Con algo de retraso publico una pequeña nota acerca de como he visto el desarrollo del metal (al menos de su corriente internacional) desde mi particular punto de vista y de lo que he podido oír y saber por los medios a mi alcance. No es una lista de discos destacados, porque toda lista tiene fecha de caducidad sino un resumen, por así decirlo, la idea es que los que quieran retroalimenten esta lista de hecho y salven las seguras gruesas omisiones en las que esta clase de artículos incurre.

Si pensamos en el metal desde la perspectiva de los lanzamientos de discos, el año pasado fue muy prolífico en álbumes de calidad, y de algunas decepciones más o menos notorias.

Lo primero es que algunos de más los grandes que lanzaron disco no impresionaron demasiado o incluso decepcionaron. Es un consenso que esa lista de decepciones la preside con ventaja el Super Collider de Megadeth, lamentablemente la banda que con Th1rt3n había dejado alguna luz de esperanza de una posible recuperación, lanzó uno de los peores discos del año por su insulsez y carencia de ideas. Otro gigante que lanzó disco, 13 (recurrente el nombre, ¿no?), fue Black Sabbath, los padres del metal volvieron luego de 19 años con un lanzamiento con nuevas composiciones y más de 30 desde su último lanzamiento con Ozzy Osbourne. Si bien es cierto se trata de un disco digno que puede mirar sin complejos el legado de la banda (sobre todo el de los 70) de ninguna manera es una joya ni una obra maestra.

Los que sí dieron la talla fueron dos grandes no tan frecuentados en nuestro medio. En primer lugar Motörhead que lanzó un efectivo Aftershock que le dio vida al metal rockanrolero y maleducado de siempre. Otro buen lanzamiento de un grande histórico fue Saxon, que con Sacrifice demostró que los gigantes del género aún pueden hacer metal de primera. Pero el lanzamiento más contundente de estas bandas me parece que es el de U.D.O., el Steelhammer que es una verdadera muestra de heavy metal sin concesiones, heavy y metal en toda su potencia. Violento musicalmente veloz y con la participación enriquecedora del virtuoso ruso de las seis cuerdas Andrei Smirnov (Everlost) que le dio a UDO la solidez que merece su concepto duro y despiadado del heavy.


En el campo de las bandas que no tienen la dimensión de audiencias que merecerían me parece que dos discos han marcado el final del año con total claridad. El Curse & Chapter de los ingleses Hell continuación de su gran debut del 2011 Human Remains. Este disco es una de las mejores piezas de heavy metal que he oído en mucho tiempo. En términos parecidos me parece que puedo describir el lanzamiento de Satan’s Host, Virgin Sails, banda que con el reingreso de Harry Conklin (Jag Panzer) ha alcanzado otro vuelo interpretativo dentro del heavy metal.


Yendo a géneros más duros, el álbum que se ha llevado todos nuestros elogios fue el Colored Sands, de Gorguts la banda del canadiense Luc Lemay; un disco de sonido ambicioso y desafiante; inclasificable. La banda es normalmente catalogada de death metal y quizás sea esa la categoría que mejor le convenga, pero para mí es metal extremo progresivo y punto. Espero que la historia lo coloque en el lugar que merece y no se olvide en medio de la avalancha de lanzamientos de cada año. El Necrocracy (gran nombre tomado de la obra del malogrado Christopher Hitchens) de Exhumed es otro notable trabajo de mucha violencia y degeneración grind-death. Aunque la crítica le ha reventado muchos cuetes y se ha deshecho en alabanzas, el último disco de Carcass, Surgical Steel, me ha decepcionado un poco. Me pareció repetitivo y que no aporta nada al trabajo previo de la banda sobre todo al binomio Necroticism-Heartwork de la primera mitad de los 90. No es que el disco sea malo, pero es como si Pink Floyd quisiese sacar un disco nuevo y se mande con uno muy muy parecido al Dark Side of the Moon, ¿para qué? Seguro estaría bien tocado y bien compuesto pero… ¿?


Dejo para el final de esta parte los dos trabajos que en general más me han gustado y con los que me quedo sí o sí. Por un lado el Sister de los suecos In Solitude que ya anda por otros lados y el debut en solitario de Tom Keifer (Cinderella). Ambos trabajos en sus respectivas maneras, me han dejado realmente prendido. El primero por lo osado de su propuesta y su cariz desafiante en un sonido que se está prostituyendo hoy en día con acelerada velocidad y el segundo porque (quizás haya una carga nostálgica acá) ha sabido concretar en un conjunto de temas ricos en melodias y ambiciosos en alcance un hard rock blues de primer orden, un disco que le ha llevado años terminar y que no hubiera quedado más redondo.

Los bluffs del año fueron al menos dos. El segundo disco de los suecos Ghost B.C. Infestissuman, un grupo inflado a más no poder por la publicidad metálica europea y que poco tiene de talento y sí mucho de la prostitución de ese sonido que ya mencionamos más arriba. Un disco de metal emasculado. El otro fue el concierto de Metallica en Marte, perdón Triángulo de las Bermudas, ¿no? Ah, la Antártida, eso. Ya se habló bastante de eso.

Las malas noticias, bueno las que más fregaron la vida del headbanger este año fueron, la desaparición física, que nunca muerte, de Clive Burr (Iron Maiden, Elixir) en marzo, que nos dejó sin uno de los bateristas más queridos y recordados de la historia del metal. Otra partida muy sentida fue la de Jeff Hanneman, una de las hachas clásicas de Slayer. Su desaparición ha sumido a la banda en una serie de disyuntivas acerca de la naturaleza de su futuro. La otra cosa fregada fue la disolución de los gigantes del doom Gates of Slumber, una de las agrupaciones más sólidas del metal mundial y columna del doom actual al lado de los fineses Reverend Bizarre. Esto ocurrió en septiembre cuando Jason McCash dejó el grupo.

Por supuesto que hay mucho más para recordar. Esto es solo un resumen ¿qué cosas fueron las que más recordarás del metal del 2013?.

QEPD