Demonio de Demonios, Sangre que Cubre el Pacto de Tortura Lucifer

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La primera publicación oficial del trabajo de Hástur en un formato perdurable como el vinilo tiene una importancia absolutamente esencial no solo en lo que concierne al metal peruano sino que incluso proyecta su sombra sobre la historia del rock y del Perú urbano de fin de siglo como un testimonio de incalculable valor de una forma en la que los cultores under del metal extremo local quizás no vean del todo claro, obsesionados como están con el enciclopedismo y el “caletismo” coleccionista.

La banda iniciada por Martín Morales y Carlos “el Colorao” Barcía en Lima con el nombre de Veneno Maldito allá por 1983 es considerada como la primera banda de black metal del Perú y una de las primeras, si no la primera, de Sudamérica. Y no son black metal porque hoy al oírla sea así como la clasifiquemos, ellos mismos en los 80 ya la identificaban como black metal y así la vivaban en los conciertos de entonces (como incluso podemos oír en los cortes en vivo del disco). Ahí tenemos que incidir para entender la importancia que esta agrupación tuvo para el devenir posterior del metal peruano y también para entender un poco más aquella difícil década para nuestro país (la peor del siglo XX).

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Al oír a Hastur vienen a la mente los sonidos del black metal primigenio y ese fue el de Venom y el de Hellhammer/Celtic Frost, Destruction, Sodom y, claro, el primer Slayer. Pero no como una simple emulación de admirador, sino con una intención propia. La banda se propuso realizar su propia versión del black metal extraordinariamente cruda y violenta. Si cuando eran Veneno Maldito, el metal peruano aún estaba centrado en el heavy tradicional al estilo de Almas Inmortales o incluso  en el rock pesado como los Oxido, lo de Hastur fue un salto realmente brutal. La banda estuvo compuesta por los ya mencionados Martín Morales, en las guitarras y Carlos Barcía en la voz además de Sascha Quintanilla en el bajo y Lucho Maura en la batería. Como Veneno Maldito pusieron en circulación un demo, Ten Ton Noise. Luego en 1986 cambian su nombre a Hastur, debido a su afición por leer obras de terror, como las escritas por HP Lovecraft (el nombre Hastur aparece, entre otros, en el relato El que susurraba en las tinieblas, además de varios otros escritos en colaboración con Derleth) o William Blatty (famoso autor de El Exorcista), y en consonancia con sus letras que iban todas en una onda de ataque a la hipocresía de la Iglesia Católica (a la que Martín Morales refiere como “sistema eclesial”) y las masacres cometidas en la Edad Media como la quema de herejes y acusados de brujería bajo el pretexto de la Inquisición.

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Ya como Hastur graban su demo Secta Hereje y tocan en algunos conciertos, entre los que destaca el Holocausto Metal de 1988 en el Campo de Marte (en ese concierto compartieron escenario con otro de los hoy grandes del metal extremo peruano, los nacientes Mortem). La gente probablemente aún no estaba del todo preparada para este sonido, Barcía no canta, ni hace voz gutural ni el estilo black chillón que han popularizado los noruegos; él recita los temas, los proclama como bandos de llamado a la rebelión, a una rebelión oscura pero también mística.

Precisamente este disco reúne el demo Secta Hereje, dos temas del Ten Ton Noise y tres temas grabados del Holocausto Metal del 15 de julio de 1988. El sonido es crudo y visceral, cualquier amante del sonido primitivo de los demos salvajes de los 80 con cero post producción estará encantado con la brutalidad sónica de esta recopilación. Los amantes a ultranza del metal progresivo absténganse porque este disco no da tregua en ninguno de los temas que proclaman con todas sus letras su vocación anticristiana. No en balde Hastur describió su estilo como sádico metal en esa época, buscando ir más allá del black metal.

Otro valor de este trabajo y no es el menor es que en 1987, cuando es concebido y registrado, las bandas más extremas que habían inspirado a Hastur, como Slayer, Sodom o Celtic Frost, ya habían virado hacia una forma de metal más accesible, usualmente speed/thrash metal y abandonado el black por completo, y Hastur en lugar de ir en esa dirección radicalizaron más el sonido atenuando mucho más las líneas melódicas y rozando sin mayor temor la frontera que separa el ruido de la música extrema y atravesándola en más de un momento. Los temas en vivo del Holocausto Metal son especialmente elocuentes en este sentido y son un testimonio de lo extremo que debió ser presenciar esos shows.

Además, la presentación del disco es impecable. La portada a cargo de Alan Corpse es impactante y aunque es de un satanismo un poco de pastiche, tiene su pegada para lo que presenta. El disco viene con un nutrido libreto con interesantes notas y opiniones de personas entendidas en el metal peruano como Pino Risica (Cuero Negro, promotor del metal) John Capcha (Hadez) y Miguel Det (fundador de la Horda Metálica). Además de entrevistas a los integrantes y fotos de la época. Es todo un documento de estudio.

Finalmente, quiero hacer notar que este trabajo es un vistazo también a lo que sentía una parte de la juventud de esa época desesperanzada de nuestro país en la que ningún boom inmobiliario ni gastronómico se veía como salida a una sociedad sacudida como nunca por la corrupción, el terrorismo y la falta de oportunidades. Hasta ahora hemos dado innumerables vistazos al rock subterráneo de los 80, hasta muestras se han dado en el Museo de Arte de Lima (ahorita mismo hay una), pero ¿qué del metal peruano de los 80? Hasta ahora la visión de la historia reciente del Perú ha obviado el camino trazado por el metal y este sendero es tan nuestro como cualquier otro. Secta Hereje, un hito del metal peruano y de la historia de nuestro país de fines del siglo XX. La rabia y brutalidad de este disco hará que cualquiera que haya escuchado a Narcosis o a Guerrilla Urbana, alcance una nueva frontera y se dé cuenta de hasta cuán cerca golpeo lo lejos en el metal peruano primigenio.

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