BALANCE DEL METAL PERUANO EN EL 2018, UNA RÁPIDA REVISIÓN

Un año más ha pasado y el metal sigue persistiendo en el Perú, un metal al filo de la navaja pero a la vez una escena que se resiste a morir y que más bien, frente a la adversidad e indiferencia de propios y extraños exhibe signos de una rara vitalidad. A continuación, mi apreciación de lo que he visto en nuestro medio en este 2018.

- Lanzamientos discográficos
El metal es ante todo (pero no solo) música y la música vive de la creación y este año tuvimos bastantes lanzamientos de diversa calidad pero en el que se han destacado varios por ir sobrados de ella. Así que señalaré los más interesantes (se entiende de lo que he oído que no es todo, lamentablemente).

1. Despondent Chants – The Eyes of Winter – Thrashirts
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Si tuviera que elegir el mejor disco del año en metal mi voto iría a este soberbio trabajo doom de los cuzqueños Despondent Chants. Un disco que tanto a nivel compositivo, como de producción y presentación se ha destacado pronto como una de las mejores realizaciones en la historia del metal peruano en cualquiera de sus manifestaciones.

2. Oxido – Oxido 1 – Independiente
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Esta es la mejor colección de canciones que nos ha dejado este año y aunque hay que considerar que estas composiciones tienen en realidad tres décadas y representa por tanto el estado de la cuestión del rock y el metal de la primera mitad de los 80, no es menos cierto este disco se ha grabado en nuestro tiempo y es ahora que se hace público. Excelente trabajo de estos pioneros y ojalá pronto tengamos una nueva selección de temas. Además no hay que dejar de reivindicar que es un rescate de nuestra memoria metálica nacional.

3. Tunjum – Deidades del Inframundo – Dunkelheit
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El trabajo de metal extremo que más me ha impresionado este año, por su concepto y por su realización. Enmarcado en el death metal de corriente sudamericana, pero con una atmósfera black que impregna toda la realización, Deidades del Inframundo fue de las mejores noticias del metal peruano este año. Esperamos tener noticias pronto de este nombre que está conquistando su lugar en la historia de nuestro movimiento.

4. NMK – Ravenous Spectre – Independiente
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En la vena más internacionalista del metal peruano, este proyecto liderado por Nathalie Markoch es el más interesante. Apuntando hacia un trabajo que fusiona el death metal melódico con elementos heavys y power aunados a una producción moderna masterizada en los Fascination Street Studios de Suecia, este disco es el que más posibilidades muestra con miras a la internacionalización.

5. Hamadria – Reina Azul – Independiente
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Sin remontarse tanto atrás, este es un caso como el de Oxido en el que una banda que apenas tenía alguna grabación previa pero una buena base de seguidores consigue por fin poner sus temas en un formato perdurable. Reina Azul tiene además un potencial comercial que puede permitirle alcanzar el gran público y servir de entrada a muchos nuevos fans del metal en las nuevas generaciones.

En el apartado EP’s, Gran Náusea es una buena credencial para la iniciativa de Adrián del Águila, vocalista de M.A.S.A.C.R.E. llamada Miserable. También es meritorio el trabajo de la banda thrash Anikiller con Ritual de Aniquilamiento.

- Conciertos y shows

Sobre el tema de la asistencia hablaremos luego. Este año estuvimos sobrevisitados (aun por encima de nuestra capacidad de absorción como escena) por muchas bandas en gira, además de los shows locales de interés que se han multiplicado debido a la enorme cantidad de bandas en activo.
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En el rubro conciertos internacionales, el tope fue la llegada de Judas Priest por primera vez al Perú, un evento que desde una perspectiva histórica reviste más importancia que una visita de Metallica o Iron Maiden. Esto se debe a la prioridad de Priest en el movimiento metal mundial y a lo extraordinario de su vigencia y calidad (solo Iron Maiden podría comparársele en la vigencia, Metallica hace mucho que abandonó nuestro barco). Judas Priest brindó un show genérico para ellos, pero extraordinario para nosotros. Es uno de los momentos cumbres de la metalicidad de un headbanger.
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También vivimos una seguidilla de festivales multibanda que tuvieron variado resultado. Básicamente 4 fueron los más destacados. Abadon II, Rock and Heavy III y IV y Lima Metal Fest III. El primero fue quizás el más interesante para un conocedor en profundidad del metal que desea ir más allá de su superficie ampliamente explorada pues el cartel era increíble. Nasty Savage, leyenda absoluta del metal (escasamente conocida por estos lares) precursores del metal extremo y con una originalidad que incluso en su época fue poco comprendida. Atrophy, banda legendaria del thrash metal norteamericano de los 80, que con solo dos discos se convirtió en un referente para cualquier amante del subgénero. Inquisición, sin reservas la mejor banda de heavy tradicional de Sudamérica y Warpath, pioneros del thrash técnico y primera banda extranjera en tocar en Perú allá en los 80. Acompañaron los nacionales Sepulcro y Pesadilla (no conocía esta banda y me gustó bastante) y Massive Attack de Chile. Lamentablemente el resultado en público fue decepcionante, pese a que la producción del evento superó largamente su antecesor, Abadon I.

