La noche del sábado 19 fue el cumplimiento del concierto soñado por todos hace 25 años. En la primera mitad de los 90, la escena peruana, en concreto la limeña, se había deathmetalizado totalmente. Recordemos que aparte del insular concierto de Ian Gillan, todos los shows metaleros internacionales de aquel entonces fueron extremos, Sadism, Torturqer, Masacre (col), Sarcofago, Immolation, Monstrosity, pero faltaron los gigantes del death metal de entonces, y uno de los que tenía las mayores hinchadas entonces era Deicide. Un concierto de ellos en aquellos días hubiera sido apoteósico (en escalas undermetálicas). Pero lo del sábado fue un buen resarcimiento a tantos años de espera, pues
Deicide ofreció un concierto que puede calificarse de absolutamente profesional, pese a su relativa brevedad.

La primera impresión del escenario en la explanada del Festiva fue positiva. Aunque ya hemos visto varios conciertos en esa zona, siempre se ve muy bien, pues tiene justo el tamaño y la altura apropiados para el recinto en el que se encuentra. En esta ocasión además se veía una pantalla gigante de fondo en la que se veía escenas del próximo show de PMC Airbourne y Ratos de Porao. Al acercarnos, podíamos apreciar los poderosos amplificadores Marshall perfectamente micrados y la batería principal que sería usada por Deicide; al lado izquierdo, una más pequeña, la destinada para la banda de apertura. Me pareció algo raro en la medida en que en los últimos shows se ha estado prescindiendo de esa diferencia al recurrir a dos baterías en paralelo o a una sola para todas las bandas, aunque sean extranjeras. En todo caso, un escenario profesional con una valla de seguridad muy firme. Algo que sería necesario puesto que ya se había filtrado que se habían vendido casi todas las entradas y se esperaba un lleno.

El show comenzó muy puntualmente pues estaba pactado que Anal Vomit comenzara a las 8:30 y solo 8 minutos luego de esa hora ya comenzaban los estragos del crédito nacional. Anal Vomit es uno de los grupos peruanos más reconocidos fuera del país y una vez más ha demostrado por qué. Su música es simplemente asesina y con el respaldo de buenos equipos de sonido, como fue el caso, se manifiesta todo su poder. El asalto comenzó con Gods of Perdition de su ya lejano From Peruvian Hell. Tema que ha mantenido su primitiva fuerza. Continuaron con Tormented by the Ghouls, de ese mismo trabajo. Después de toda esa tormenta sonora, bajaron algo las revoluciones por un momento con la entrada de Escupe la Cruz, de su disco Depravation. Aunque al poco rato ya andábamos oyendo todo de nuevo a gran velocidad. En estos momentos es cuando uno se queda admirado de la destreza de un baterista como Joe Hoyle, un joven que desde que entro en la banda le ha dado una renovada energía. El hombre tiene una técnica impresionante, incluso para un neófito como yo en todo lo que es técnica musical, simplemente es asombroso ver su forma de tocar que pareciera (solo pareciera) no le cuesta nada.
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El siguiente tema era extraído de su más reciente disco, Peste Negra, Muerte Negra, que les valiera el año pasado ser reconocidos como mejor banda de metal del Perú en la premiación Generarock, Brebaje de Muerte. El nivel técnico de este tema es superlativo. Con muchos cambios y redobles. Por momentos me recuerdan las viejas raíces grindcore de la banda. Pact to kill continuó la sesión, y aunque cuando la banda comenzó a tocar aún había poca gente en el recinto como a la mitad de su show ya se iba nutriendo más de público. Gente de ayer y de hoy de la gran familia metálica nacional ya pululaban por el local. Nos encontramos con el Búho de Deicidios, que nos invitó al Festival el Bosque, de metal extremo en Ayacucho, dos días de muerte y violencia extremas. Tomamos nota.

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La presentación de Anal vomit entraba a su tramo final marcado por los temas A Savage fornication, Narcomatanza, y Kingdom of Cruelty. Casi para terminar ejecutaron en una versión algo más rápida de Maze of Torment, de Morbid Angel y cerraron con su clásico Sendero Siniestro. Tema perfecto para finalizar su actuación.

