Como toda banda de larga trayectoria, la lista de discos de Manilla Road es extensa, compleja y variada. Es un testimonio de la enorme variedad del metal. Por ello creo que ante la llegada de esta banda es un buen momento para repasar un poco y a grandes rasgos como ha sido su evolución estilística.

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El primer disco del grupo salió en 1980 y se llamó Invasion. Se trató de un breve trabajo editado por su propio sello, Roadster Records, con una producción sonora irregular pero que tiene el encanto del amateurismo. El disco parece un poco conceptual, con fuertes sonidos del space rock. Dos nombres son fundamentales acá: Hawkind y Judas Priest. De los primeros encontramos toda la parafernalia espacial y sicodélica con reminiscencias a múltiples bandas progresivas bastante dispares, desde el Pink Floyd del Dark Side of the Moon hasta los franceses Magma con su Mëkanik Dëstruktïw Kömandöh como principales referencias. De los Judas no tanto, aún, de lo que más conocemos (todo lo que vino luego del Stained Class) sino más bien sus dos primeros discos, sobre todo del Sad Winds of Destiny con temas como Genocide (como se oye en ese disco), Dreamer Deceiver, Island of Domination o Caviar and Meths del Rocka Rolla. El tema más interesante, al menos desde mi perspectiva, resulta ser Far Side of the Sun, con una intro fascinante, cienciaficcionística (muy en la onda de entonces con las cintas de Star Wars, Star Trek, Blade Runner y muchas otras) que desemboca en un excelente prog hard rock, claro deudor aún de los 70. Son solo seis temas que sirvieron para comenzar toda esta historia.

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El segundo trabajo del grupo fue Metal (1982), lo que definitivamente se convirtió en una declaración de identidad a partir de entonces. El trabajo a nivel de la producción adolece un poco en menor medida de los mismos problemas que el primero pero eso a su vez le proporciona una organicidad y naturalidad con la que hoy solo podemos soñar. Los temas son algo más duros y la influencia de Hawkind empieza a ceder en favor de más Judas Priest (aún el de los primeros trabajos casi hardrockeros) y de lo que se conoció como rock pesado y que hoy se equipara sin más con el doom. En este trabajo, salvo por la voz, encontramos mucha semejanza con los dos discos iniciales de Cirith Ungol. La banda está definiendo una personalidad, con composiciones más compactas, pero todavía trabajando con preferencia sonidos y melodías, antes que temas en sí. Los cortes que destacan son Queen of the Black Coast (inspirada en uno de los relatos de Robert E. Howard padre de la moderna fantasía heroica y de Conan el bárbaro), Out of Control with Rock and Roll (tremendo inicio de guitarra) y la extraordinaria Metal.

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El primer disco de la madurez de Manilla Road, el que deslumbra aún a todos y que es la muestra más temprana del sonido clásico de la banda fue su tercer trabajo, Crystal Logic (1983) que gozó de una mejor producción. Se trata ya de un disco enteramente dentro del metal en el que todo lo anterior citado es una influencia para una voz esta vez enteramente propia. Luego de la intro típica de la época, penetramos velozmente en Necropolis, un gran tema de heavy metal tradicional en el que la influencia de la NWOBHM es obvia. De hecho, podría calificar como su primer hit, si es que esta banda alguna vez hubiese tenido hits en el sentido que se le suele atribuir al término, pero es el primero que se puede recordar a la primera oída, por sí mismo, por su valor como canción. Los sonidos pesados y doomescos están presentes sobre todo en las partes medias de los temas, pero la idea central es ya épica. Este disco es considerado por algunos como el punto de partida del epic metal. Yo no estoy convencido, para mí es el punto de partida de la idea en sí de Manilla Road. El disco además aporta los primeros grandes clásicos del grupo como la ya mencionada Necropolis, Crystal Logic (¿alguna influencia vulcana?) y la impresionante ultra épica Dreams of Eschaton de más de 12 minutos con la que cierra el disco y que constituye uno de esos ejercicios musicales que nos apasionaban tanto en los 80, cuando teníamos tiempo para catar, degustar y nutrirnos de la música y no estábamos tan apurados con tantos lanzamientos semanales como hoy (¿alguien está al día con todo esto?). Un tema que es en sí una verdadera odisea.

