Luego de una hiato de 9 años, Shelton decide volver por sus fueros y reanimar el nombre del “camino de la luz” (de acuerdo con él, ese es el oculto sentido del peculiar nombre de la banda).

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Su primer lanzamiento fue el Atlantis Rising, un disco conceptual de obvia temática y que es uno de sus trabajos más singulares y quizás menos logrado. El primer tema, Megalodon es un cruce extraño entre metal progresivo y algo semejante al black o algo extremo en el metal. A partir del segundo tema comienza una serie que gira temáticamente en torno al auge y caída de un mítico reino de la Atlántida. La aparición de una voz más gutural y el rol más omnipresente de una segunda guitarra son dos de los elementos más novedosos del álbum. El primero se desarrollará ampliamente en discos posteriores, el segundo es interesante porque se coloca no como telón de fondo de la primera guitarra sino porque es más bien su contrapunto, contraste con los solos, riffs y florituras de Shelton, autor de la grabación de ambas. Sin embargo, como retorno no es la obra aplastante y apabullante que alguien esperaría (como lo sería King of Hell para Helstar o Unexpected Fate Para Bulldozer, por citar un par de ejemplos) pero permitió a una banda aún con mucho que decir continuar en la carrera. Curiosamente pese a ser un álbum cohesionado por una historia es al final un disco poco compacto en su propuesta. Quizás gravite en esto el que en este punto Manilla Road era todavía más un proyecto personal de Shelton y que como banda aún no estaba consolidada de nuevo. Los dos mejores temas serían Sea Witch y Fligt of the Ravens, que quisiésemos que fuera más larga. March of the Gods también ofrece algo más.

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Para muchos, Spiral Castle (2002) es el verdadero retorno de Manilla Road. Con una alineación mejor definida y diferenciada compuesta por Bryan “Hellroadie” Patrick en las voces extremas, Scott Peters en la batería, Mark Anderson al bajo y obviamente Shelton en las guitarras y la voz tradicional. Encontramos en este trabajo todo lo que hizo memorable el nombre de la banda y más. Predomina el power pesado, y las atmósferas de su primer periodo, que se despliegan morosamente en acordes doomescos acompañados por la carismática voz de siempre y matizados por una vocalización extrema típica del death metal, única concesión al metal más contemporáneo. La imaginería de guerreros y brujas, heredada de la narrativa de Howard, se mantiene, incluso en el último corte, la instrumental Sands of Time, de tintes orientales. Se trata de un espléndido ejercicio de más de 7 minutos, un viaje en sí mismo completamente vinculado al rock progresivo en el que se emplean diferentes instrumentos infrecuentes en la tradición del metal, como son las congas, panderetas y violines. Otros temas a resaltar son Spiral Castle, Seven Trumpets y Shadow. Un disco con una propuesta arriesgada para los tiempos que corrían en el metal y que sale ganador.

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Gates of Fire (2005) es el siguiente trabajo en la sucesión de los discos (de Mark of the Beast hablaremos al final), para este, la banda cambió bastante de alineación, del bajo ahora se encarga Harvey Patrick y en la batería entra Cory Christner, permanece Byan Patrick a las voces extremas y claro Shelton en las guitarras y voz tradicional. Con respecto de Spiral Castle hay que decir que es mucho más veloz y eufórico. Debe ser por la vena enteramente épica que desarrolla. El disco está dividido en tres secciones: del corte 1 al 3 llamada The Frost Giant’s Daugther, inspirada en la historia homónima escrita por el malogrado Robert Howard; del 4 al 6, llamada Out of the Ashes inspirada en el clásico poema de Virgilio, La Eneida, que en mi opinión es lo más logrado con un corte de 14 minutos intitulado The Fall of Illiam; y finalmente la tercera sección llamada Gates of Fire inspirada en el episodio histórico de la resistencia y aniquilamiento de los 300 espartanos conducidos por su rey Leónidas en el paso de las Termopilas durante la Segunda Guerra Médica. Esta clase de trabajos son muy ambiciosos y en este siglo varios grupos han naufragado intentándolos, pero Manilla Road saben a lo que van y salen absolutamente victoriosos del reto, creo yo porque no se proponen ser grandilocuentes sino inspirarse en estos eventos para dar salida a su forma de expresión. Un detalle a tomar en cuenta es que en este disco, Bryan Patrick no solo canta en un estilo death metal sino que ensaya diversas tonalidades, que remiten al gran King Diamond, una gran tributo que funciona muy bien con la propuesta.

