riot y Ratt). Cinderella tuvo que enfrentar por fuera un medio completamente adverso que por razones estrictamente económicas le dio las espaldas.

Complicados así, la banda no se disolvió oficialmente, pero salvo algunas presentaciones y discos en vivo lanzados (tanto de archivo como del momento), no ha vuelto a editar material nuevo desde 1994 con Still Climbing. Ya en el siglo XXI, mucho del viejo glam y hard rock volvió por sus fueros y mostraron (al lado de casi todos los géneros clásicos del metal) una renovada vitalidad. Ratt, Faster Pussycat, L.A. Guns, Warrant, Warrior Soul y muchos más relanzaron (o revitalizaron) sus menguadas carreras. Sin embargo, Cinderella, pese a ser de otro lote y, lamentablemente,debido a que las capacidades de Keifer han seguido comprometidas por su persistente mal a las cuerdas vocales no han podido aprovechar este buen momento como hubieran querido. Porque valgan verdades Cinderella siempre fue un cajón aparte. Desde su primer disco manifestaron una calidad que los ponía en un nivel superior a los que sus compañeros de estilo eran capaces (solo Ratt estaba a una altura semejante). Pero Cinderella sin Keifer sería una impostación que nadie aceptaría y si él ya no pudiese cantar, pues allí se acabaría Cinderella, y de verdad yo ya creía eso.

Cinderella no ha vuelto, pero casi. Keifer ha lanzado este excelente disco que estuvo a punto de ser el disco de retorno de la Cenicienta del hard rock gringo. Al parecer iba a ser editado en el 2006 o 2007, pero los problemas de Keifer volvieron (con hemorragia y todo), además de problemas legales con un sello que se había comprometido con Cinderella en lanzarles un disco nuevo.

Se trata de un trabajo mucho más orientado a los intereses de Keifer y en el en que los temas melancólicos predominan o tienen una presencia mayor que en los trabajos de Cinderella. Se sabe que Keifer lleva trabajando este disco desde fines de los 90. Es un disco fresco, directo, honesto que camina perfectamente por la senda que este artista inició a fines de los 80 y bajo la sombra de grandes de los 70 como Eagles y Rod Stewart. No hay acomodos ni disfuerzos. Es lo que sabe hacer y lo presenta de maravilla. Además, para realizarlo se mudó a Nashville, Tennessee y así poder trabajar con las músicos que deseaba y en el ambiente apropiado.

Si hubiera que conectar este disco con alguno de los pasados de Cinderella, el candidato más obvio sería el Heartbreak Station (1991). Podría haber sido una excelente continuación entonces. Más allá de la variedad de influencias expresadas (blues, hard rock, country, góspel, R&B, pop, heavy metal), los temas se pueden dividir en dos grandes grupos, los de hard rock, muy eléctricos y rápidos (velocidad hard rock, claro, no speed metal), y los blueseros, invariablemente melancólicos.

Entre los primeros (que son los que más me gustan) están Its not Enough con un estilo muy a lo Rolling Stones con Aerosmith setentero; Cold Day in Hell, que tiene esas intromisiones de harmónica que hacen la delicia de todo amante del estilo además de un manejo del ritmo de la canción muy inteligente; Fools Paradise, más morosa y con un tiempo vicioso; la tremendamente rockera Mood Elevator que te hará buscar un Jack Daniels e irte de bailando borracho por ahí, (en este tema de invitado estado su compañero Jeff LaBar); la un poco más heavy (tiene algo de Motörhead) Welcome to my Mind, pero de fuerte acento sureño a pesar de ello. Ain’t that a Bitch es un poco más a medio camino, un tema enérgico y eléctrico de una destreza bocal admirable; y la última Babylon, un hard rock ochentero un poco más convencional que en algo me recuerda lo que hacían los Warrior Soul, aunque he percibido algún aire noventero por allí.

Por el lado más melancólico y acústico están A Different Light, con aires muy poperos pero no por ello descalificable, hubiera sido un hit radial en los 80 sí o sí; la más melódica y pianística Thick and Thin, buena para soundtrack; Ask me Yesterday que otra vez es de esos medio tiempos countrys con los que tanto se ejercitaban estas bandas en sus buenas épocas, suena bastante a Aerosmith; The Flower Song que vuelve como la anterior en una nueva versión, es un poco repetitiva con otras y quizás se podrían haber abstenido de esta; You Showed Me es otra vez bastante pop pero tiene su ganchito para seguir disfrutándola, sobre todo a partir del primer cambio, es de esos temas narrativos, con historia.

Con respecto a la instrumentación, en guitarras y teclados ha corrido a cargo del mismo Keifer (músico muy competente), Greg Morrow en la batería, quien ha tocado con las Dixie Chicks unas leyendas del country (según me dicen, porque yo de country no sé nada) y Steve Earl que ya me suena más. En el bajo está Michael Rhodes (Faith Hill, Reba McEntire) Tony Harrell / piano y órgano, y Pat Buchanan a la harmónica y guitarras extras. La producción es impecable y se le ha dado el sonido apropiado, muy orgánico, nada de sobreproducción.

Yo creo que este es un disco muy logrado, justo para todo amante de las vertientes del hard rock y el metal más ochentero. Los extremos y trues se revolcarían en el piso oyéndolo y sobre todo si se le vincula al metal. Es posible que no se pueda catalogar de metal a este esfuerzo, aunque yo prefiero que el metal incluya a Keifer y compañía que a Korn o a Slipknot (disculpen por escribir esos nombres en el blog). Buen disco, óiganlo.