EdelM

Con profundo interés y concentración he leído Espíritu del Metal La conformación de la escena metalera peruana (1981 – 1992). Como bibliómano contumaz pocas cosas me generan tanto placer como leer, la otra es escuchar metal, y me interesa mucho leer sobre la música que me apasiona. De hecho he leído libros testimoniales y académicos sobre el género y sus subdivisiones. Por supuesto, echaba en falta la existencia de textos extensos y sistemáticos sobre la historia del metal peruano, escena a la que he pertenecido toda mi vida desde la adolescencia. Así que sumados ambos intereses pues era obvia la avidez con la que devoré el texto de Pino Risica Carella (ampliamente conocido como editor de Cuero Negro, hito importante en la difusión del metal peruano) y José Ignacio López Ramírez Gastón, (profesor de la Pontificia Universidad Católica del Perú, Conservatorio Nacional de Música e investigador), autores del libro.

Se trata de un ensayo pionero a caballo entre lo académico y lo informal que pretende dar cuenta, sumariamente es verdad, de las circunstancias y el trayecto de la primera o primeras escenas metálicas en nuestro país, esencialmente en Lima, aunque hay alguna digresión hacia algunas otras ciudades. Todo esto salpicado por apuntes de orden teórico social y musicológico que buscan explicar y desentrañar algunos sentidos profundos en el plano de lo que significó este movimiento para la cultura nacional y la perspectiva que se ha construido sobre el mismo.

De hecho, lo más interesante del texto son ciertas líneas interpretativas motrices, valiosas en sí mismas más que por su originalidad por ser por primera vez expuestas por escrito en el formato perdurable del papel. Esa es siempre la ventaja de los pioneros. Una de las centrales es la idea de que el metal nacional ha sido soslayado, sobreseído, esquivado por las diversas voces que componen la memoria del discurso de la cultura nacional debido a su incapacidad para asumirlo dentro de algún discurso nacionalista o de alguna perspectiva instrumentalizable ideológicamente. La academia de las ciencias sociales, antropólogos, sociólogos y otros, no han reconocido en él un discurso político de izquierdas con el que son afines, algo que sí hicieron con otras escenas subterráneas, a las que ensalzaron. Los nacionalistas más tradicionales, a su vez lo encontraron extranjerizante y alienado, cuando no, peligroso. Ambas perspectivas se habrían confabulado para silenciar oficiosamente la historia del metal local. Esta intuición la considero absolutamente válida y poco rebatible.

Otra idea motriz importante es la aclaración esencial y metodológica de que señalar al rock subterráneo como un género en sí, como ha pasado acá en el que se ha convertido en el nombre propio de las bandas de inspiración punk, como Leuzemia o Zcuela Crrada, es un error de dimensiones colosales. Subterránea es una forma de producción de la música que fluye por cauces paralelos y autogestionarios (que se distinguen de la producción industrializada) y en la que caben todos los estilos que se realicen mediante ella, no un género musical por sí mismo. Esto es en sí un valioso aporte que pone los puntos sobre las íes desde el comienzo. Desde esta perspectiva el metal peruano, incluso el de impronta más comercial como pudo ser el trabajo de Sacra, Orgus u otras bandas de heavy metal tradicional, se sitúa dentro de una escena al final de cuentas subterránea. Condición que, el texto señala, ha persistido y que reivindica como un logro, una conclusión con la que no necesariamente coincidiría.

Es valioso también el intento de analizar las contradicciones al interior de la comunidad metal una vez constituida esta, mediante los conflictos ocurridos en la escena y luego en la Gran Horda Metallica (sic) del Perú, así como las divisiones a que dio lugar pues es sintomático al metal esa búsqueda de la pureza de la pertenencia que tanto le caracteriza incluso hoy y el constante estrellarse con la realidad “impura” que suele prevalecer. Pese a que el libro señala como tope 1992, al parecer su análisis se detiene en 1990, más allá de algún comentario periférico. Las ideas motrices se analizan hasta allí.

Finalmente me ha gustado la idea de “conversación” que se emplea en el texto recurrentemente, y que sería el realzamiento de la idea de diálogo y la dinámica de la mutua construcción del otro que existe en toda relación. Esta noción abre puertas interpretativas que dan a paisajes muy ricos de significado. Su aplicación al metal nacional tomando en cuenta las problemáticas relaciones que tenemos entre los peruanos puede ser muy provechosa.

Sin embargo, el problema fundamental con el libro es que el tratar de ir a medio camino entre lo académico y lo “conversacional” hace que al final se echan en falta análisis más puntillosos y precisos que solo se quedan en el apunte, en la explicación directa sin más y a veces solo en la mención. Considerando la brevedad del libro (134 páginas chicas de lectura efectiva) no puede aducirse problemas de espacio o que el texto ya era muy largo. Esto también lleva a una notable avaricia en las notas de pie de página, que remiten básicamente a paginas web, o el no acreditar conceptos metodológicos que son usados y que tienen una paternidad (o maternidad) reconocible a nivel académico y que no se mencionan (por ejemplo la noción de subcultura usada ampliamente implica toda una perspectiva de análisis nacida de las escuelas de Birmingham y Chicago. La primera que lo usó para el metal fue la socióloga Deena Weinstein en 1990) o dejar en el aire otros que suenan interesantes como el de hipsterización que queda simplemente a la imaginación del lector. Esto se refleja en la carencia de una bibliografía al final del libro, que en un texto que resulta pionero en un tema casi intocado resulta contraproducente con fines investigativos y no una mera decisión sin consecuencias. Se ha perdido la oportunidad de aportar un buen conjunto de fuentes, aunque sea de análisis.

Además, y no es poca cosa, el texto se muestra desprolijo en su presentación formal, con demasiadas faltas ortográficas (carencia de tildes, incorrecto uso de los dos puntos, mala utilización de las mayúsculas, etc.) y de diagramación con párrafos sin margen justificado que deslucen el resultado final y que un investigador externo al metal peruano que quisiera informarse sobre este, notaría e influiría en su juicio sobre el texto y quizás sobre los miembros de dicha escena. De ahí que recomiendo a los autores no realizar una segunda edición de este texto sin que pase por una profunda corrección de estilo con un profesional, en la universidad hay muchos. Desdeñar la ortografía y las convenciones de la publicación académica no aumentará el prestigio del metal nacional ni contribuirá a su revaloración, todo lo contrario.

En síntesis, negar el valor de este libro resultaría mezquino y torpe pues es evidente que señala senderos interpretativos valiosos que ningún investigador podrá obviar de ahora en adelante además de efectivamente constituirse en una obra reivindicativa de una escena musical aún hoy vigente tanto dentro como fuera del país. Pese a las limitaciones formales del texto, estamos ante un aporte importante.

Solo resta agregar que ciertas críticas realizadas en redes sociales antes de la presentación resultan disparatadas, especialmente aquella que señala que los autores no pueden escribir sobre el tema porque “no vivieron la época”, que además de ser falso carece de sentido porque no se podría escribir libros sobre periodos anteriores de la historia ya que todos los que vivieron entonces están muertos hoy. Frente a esas críticas, porque son necias, oídos sordos, pero no cierren los oídos a toda crítica, pues no toda es necia.

El libro se puede conseguir en Galerías Brasil en tiendas como Pentagram, en Muqui Records y en librería Contra Cultura en Larco. Ojalá opten por una distribución más amplia en otras librerías para que el texto llegue no solo a metaleros sino a quienes justamente más necesitan conocerlo.