El primer Rock and Heavy del año tuvo un éxito resonante en ese momento y fue ampliamente comentado. La presentación de Hirax Y Malón eran sus principales cartas, así como una nueva visita de Grim Reaper. Al parecer Hirax la rompió y volvió a encantar a todo el mundo, Malón decepcionó de mala manera por su injustificada arrogancia y desubicado sarcasmo y Grim Reaper reafirmó su lugar de leyenda.

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El Lima Metal Fest III comenzó con muchas dudas. Un megafestival ambicioso ahora se trasladaba a un local mucho más chico pero también más realista para su esperada convocatoria, la cercanía de otros eventos (fue un par de semanas antes del concierto de Priest) y un cartel que sembraba dudas, en el que solo tres nombres se destacaban, Fates Warning, leyenda del metal progresivo (en un país casi sin tradición de metal progresivo); Dark Funeral, leyenda del black metal, un género reconocido por su vocación underground (real o supuesta, pero reconocido por ella) y Masacre la gran leyenda del death metal colombiano y con una especial importancia para nuestro movimiento por su temprano show de 1992. La inclusión de grupos como The Agonist cuya propuesta no es del agrado de la escena local y que carece de una base de fans en nuestro medio, así como de muchas bandas desconocidas y sin trayectoria destacada, más allá de su calidad, que varios demostraron (me quedo mucho con Resistance, enorme banda) hacían pensar en un estrepitoso fracaso.

Sin embargo, merced a mucha publicidad, a un manejo profesional del show y a un nombre ya ganado, se consiguió sacar adelante un espectáculo memorable (mas no parejo) en más de un sentido. 20 horas de metal sin parar en dos escenarios. En sí mismo un gran logro.

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El Rock and Heavy 4 fue en realidad la forma en la que se presentó la gira del Metal Singers que reunió a Udo Dirkschneider, Blaze Bayley, Andre Matos y Doogie White. Una forma inteligente de traer varias discografías con el coste de una banda, o casi. Muy bien y el evento fue estupendo. Cada uno interpretó un set relativamente corto, de 5 a 8 temas. La mejor performance fue la de Doogie quien es el que se encuentra en el mejor estado vocal de los 4, brillante la verdad, aunque sus trabajos no son de los más reconocidos. El más aclamado, Udo, cuyas interpretaciones de Accept llegan directo al corazón del headbanger de los 80. La decepción fue la de Matos, que evidentemente está muy lejos de sus mejores épocas aunque tuvo el coraje de atreverse con una versión de Painkiller. Eso sí: mucho carisma. Bayley tal vez era el más emotivo. Su carrera personal y entrega a su trabajo se ha ganado el respeto de los metaleros de todo el mundo, más allá de las aversiones que suscitó originalmente cuando ingresó a Maiden. Hoy su trabajo ha alcanzado un notable reconocimiento. La banda nacional que acompañó fue Mandragora, que dio una presentación interesante pero aún con altibajos.

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En el apartado de shows internacionales de una sola banda (o dos) hubo tantos que es difícil enfocarse sin olvidar alguno. De los que vi, me gustó en particular el de Armored Saint. Una agrupación que se encuentra en gran nivel, y cuyo último trabajo es excelente. Además en el concierto lucieron muy concentrados y entregados a su actuación. El otro show que disfruté fue el de Merciless, la verdad temí que fuera una cantidad reducidísima de público, pero quedé sorprendido, la respuesta fue muy buena. Al final la cantidad para una banda underground que lleva más de 15 años sin disco nuevo en el mercado la asistencia no anduvo nada mal. Otro concierto que llevó mucha gente y que debe considerarse un éxito en asistencia (al que no fui) fue el de los hermanos Cavalera, ex miembros nucleares de Sepultura en su época gloriosa, y que dieron un show centrado en sus clásicos Beneath the Remains y Arise, aunque tuvieron que, lamentablemente, tocarse temas del Roots. Qué tan honesto es un show de personas que voluntariamente se alejaron del metal es una pregunta que al final no incomodó a nadie, menos a los autoproclamados trues que abarrotaron el Festiva.
Bien por ellos si lo disfrutaron. Hubo más shows reseñables por supuesto, como el de Napalm Death con Cannibal Corpse y el de Mayhem, o el pequeño pero potente show de Wolfbrigade. No hay que olvidar la vista de Uli Jon Roth, un show para el primer mundo, que pasó por acá.