Eran casi las 9:30. Deicide estaba programado para las 10:30 y pensamos dar unas vueltas por el recinto. Había un stand de Moshpit con excelentes parches, polos y algunos discos. Nos dimos un salto por el puesto de comida. No había mucho, pero lo que había era bueno. Los chorizos de primera, unas pizzas pequeñas y sencillas que me recordaron las que se venden en la Argentina en las panaderías. Conversando con los organizadores me alcanzan algunas ideas. Lo que considero un acierto definitivo es el solo presentar dos bandas, una peruana y la banda central. Eso es necesario con shows de este tipo: no son para dar a conocer. A estos eventos la gente no viene a conocer bandas nuevas o a futuras promesas, viene a disfrutar de lo que ya conoce. Anal Vomit está suficientemente acreditado en el estilo durante discos, giras y repercusión como para abrir para Deicide. Por ahora es suficiente.

A eso de las 9:40 ya veíamos a Glen Benton empuñar su bajo y subir al estrado apurado por tocar. Así que unos 11 minutos antes de las 10 comenzó aquello por lo que habíamos esperado por tantos años: Deicide tocando en Lima. Al lado de Benton subieron Steve Asheim, el otro histórico de la banda y los guitarristas Kevin Quirion y Mark English, las piezas del siglo XXI.

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El show arrancó con Scars of the Crucifix, un tema ya antiguo aunque no dentro de sus discos iniciales. Lo primero que estoy seguro que el público quiso constatar era el estado de la voz de Benton y se puede decir que está casi idéntico a lo que podíamos oír en los álbumes de los primeros 90. Tanto la voz grave gutural y mascullante, que parecía un gorgojeo extremo, como la otra más aguda de los chillidos que se intercalan por momentos. Lo que por supuesto llenó de satisfacción a la ya enfervorizada multitud, que notamos ya estaba dentro del show. El siguiente tema estuvo entre lo más esperados When Satan Rules this World, del Once Upon the Cross con esas machacantes marchas death metal y los solos de guitarra que se iban intercalando. In the Minds of Evil de su último trabajo continuó la descarga, luego de que Glen indicase “por fin acá”. La verdad no se comunicó demasiado con la gente. Y acá se hizo evidente algo. Estos son absolutos profesionales del metal extremo. Lo ejecutan con un gran nivel y no dan menos que eso. Pero a la vez es un trabajo que ejecutan con cierto automatismo.
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El Once Upon a Cross volvió a ser citado con They are the Children of the Underworld, la gente reaccionó con violencia. El mosh hace rato que era espectacular. Adelante nos aplastábamos. El sonido era atronador. Death to Jesus continuó con el despliegue de la violencia death metal recibiendo la aceptación del público, hasta que llegó uno de los clásicos de los clásicos de verdad: Oblivious to Evil de su primer trabajo. En este tema la gente ya empezó a vivirla más. Esto se acentuó con Trifixion, del Legion, en mi opinión su trabajo más logrado e inevitable pilar de la historia de todo el metal. La ejecución fue casi impecable, ahí noté algo, aunque los guitarristas son excepcionales y la batería es exacta, Benton no toca las notas completas. Cuando el tema acelera, tramita el acorde de manera directa y deja que el tema siga. No hubo mucho tiempo para reflexionar, comenzó Mephistopheles, otro clásico incontestable, de la banda, del death metal y de la música. La performance vocal precisa y mortalmente preciosa. Los coros de Kevin Quirion no se escuchaban demasiado pero sí lo suficiente para profundizar y contrastar a Benton.
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La matanza continuó con Serpents of the Light y Blame it on God, del que fuera su último disco clásico, editado en 1997. Dead but Dreaming nos devolvió al Legion y otra vez quedó claro que sus dos primeros discos son los favoritos, pues la gente cantaba las letras de memoria. De tanto en tanto Benton dirigía algunas palabras al público, en realidad casi todo lo que dijo fue breve y bastante genérico. En un momento recibió la bandera peruana con el nombre de la banda escrito. La mostró al público por casi 5 segundos, antes de lanzarla a uno de los guitarristas quien a su vez la colocó en una maleta abierta que estaba en el escenario, mientras comentaba que iría a adornar la sala de ensayo del grupo.

