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Me he tomado mi tiempo para realizar esta reseña debido a que no siempre se comenta un disco tan largamente esperado por el significado de la banda autora del trabajo. Y es que Deicidios está entre los pioneros del metal extremo en el Perú, y a esto hay que agregar que lo hicieron no desde la capital, donde estuvo concentrado el 90% de la actividad metal en un inicio, sino desde la golpeada región de Ayacucho en plena década de la violencia interna que asoló al país y cuyas secuelas estamos lejos de haber superado en los diferentes niveles de la realidad nacional.

Mucho del death y algo del thrash metal mundial se articuló en torno de la imagen de la muerte que ofrecían las películas de terror que los adolescentes del primer mundo de los suburbios de las megaciudades consumían masivamente en el cable o en los multicines. Terror y muertes ficticias. Mucho Stephen King, Lucio Fulci, terror serie B americano, lo que conocemos de sobra, pero ¿y si el terror lo estás viviendo delante de tus ojos? ¿Y si el terror no proviene de criaturas infernales invocadas imprudentemente por jovencitos desprevenidos ni de brujas que buscan venganza? ¿Si el terror es concreto y proviene de tus alrededores? ¿De grupos subversivos que dicen luchar por el pueblo… mientras lo asesinan?, ¿de las fuerzas armadas entrenadas para matar primero y preguntar luego? ¿De una dirección política racista, clasista y cobarde? El terror se torna descarnado, desprovisto de toda ficción y eso es lo que tenemos en este debut en larga duración. Metal de la muerte real.

El disco comienza con una pieza tradicional peruana muy conocida, Marcha Fúnebre a Morán, originalmente compuesta en 1854 en honor póstumo al general Trinidad Morán (ultimado cobardemente) en Arequipa y desde entonces marcha fúnebre oficial del Ejército Peruano, que me ha parecido una forma inteligente de integrar una forma musical nacional en un disco de un género por definición internacional. Además de que temáticamente encaja a la perfección con la idea del death metal en general y de Primogenitvm en particular.

A partir de esta introducción los temas se suceden limpiamente, desplegando sonidos violentos, pausados casi siempre aunque por momentos se aceleren. Las guitarras eléctricas, acreditadas a Rafael Vargas y Richard Ledesma, suenan muy afiladas, un aire a los primeros Morbid Angel se siente en varios momentos, como al inicio de Mercaderes de Almas o en la parte media de Anonimus. La impronta inevitable de Slayer es innegable. Sin embargo, lo que predomina es esa sensación de metal extremo sudamericano, los primeros Sepultura, claro, pero también Mortem, Vulcano. En general, aunque los riffs son algo predecibles, los solos suelen alcanzar un buen nivel. El trabajo en guitarras en el tema Pesadilla, quizás el más logrado del conjunto, es extraordinario. La opción en la percusión, grabada por Álvaro Béjar y también en algunos cortes por Edwin “Tampa”, ha sido ir completamente por las líneas más clásicas del death metal, lo hecho antes de los 90 y por momentos recuerda la percusión blacker de aquella época. Esto es evidente en el tema más antiguo presentado, Triunfo del Infierno (1988). El bajo, muy bien resaltado el instrumento a cargo de Guillermo “Búho” Guevara, expresa una vocación a la vez thrasher y por momentos bastante siniestra moviéndose de manera independiente a las guitarras haciendo de contrapunto. Los temas, además, ofrecen diversos cambios dentro de su estructura lo que otorga dinamismo a los cortes. Finalmente la voz, Alfredo “Leto” Cárdenas, se sitúa en general dentro de los cánones tradicionales del death, aunque algo menos gutural: prestando un poco de atención las letras son completamente inteligibles, a ello coadyuva el hecho de ser cantadas en castellano.

Un aspecto que no debe omitirse en este disco son las temáticas tratadas en cada uno de los cortes, 69 000 alude al número aproximado de muertes que dejó el conflicto armado interno de acuerdo con las cifras de la CVR (Comisión de la Verdad y Reconciliación) tan discutidas hasta ahora, sobre todo desde la derecha local, pero que parece admitir muy pocas dudas; Pesadilla refiere el trauma post conflicto de un combatiente; Eligiendo a tus Verdugos es una acerba crítica contra la democracia tal como se practica en América Latina y en el Perú en particular; Mercaderes de Almas es una potente pero obvia acusación a la Iglesia católica y su usual doble moral y propósitos rastreros; Anonimus es una inteligente revisión y condena de la historia de la explotación cauchera en la selva amazónica, crimen generalmente soslayado en nuestra tendenciosa y habitualmente falsa historia oficial. No todo es tan oscuro, Guerreros cumple la función de himno metálico muy efectivo a la hermandad y resistencia de los headbangers a lo largo del tiempo.

En lo que respecta a lo menos logrado, creo que todavía persiste cierta tosquedad en las partes más aceleradas de algunos temas como en 69 000 o al final de Eligiendo a tus Verdugos.

En general, se trata de un buen trabajo de death/thrash metal, muy realista, muy local, muy sudamericano, bien producido y que me deja sobre todo la impresión de que así hubiera sonado un disco de Deicidios en 1990 o 91 si hubiesen contado con los medios para hacerlo realidad entonces. Hace unos años comenté sobre su anterior obra, Rincón de Muertos: “El valor de Deicidios no es solo incidental ni mucho menos exótico, se trata de una banda con mucho qué decir y de una forma contundente y talentosa. Sus temas tienen su propio mérito, no es un mero calco de lo que se hacía en otros lados, muy al contrario, si bien están inspirados en lo que se hacía en otras partes del mundo, encontraron una forma propia de expresión. Con esto se sigue demostrando que el metal, cuando es tomado con honestidad, es un vehículo más de la conciencia de las personas.” Palabras que suscribo nuevamente.

Deicidios comienza a saldar la deuda que tenía con su público, su propuesta y el metal. Esperamos que pronto salgan trabajos que se superen progresivamente.

El disco se puede comprar en la tienda Pentagram Records, segundo nivel de Galerías Brasil, en Lima. O ponerse en contacto con la banda acá.