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El siguiente trabajo de Shelton fue Voyager (2008), un disco en el que ensaya inspirarse en una historia conceptual creada por él. Centrada en una temática nórdica, no es tanto el espíritu bélico de la Ilíada como el del viaje del retorno de la Odisea el que prima acá. Vuelven las melodías morosas y doomescas, pero no vuelve tanto el péndulo como con Spiral Castle, ya que entre los temas también hay presencia épica y sobre todo thrash. “Hellroadie” Patrick continúa con su rol en la voz extrema en la más pura e incondicional tradición del death metal. Yendo a los temas en sí, hay varios destacables, entre los morosos y pesados están Tree of Life, un corte acústico de 8 minutos que me recuerda a A Room with a View de Death Angel o a Return to Serenity de Testament, pero cuya verdadera referencia son los led Zeppelin setenteros. Otro de los acústicos es Eye of the Storm en el que se ensaya hasta algo de country, lo que es otro inesperado aporte en la música de la banda y que no le encuentro un antecedente, salvo quizás en aquel lejano y heterodoxo The Circus Maximus de 1992, en el tema Forbidden Zone. Entre los más veloces tendríamos Blood Eagle, que comienza con un órgano de iglesia muy sugestivo que desemboca en un thrash metal típico de discos como Mysterium y The Deluge de allá por los finales de los 80. Conquest es otro de esos temas, thrash directo como no se le había vuelto a oír a Manilla en más de una década. Se trata de un disco variado, con aporte novedoso a su carrera, pero a contrapelo de muchas de las propuestas, relativamente más simplistas, de la mayor parte del metal contemporáneo.

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En 2011, se lanza Playground of the Damned y era el último trabajo que había oído del grupo. Con una portada extraña para la tradición de Manilla Road (una especie de zombi) se trata de un disco musicalmente muy ortodoxo que va del tradicional power denso hasta el doom. Las influencias literarias siguen presentes, por ejemplo el tema Into the Maëlstrom está inspirado en el famoso relato homónimo de Edgar Allan Poe, y Fire of Asshurbanipal igualmente en una del infaltable y adorado Robert Howard (un día voy a escribir un post sobre los escritores que más han influido en el heavy metal y la valoración que reciben desde el campo de la literatura profesional). Musicalmente ambos temas son muy reseñables, el primero es bastante pesado y hasta doom como corresponde a la ominosa atmósfera del relato original; el segundo, acústico al inicio, desemboca en un sonido intimista y evocador, casi nostálgico, pero instrumentalmente eléctrico. El tema que da título a la placa es uno de los más interesantes, con cierto riff muy a lo rock alternativo de los años 90, pero que también recuerda a los últimos Maiden. Los sonidos más fuertes también aparecen, para eso están temas como Abbatoir de la Mort, que encajaría muy bien una especie de speed power con matices progresivos. El disco cierra con Art of War, un tema acústico acerca de la gloria de los caídos en combate y su recepción en el Valhalla, sin embargo la melancolía del planteamiento hace que más bien sintamos cierta injusticia en esto de las guerras.

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Mysterium (2013) es la última placa oficial de la banda y es dentro de la gira de promoción de este disco que la banda nos visita. El disco ha sido editado por Shadow Kingdom, que también ha relanzado gran parte de sus trabajos previos, en ediciones para coleccionista. La alineación que lo ha hecho posible tiene a Mark Shelton y a “Hellroadie” Patrick como miembros constantes, a Andreas Neudarth en la batería y a Joshua Castillo en el bajo. Este no es un disco conceptual, pero cada corte aborda los clásicos temas históricos, épicos y mitológicos habituales en la banda. La sorprendente y enérgica Stand Your Ground (con un solo espectacular en el clímax del tema) habla sobre la lucha por la defensa del suelo de los clanes escoceses frente a la corona inglesa. El tema Mysterium (de 11 minutos de duración) es sobre la enigmática desaparición de Ludwig von Leichardt en su viaje de exploración de la costa australiana en 1848. Por otro lado, The Battle of Bonchester Bridge y The Hermitage, son historias ficcionales inspiradas por un viaje que realizó Shelton a esos lugares.

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Además de esos discos editados en la época de su grabación, en el 2002, Manilla Road lanzó el Mark of the Beast, disco originalmente grabado en 1981 y que fue rechazado en ese entonces por la misma banda, al no serles satisfactorio el resultado final, lo que los llevó a editar en su lugar Metal. Durante años copias muy mal producidas circularon como bootleg bajo el nombre original, Dreams of Eschaton (un gran nombre sin lugar a dudas), sin embargo en 2002 se decidió remasterizarlo y lanzarlo con portada propia original y bajo un nuevo título, Mark of the Beast. Se trata de un disco más en la onda pesada de Invasion solo que con una tendencia mucho más progresiva, lo que le aleja del heavy metal pero no del buen rock. De hecho es considerado un gran trabajo y el momento de su lanzamiento, justamente por estar a contrapelo de las tendencias dominantes, lo convirtió en un disco muy respetado, algo que quizás no habría pasado si se hubiera editado en el 81 u 82, cuando el mundo del metal iba en la dirección opuesta.

Acá termina nuestra revisión, con sus errores y omisiones seguramente, pero que pretende dar un vistazo a una de las carreras discográficas más variadas, interesantes y a la vez desconocida de uno de esos gigantes ocultos del metal: Manilla Road, no te los pierdas este jueves 3 de julio en The Blood, junto a Omen, otra gran leyenda del metal.

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