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Ya encaminados con ese gran trabajo, los Manilla Road deciden ir más lejos con esa idea y lanzan, ya de la mano del sello francés Black Dragon (Candlemass, Steel Vengeance, con él permanecerán hasta 1992) el Open The Gates (1985). Disco marcado por una mayor pesadez en el sonido de las guitarras pero también por un sonido más agresivo. Por ahí se puede leer que es un disco de fuerte influencia thrash, pero la verdad tiene muy poco thrash, si es que tiene algo. Es bastante más speedico, eso sí, por momentos. La voz de Shelton se endurece hasta la crueldad. La influencia del disco es más literaria y libresca (incluso más que en el común de los trabajos del metal) pues además de los “Idylls of the King”de Tennyson o el Mabinogion (libro de leyendas seudohistóricas celta-irlandesas) encontramos la Mitología Nórdica de R. B. Anderson y La Gran Diosa Blanca de Robert Graves. Bastante ambicioso ¿no? Ok de eso también se trata, no todo es Lovecraft y Tolkien. Temas excelentes acá sobran, de hecho es difícil dejar de escuchar Open the Gates o Astronómica. Tenemos el gran tema río, The Ninth Wave, de más de nueve minutos con uno de los riffs más enganchadores y épicos de la historia del metal y el anunció de hacia dónde desea moverse la banda musicalmente: la speedice Weavers of the Web (parece Metallica). Un discazo.

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The Deluge (1986) marca el ápice de este periodo de Manilla Road, a la vez que se proyecta como la lógica continuación de sus dos trabajos previos, como se nota en los sonidos de apertura muy semejantes a los de cierre del Open the Gates. Se trata de un epic metal mucho más potente y en el que el trabajo en batería prefigura lo que haría Voivod poco después, con redobles que se intercalan en el desarrollo rítmico de los temas. Las influencias progresivas no han cedido gran terreno. El disco es muy diverso en cuanto su oferta. Por un lado tenemos temas más speed metal (en los que la voz morosa de Shelton ofrece un valioso contrapunto) como Divine Victim, o más pesados y setenteros como Hammers of the Witches, qué líricamente está mucho más próximo al doom. Está también la impresionante instrumental con teclados Morbid Tabernacle, para nada un ejercicio de relleno sino una pequeña pieza bastante interesante en sí misma, pese a ser un ejercicio en sí mismo sencillo. Los últimos temas del disco se tornan un poco más fuertes y van mostrando cuál será la línea musical por la que apostará la banda en los siguientes trabajos. Con este álbum se cierra la triada intermedia de los discos de Manilla Road.

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Mystification (1987) es un disco enteramente diferente a los anteriores; si en los dos previos esfuerzos se notaba alguna influencia sobre todo speed metal a lo Metallica, este disco es esencialmente thrasher sin apelaciones. Para muchos marcó cierta pérdida de interés en el grupo. Desde el inicio la batería adquiere la característica golpeante constante (el thrashing) que la transformación del speed metal en thrash de la bay area que se daba en todo el mundo iba imponiendo. Por el lado de la guitarra, esta se siente mucho más distorsionada. La voz también pretende ser más agresiva, incluso enronqueciéndola, pero no pierde el timbre que le caracteriza y que a mí en particular hace que no termine de encajar con este giro de la banda. De hecho, este disco lo que gana en agresividad, lo pierde en diversidad. No es un disco malo ni mediocre, pero es mucho más compacto en su propuesta y quizás por eso hay menos que decir de él. Quizás los temas más excepcionales sean Spirits of the Dead, con una introducción mucho más pausada y acústica, que recuerda un poco los trabajos de principios de los 80, pero que luego entra en la línea general del álbum y Dragon Star, impresionante medio tiempo dominado por una pesada y evocadora melodía. Por supuesto, la influencia del speed/thrash metal no afecto casi las letras, ya que la onda social que este género tomó del punk y el hardcore no es relevante en el disco, sino que las imaginerías literarias de terror y fantástica siguen siendo las predominantes, con referencias tan obvias como en Masque of the Red Death al príncipe Prospero del homónimo cuento de E.A. Poe, o con el hijo de Crom en el tema Death by the Hammer de los omnipresentes relatos sobre Conan el Cimerio, de Roberth E. Howard. La historia no se hace esperar pues en la ya citada Dragon Star se alude a grandes conquistadores como Willian de Normandía o Alejandro el Grande (voraz lector este Shelton).