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Mortem 2018
En lo que concierne a los shows estrictamente nacionales este fue el año del 30 aniversario del Ataque Metal que de nuevo reunió una gran variedad de propuestas nacionales de diferentes épocas. El show estuvo técnicamente bien producido pero no contó con un marco de público suficientemente grande. El concierto del 20 aniversario del The Devil Speaks in Tongues, el más exitoso de los trabajos de Mortem, estuvo bastante mejor en un espacio más pequeño. Con esto confirmo que Mortem es una de las pocas bandas nacionales con convocatoria de público sólida en nuestro medio. El 30 aniversario de Armagedón también estuvo bastante bien, con un final lleno de invitados que se prolongó por toda la madrugada y que se convirtió en un show entre amigos con bandas clásicas y modernas. En el campo del black metal se destacó el Obscure(s) and Pagan Blasphemies from the South, primera edición de un festival realmente extremo que apunta a fortalecer y crear una sólida escena nacional de black metal con nombres locales. Excelente la idea de su promotor Mario Adamastor y muy buena la acogida que demostró que hay un espacio por llenar en esa parte del metal. En el campo de la versión pesada del metal el concierto de presentación del disco de Oxido también fue interesante. En la parte final del año se destacó el concierto de aniversario de Cuero Negro, con excelente sonido y una buena estrategia para lograr que ingrese más público.

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Las bandas locales que están ganando en presencia son Hamadría, Contracara y NMK, tres bandas que tienen vocalistas femeninas, una buena noticia para el metal que se enriquece con la presencia protagonista de mujeres, algo que en nuestro periodo formativo y clásico apenas y existió. En el campo extremo, Wrath y Hell Trepanner también están escalando posiciones.

- Problemática de la escena peruana
Este fue el año también en el que los problemas del metal local hicieron crisis. Curiosamente en medio de una explosión productiva de discos de buen nivel y una cada vez más obvia mejora en el profesionalismo de los shows, además de constantes conciertos nacionales e internacionales, se da también una persistente, aunque intermitente, baja concurrencia a conciertos, sobre todo (pero no solo) de bandas locales. Eso no es universal, conciertos como el de los Cavalera o el Rock and Heavy III estuvieron muy concurridos, aunque no se puede decir lo mismo de un show de la importancia de Judas Priest, que aunque no estuvo vació ni mucho menos, debió convocar el triple de asistencia. Eso hizo que el primer tercio de este año muchas voces se alzaran clamando el fin del metal peruano, o por lo menos de su decadencia y pronta extinción. Personajes de la escena me dijeron que el metal peruano ya estaba como la música criolla, puro viejo. Incluso esto motivó un polémico artículo de este blog, que creo que al final contribuyó con respuestas y acciones de diversa índole, para paliar y revertir esta situación.

El metal nacional es una cultura viva, llena de polémicas y diálogos internos. Su propia constitución interna como parte a la vez de la cultura peruana y universal lo vuelve siempre un terreno de conflicto. Nunca tendremos el metal que cada uno quiere y al final todos queremos al metal. Seguimos creando, seguimos en diálogo abierto con el resto de la cultura nacional aunque está en general nos ignore (aunque no tanto ya). De hecho una buena noticia es que este año cierra con la publicación del primer libro histórico del metal peruano de autoría doble entre Pino Risica Carella e Ignacio López Ramírez Gastón, que será un trabajo pionero en la investigación. Y el próximo año se vienen más libros y artículos.

Una frase que se repetía en la vieja escena metal era “tú eres tu escena”. Si queremos que el metal siga evolucionando como una parte sana y productiva de la cultura debemos participar de corazón en su fortalecimiento, en primer lugar conociéndolo y difundiéndolo. En un país azotado por bajos niveles de comprensión lectora, invadido de cultura chatarra, ahogado en la basura sonora del reggaetón, tiranizado por los medios de comunicación que solo ofrecen una y la misma opción empobrecedora, el metal es parte del oasis de la diversidad y una puerta abierta el resto del arte, por ello debemos hacerlo conocer a las nuevas generaciones. En segundo lugar y en la medida de nuestras posibilidades apoyemos los conciertos, compremos los discos, comentemos los videos, adquiramos los fanzines y ejerzamos la crítica razonada (no el “maleteo”) Resumerjámonos en el metal y hagámoslo nuestro y universal.

El metal aún tiene mucho que decir, hermanos.