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Once Upon the Cross y Kill the Christian marcaron el inicio de la recta final del show. A los pedidos del público con clásicos de antaño, respondieron ejecutando Deicide cuyo coro fue acompañado en masa. Sacrificial Suicide siguió con el ataque de los temas aurorales, y este a su vez, sin corte intermedio, desembocó en Homage for Satan que ya representa otra época de la banda. Nos acercábamos a una hora de presentación y se sentía que faltaban muchos temas más, pero esa no era la opinión de la banda. El último de la noche sería el aclamado Death by Dawn. Todos gritamos entusiasmados y el mosh que se había formado creció en intensidad. Sin embargo ya sabíamos que estábamos ante el final.

Efectivamente a la hora de haber comenzado, se extinguió la primera presentación de Deicide en nuestro país. No se puede negar que fue un show intenso, con una presentación impecable a nivel de ejecución, pero cuya mayor fuerza devino de la vivencia misma del público que por fin tuvo a la banda delante tocando. No hubo encore ni más temas, ni volvieron a subir al escenario para nada. Lanzaron púas, el set list, agradecieron por unos momentos y chao. Era evidente que querían tramitarlo todo rápido. La impresión de la gente era tan grande que por casi media hora casi nadie salió del recinto comentando lo que acababan de vivir.

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Definitivamente lo mejor de la organización del show fue el sonido, que estuvo brutal, con ambas bandas y de una notable calidad, al día siguiente no tenía ni un pitido leve pese al volumen con el que estuvo; y también la puntualidad del evento. Que sean solo dos bandas, además, permitió que el público no acabe “matado” antes del acto central.
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Lo que se debe mejorar es el tema de la iluminación. Se está notando cierta dejadez en el manejo y despliegue de esta. No es que las luces sean malas, simplemente no son usadas en todo su potencial, por ejemplo casi toda la noche estuvo alumbrada con luz roja, como si fuese algo automático. Ponerla tanto rato anula el efecto salvaje que ese color tiene. Además, es necesario que se vuelva al uso del cañón de luz, que hace ya buen tiempo que solo vemos en los grandes conciertos tipo Megadeth o Metallica. Mis amigos fotógrafos me comentaban que sin cañón de Luz se pierde demasiada iluminación y que incluso fotografiar a los artistas se torna problemático pues al no existir luz directa sino solo reflectores laterales y cortadoras se forman muchas áreas de sombra en los rostros. Hay que tomar esta idea, viene de profesionales e iría en provecho de un mejor espectáculo.

En torno a las bandas, como ha quedado claro, ambas fueron profesionales en todo el sentido de la palabra. Algo muy bueno es que no se vio a la banda nacional como algo menos que la extranjera. El nivel en ese sentido estuvo muy equilibrado. Quizás un poco más movilidad durante el show no estaría mal de parte de Anal Vomit. En cuanto Deicide, ya dijimos lo más importante, técnicos casi impecables (ya anotamos nuestra observación sobre Benton), pero faltaba más pasión en la ejecución. Es su chamba pero un poco más de furia real no estaría de más, aunque se entiende que en una gira bastante larga y luego de tocar varias noches seguidas se cansen.

En cuanto a la asistencia, no tengo una cifra oficial pero el local se veía casi lleno así que debe haber pasado las 700 personas al final del show. Ojalá tuviéramos marcos así con otros shows. Aunque no todas tienen la convocatoria de Deicide, en particular pienso que ha habido conciertos en Lima que merecieron tanto por calidad como por la banda una mejor asistencia (Graveland, Mortem, Acheron).

Agradezco especialmente al fotógrafo y metalero Ricardo Choy Kifox por las imágenes magníficas que acompañan esta nota y a los organizadores especialmente a Paul Almonte por haber hecho posible este show y dar las facilidades para la cobertura.

Comienzo del concierto