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Out of the Abyss (1988) es otro trabajo muy dentro del thrash metal, incluso más que el anterior, pero pese a ello, más variado en tanto aparecen temas que vuelven un poco hacia el estilo anterior más power/epic pero en una onda más oscura. El tema de entrada es semejante a Blackened (Metallica parece haberse convertido en una influencia para la banda), sin embargo es justo reconocer que el estilo de los Manilla Road tiene la suficiente personalidad como para permanecer con su propia identidad sin jamás siquiera parecerse a una copia lejana: siempre son Manilla Road. El tema título, Out of the Abyss, alude a Taliesin, el más antiguo poeta galés conocido y que aparece en la obra Los Idilios del Rey, de Lord Tennyson. Return of the Old Ones (a ver ¿a qué les suena?) es el tema musicalmente más impresionante, por su línea melódica de guitarra sucesiva a la de la voz. Los temas speed thrash, sin embargo son los predominantes como Black Cauldron y Midnight Met Train. La parte melódica y más evocadora la encontramos en la bellísima War in Heaven, con todo e influencia setentera (más Lovecraft).

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Court of Chaos (1990) verá el final de la carrera ochentera de la banda. Continuando con la línea speed/thrash metal iniciada de lleno de Mystification, este disco también cierra la segunda triada y el tercer giro estilístico de la banda. Se trata de un disco más oscuro, no sé si por alguna animadversión entre los miembros de la banda (aunque es cierto que las tensiones ya habían hecho presa del grupo), pero este disco, aun con partes fundamentalmente excelentes, no fluye igual que los anteriores. Algo a destacar es que aquí es cuando Shelton empieza a probar formas vocales más guturales para interpretar, en temas como A Touch of Madness o la inicial Dig Me No Grave, algo que retomará sobre todo en el siglo XXI. Los teclados, antes moderadamente usados, se dejan oír más, quizás eso haga que los temas sean menos fluidos, el speed/thrash y los teclados no son los mejores amigos. Quizás el mayor problema de este disco es el no poder solucionar la antítesis de sonar a la vez doom y speed con la misma eficiencia que lo hicieran a mediados de los 80. Sin embargo no quisiera dejar la impresión de que se trata de un mal disco, creo que es ante todo un disco que debió madurar un poco más para ser totalmente redondo. Destacan los temas Into the Court of Chaos, de temática mitológica nórdica, y The Prophecy, de onda más épica tradicional.

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Luego de este disco se cierra el periodo clásico en la producción de Manilla Road. Aún existe en el catálogo un álbum de 1992, The Circus Maximus, pero este fue concebido como un proyecto separado y que supondría un cambio de banda para Shelton, quien efectivamente quiso llamarlo Circus Maximus, pero el sello con el que estaba creyó mejor mantener el nombre de Manilla Road y lanzar el disco en sí con el nombre de The Circus Maximus. Se trata de un trabajo con poco que ver con lo desarrollado en los últimos discos de Manilla Road y más cercano a su trabajo intermedio e incluso hacia el hard rock estadounidense. Aun así, es un álbum arriesgado pues apuesta por cosas nuevas también, oigan si no Spider, aunque eran los 90 y todos querían hacer algo diferente (aunque la mayoría acabó haciendo algo muy parecido). Le acompañaron en la aventura Andrew Cross en el bajo y los teclados y Aaron Brown en la batería. Un disco diferente creado por alguien con las mismas ideas. Hoy los Manilla lo consideran dentro de la discografía oficial y así se vende.

Para los que les interese, acá está la segunda parte de la revisión discográfica de la banda.

A continuación, un corte por disco, menos del Circus Maximus, porque no encontré un video oficial