Y quien cree que Ghost B.C. o Kadavar son lo más impresionante del metal de vieja añoranza, llega In Solitude a reventar el globo.

Me gusta la imagen de la portada, esta máscara mortuoria dice mucho del actual concepto que está manejando la banda. Si bien es cierto este ya es el tercer disco de estos jóvenes headbangers nórdicos, están madurando a pasos agigantados y hasta el momento no les ha interesado repetir la fórmula (como parece le ha sucedido a casi todos los revivalistas del sonido clásico de este siglo). Este Sister presenta a esta agrupación nativa de Upssala, Suecia, como consumados ejecutores de una propuesta ambiciosa, arriesgada y propia.

Cuando se editó su debut en 2008 se inscribieron en lo que era la nueva generación de bandas de heavy metal con sonido clásico de fuerte influencia mercyfulfaitiana que apareció en la década pasada (al lado de Evil, Portrait o Midnight Priest) y que asombro a muchos por su calidad. Sin embargo para otros no era más que la reedición del fenómeno retrothrash que se estaba viviendo entonces, pero ahora con heavy, un retroheavy. Es verdad que la mayoría de bandas de esa generación siguen cultivando una especie de culto a ese sonido, pero los In Solitude han saltado lejos, han caminado más allá y se han despuntado.

Es variada la paleta de sonidos que ofrecen los suecos en este tercer esfuerzo. Y variada es también la respuesta emocional que el oyente experimenta. Por lo pronto el sentimiento que más es convocado es la nostalgia, pero no por sonidos pasados, sino por una atmósfera densa y profunda. Es como volverte a encontrar con un sonido perdido hace mucho tiempo, y que a la vez puedes asegurar que no has oído antes, al menos no así.

Los temas del disco comienzan con una pequeña y reiterativa pieza acústica que se constituye en una interesante apuesta por la inteligencia que exhibe. El primer tema es Death knows where en el que se hace patente un sonido que remite al Voivod de los 90, más técnico y personal, pero a la vez a un sonido suave de rock and roll setentero. La guitarra va trazando melodías suaves y a la vez enfermizas. Incluso hay tentativas muy contemporáneas que me recuerdan algo a Pelican o incluso a Year of no Light (lo que es muy vanguardista) pero que sigue agarrado a la impronta tradicional y al sentido musical del metal tradicional. A buried sun (qué tal título) resulta una pieza inundada de atmosferas, su inicio es muy sabbathiano, pero trasciende ello llegando a una melodía enteramente ensimismada. El final lleno de sonidos suaves y tranquilizadores producen el efecto contrario. Pallid Hands me suena a un tema español ochentero pero con más fuerza rockera. Lavender es uno de esos híbridos imposibles entre Year of no Light y Iron Maiden. La voz acá se luce realmente desesperada. Sister es el tema más progresivo con una parte de guitarras que nos hacen recordar la ruptura de melodías típicas de los 70 heredadas trabajosamente desde el jazz. Horses in the ground parece otro homenaje a Voivod o al mejor Opeth, no el de los excesos sino el de los recordados (y extrañados) Orchid y My arms, your hearse. El disco cierra con Inmost Nigredo, una elegía en toda regla ¿a qué? ¿a una vida? ¿a una música? ¿a uno mismo? Dura más de 8 minutos.

Las guitarras tocadas por Henrik Palm y Niklas Lindstrom están en el periodo anterior al heavy metal, en la época primigenia del hard rock, los primeros setenta, pero sin mayores florituras, solo tocan con la amplificación simple y ya. Nada de distorsión. Los sonidos sin embargo resultan inquietantes y con aires proféticos. Los instrumentos suenan tan limpios, lo que los hace más extraños aún, si los comparamos sobre todo con los trabajos anteriores de la banda, mucho más metálicamente convencionales. La voz más grave y profunda de Pelle Ahman ahora se oye intencionalmente dejada de sí, morosa y depresiva, conmovedora y despiadada a la vez, en una carrera ralentizada por motivar una forma contenida de la desesperación. Hay mucho de pesadez dark en este estilo, más no es dark tampoco. Es algo más siniestro (han dicho que, pese a que no mencionan a Satanás como en otras ocasiones, es el disco más satánico que han hecho; les entiendo).

La percusión, en las manos de Uno Bruniusson, tampoco acelera, es lenta pero enérgica, yo la oigo en un segundo plano pero está presenta con golpes sincopados y quebrados, marchando creando una lenta ceremonia. El bajo que ejecuta Gottfiried Ahman, hermano de Pelle, se oye inmenso y marcha mucho más cerca de la percusión que de las guitarras. No es protagonista sino que acompaña dando cuerpo.

Se trata de un disco mayor, un trabajo de primera que viene a mostrarnos ya a un nuevo grande del metal, en este género que parece inacabable y que refuerza la idea de que cuando parece que ya todo está hecho, viene el talentoso y agita de nuevo todo. Escuchen In Solitude, ninguno de sus trabajos tiene pierde.