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A comienzos de los 90 el death metal constituía la vanguardia agresiva del metal. El thrash languidecía en diferentes callejones sin salida, el heavy había alcanzado el estatus de sonido clásico y por ello mismo empezaba a fosilizarse y la revuelta black aún estaba a algunos años de distancia. En ese contexto, a las bandas norteamericanas Death, Obituary, Morbid Angel y Deicide primeros valedores del género les aparecieron al costado una nueva línea de bandas principalmente provenientes de Suecia. Fueron principalmente 4 grandes los que encabezaron aquel asalto: Entombed, Dismember, Grave y Unleashed. Luego de unos primeros lanzamientos realmente apabullantes cada uno se fue decantando por otras búsquedas pero fueron los Unleashed los que más fieles permanecieron al esquema del death metal clásico (aunque en el Victory quizás se apartaron un poco). De hecho toda su discografía es un verdadero monumento continuo al verdadero death metal sueco.

Luego de más de 20 años, estos viejos guerreros del metal extremo de la muerte siguen en la guerra y en gran forma. Ninguno de sus discos es malo, todos mantienen un nivel medio y alto, pero ahora con este Dawn of the Nine, de verdad han conseguido levantar la bandera muy alto. Tanto la estructura de los temas, como los cambios, el nivel de los solos de guitarra y los riffs son creativos, sorpresivos, inteligentes, virtuosos y equilibrados.

Uno de los riesgos de los álbumes de death metal es caer en el aburrimiento, algo que ocurre debido a lo esquemático del sonido de ese subgénero que no está sujeto a demasiadas variaciones sin perder su naturaleza, de allí que es necesaria gran pericia para mantener un producto de buena calidad artística y a la vez atractivo para el headbanger promedio oyente de death metal. De esa prueba salen muy bien parados. El disco se puede oír muchas veces seguidas disfrutando de cada momento, y Unleashed ha recobrado esta virtud. El último disco de ellos que disfrutamos de la misma manera fue Midvinterblot (2006) o quizás siendo más indulgentes el Hammer Batallion (2008), pero reconocemos que en As Ygdrassil Tremble (2010 ) y Odalheim (2012) no nos entusiasmaron tanto pese a sus innegables cualidades musicales, incuestionable ortodoxia y virtuosismo en las cuerdas.

Yendo a la música en sí, se trata de death metal con incursiones melódicas por parte de las guitarras en muchos momentos, pero sin perder la contundencia merced a la solvencia de la sección rítmica a cargo del bajo y la percusión. Si quisiera otrogarle una imagen es como una banda sonora no del fin del mundo sino del fin de la realidad (qué lástima que se use muy poco death metal para las películas). Cada vez que en los temas se entra en los solos de guitarra nos encontramos con verdaderos momentos inspirados gracias a Tomas Olsen y Fredrik Folkare, veteranos de hace muchos años en la banda y que conocen su oficio y que además esta vez han estado muy inspirados. Es una pena que no tengan la celebridad de otras hachas del metal. Por otro lado, la voz de Johnny Hedlund, cerebro de la banda desde sus inicios (estuvo en Nihilist antes de que se convirtiera en Entombed y se apartó para darle salida a su propia tendencia en su propia creación: Unleashed), está tan efectiva, cruda y original como siempre.

He querido destacar algún tema en concreto del disco pero todos son excelentes y contienen partes sencillamente emocionantes y agresivas. Si me fuerzan, les recomiendo la verdaderamente desafiante Dawn of the Nine, de lo mejor que han compuesto nunca en su vida (y que han compuesto verdaderos himnos) y también They Came to Die. Todos se oyen, sin embargo, muy bien y de verdad se desea darse de tumbos contra todos no importa donde estés, tiene aún la energía de la juventud (ya lejana) y la virtud instrumental que solo la experiencia otorga. Este disco está entre lo mejor que este año dejará el metal y desde nuestra perspectiva se erige en uno de los trabajos más emblemáticos de la excelente discografía de la banda.

En el plano lírico es bueno señalar que la historia contada en los temas continúa la del disco anterior Odalheim, solo que con un tercero en discordia extra.

Disco imprescindible para todo headbanger amante de los sonidos más agresivos y un nuevo alegato en favor de la vigencia del death metal clásico. Acá hay una banda que tiene mucho que decir aún y que no ha perdido su peligrosidad original.

Una muestra como de costumbre