ArmoredHunter

La vida del metalero está hecha de estos momentos de completa felicidad, que no tienen por qué ser maratónicos. A veces menos es más y podría ser este el caso. La noche del martes 5 de junio tuvimos una relativamente corta pero potente dosis de auténtico heavy metal. Se presentaron Blizzard Hunter de Perú y Armored Saint de los Estados Unidos. Más de tres horas en total, pero qué tres horas. En esas he gozado más que en varios shows de 10.

La noche comenzó a las 9 en punto con unos Blizzard Hunter llenos de energía luego de su auspiciosa presentación en el Evil Confrontation III de Chile, muy elogiada por la prensa sureña, y con la consolidación de su actual guitarrista Ramón Lau que ha entrado en lugar del gran Toño Rojas. Sebastián Palma, el vocalista, señaló casi desde el inicio que su show estaría centrado en temas nuevos prontos a aparecer en su siguiente EP.
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La banda se posicionó con solidez en el escenario y como es costumbre Sebastián se comió al público con su carisma y talento. Es bueno ver cómo un grupo domina el escenario y dialoga con la gente incorporándola a su presentación. En nuestra escena solemos ser muy tímidos. En ese momento aún no estaba ni la tercera parte del público que llegaría a entrar luego y la mayoría se encontraba mirando desde atrás. Sebastián les pidió que se acercaran, “hay amigos acá”, les dijo y consiguió que algunos se acercaran más. Una a una fue presentando las canciones del breve repertorio. Los temas tocados fueron I’m on my Way, como parte de sus clásicos, los nuevos fueron Outrage, My Sinister Ghost, The King of Raging Steel y Battlefield (espero haber captado bien los nombres) para cerrar con su ya clásico Heavy Metal to the vein. Mientras los ejecutaban, incitaban al público a que aplaudiera y coreara. Los temas nuevos estuvieron estupendos, mucho más épicos y ambiciosos que los que ya han hecho conocidos. Además se nota que su actual guitarrista, el ya referido Lau, se ha acoplado muy bien y maneja una técnica muy sólida. Esperamos con ansiedad sus nuevos lanzamientos.
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Hay que destacar que Sebastián no solo tiene una voz impresionante sino que ha logrado dominar el exceso de movimientos de hombros que le notábamos un par de años atrás. Las patadas voladoras sí siguen igual, pero quedan bien. La banda, además, luce profesional pues emplea atuendos específicos para su presentación muy acordes con la idea heavy metal medieval y guerrera de las letras y el concepto que manejan.

Alrededor de las 10:20 subió el santo armado al escenario. Comenzó el despliegue de una de las más estilizadas y sofisticadas bandas de heavy metal de los Estados Unidos. Los presentes, verdaderos hinchas de su carrera desde los 80 (o desde que la conocimos, no todos estaban suficientemente grandes en los 80) esperábamos un nivel notable, sin embargo pese a lo alto de la expectativa a todos deslumbró la potencia, precisión, calidad y profesionalismo del que hicieron gala.
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Como si se tratara del más importante show de sus carreras, Armored Saint salió a entronizarse no ya como los grandes que son, sino como de lo mejor que se ha presentado en estas tierras. Nada de poses de divos ni de sentirse sobrados ante una audiencia que, grande o chica, ha ido por ellos (toma Malón). Y así con esa grandeza que nace de la convicción de saber que lo que haces es bueno y a la vez de la humildad y realismo de entender que eres reconocido porque a otros le gusta lo que haces y lo valoran, Armored Saint hizo suya la noche.

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Los discos se intercalaban, recientes con clásicos. Así comenzamos con Win hands Doom, tema que abre su homónimo último trabajo, de hecho el mejor desde Symbol of Salvation, para dar paso a March of the Saint, de su debut larga duración de 1984, ejecutada con una energía que deja atrás la grabación original quizás demasiado suavizada entonces.
Bush, que no es muy alto en realidad, lucía como un gigante, se recogía sobre sí mismo y nos deslumbraba con una potente vocalización, una apertura de boca y un notable apoyo en su cuerpo. Los guitarristas, Phil Sandoval y Jeff Duncan, caminaban de extremo a extremo tocando con precisión los acordes de cada uno de los temas. Así siguieron soltando Tribal Dance (una de mis favoritas), After me the Flood, Nervous Man, Last Train Home y así hasta llegar a Symbol of Salvation, una de las más coreadas de la noche.
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Es impresionante la forma en la que Bush se conectaba con el público, interactuando y comentando con él. Sin necesidad de dominar el idioma, nos pedía aplaudir, hacer ruidos de pecho para marcarle el compás. Hacía comentarios, numerosas veces señaló que era la primera vez en Lima y que nos daba las gracias. Señaló que le sorprendía la actividad de Lima, que siendo martes hubiésemos ido tantos y que hubiese tanto movimiento en las calles (de verdad sorprende, las demás ciudades no suelen ser tan activas en día de semana, ni Santiago ni Buenos Aires, por ejemplo). El público reconoció la entrega y entre tema y tema se coreaba su apellido, Bush, Bush Bush, o el Ole Ole Armoooooredsaint. Muy energético.
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Por su lado Gonzo Sandoval se constituía en el firme apoyo no solo a nivel rítmico sino en lo que concierne a presencia, pues pese a que no hablaba con el público la forma violenta y contundente de tocar la batería hacía que todo su entarimado trepidara y en varios momentos se requirió la presencia de técnicos que reajustaran los parantes y otros elementos que empezaron a caerse a su alrededor. Algo que el buen Sandoval tomaba con seriedad pero sin molestarse. La gente de apoyo estuvo atenta. Mess, Aftermath entre otros marcaron el trayecto hacia Reing of fire, uno de los momentos más esperados de la noche. Cuando finalmente llegó el alrededor de dos centenares de personas que ya estábamos estalló en euforia. Extrañamos Rising Fear y Dropping Like Flies, pero no se puede pedir todo en una presentación de dos horas. Será para la próxima.

La noche tuvo un broche especial para la audiencia. Bush, como hicieron hace medio año sus colegas de Anthrax la víspera del partido final de la clasificación al Mundial de Futbol, se vistió con la rojiblanca, en concreto con el 9 del capitán Paolo Guerrero, solo que llevaba el nombre de Bush. Así cantó Madhouse (la de ellos) y cerró una poderosa y poco igualable noche.
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Si bien es cierto al principio había el temor de que quizás no demasiada gente asistiría, la verdad es que para el momento del show de Armored Saint había una congregación nutrida que, sin abarrotar el local, lo hacían lucir bastante lleno y continuaron llegando hasta comenzada la actuación de los santos. Al final hubo un aceptable marco de público. Eso es excelente (algo semejante ocurrió con la presentación de Mortem el domingo 3 a la que habrán asistido casi 300 personas, parece que algo ha movido el artículo sobre las pobres asistencias, quizás comienza a revertirse la tendencia).

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Felicitaciones a la gente de PMC por realizar otro (¿ya van cuántos?) excelente show de metal. Puntualidad y profesionalismo. Excelente el sonido de Paul Alan Pinto, cada vez mejor.

Las excelentes fotos que acompañan el artículo son de mi hermano del alma, Ricardo Choy Kifox.