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En La ciudad moderna (Fondo Editorial PUCP, 2015), el reconocido arquitecto Reynaldo Ledgard (Lima, 1952) agrupa su visión sobre el incontrolable crecimiento de Lima en los ochenta, noventa y en la primera década del siglo XXI.

Las reflexiones del decano de la facultad de Arquitectura de la Pontificia Universidad Católica del Perú contribuyen a un proceso que hoy, lamentablemente, continúa pareciendo lejano: la formación de una cultura urbana.

-¿Por qué decidió juntar estos artículos y publicarlos en La ciudad moderna?
Me pareció una contribución importante a la literatura y al pensamiento sobre la ciudad. Es importante mostrar lo que se pensaba antes porque se puede aprender de ello, no para usarlo como fórmula, pero estoy seguro de que si lees (el libro) puedes ponerte a pensar cómo analizar algo hoy en día. Además, creo que el texto puede verse como una contribución  a la construcción de una cultura urbanística. También es importante que la gente sepa que (en el pasado) se ha pensado las cosas y que se puede estar en desacuerdo pero debe haber cierta continuidad en los razonamientos y no cada vez empezar de cero. Eso es fatal. Así no se construye la cultura urbana que necesitamos para contar con un verdadero sentido cívico de la ciudad. Me parece que esto último debe construirse en base a una cierta creación de consenso, de sentido común. Este podría ser el primer paso para lograr ponernos de acuerdo,  que es la base de la vida urbana.

-¿Siempre los arquitectos tuvieron esta necesidad de comunicar sus opiniones sobre temas sociales y políticos como usted lo hizo?
Si bien mi libro es político, no hay opiniones políticas en él. No me refiero nunca a la política como la hemos entendido, pero sí hay una dimensión política en el sentido de las decisiones que los diferentes sectores de poder ejercen sobre la realidad. Creo que en algún momento de los años cincuenta o comienzos de los sesenta, los arquitectos pensaban que había que hacer política. Estaba el social progresismo, Acción Popular, etc. Pero yo no creía en eso. Todos mis textos están enmarcados  desde la disciplina de la arquitectura, desde el urbanismo. Es más, no hago mucha diferencia entre estos dos aspectos.

-¿Por qué?
Si hay un principio básico presente en el libro, es que la arquitectura es importante porque es parte de la construcción de la ciudad. Hay una interrelación entre la escala urbana y la escala arquitectónica.

-¿Es posible hoy definir una arquitectura peruana?
Hoy ya no lo sé, porque la globalización ha arrasado con muchas de las especulaciones más sutiles que había en los ochenta y en parte de los noventa. (Antes) se pensaba que había ciertos elementos tipológicos que podían servir para construir un lenguaje moderno en el centro de Lima. Se podía hablar sobre ciertas formas de vida, en los (inmuebles) multifamiliares, (formas) que eran recreadas mediante patios o recorridos,  técnicas constructivas basadas en el uso del muro, de espacios de transición interior o exterior o,  a veces, (el uso de) la madera. Había toda una especulación que ya no existe. Hoy tenemos que pensar de una forma más objetiva y directa las cosas.

-¿Un alumno de arquitectura hoy en día tiene las mismas posibilidades de crear que las que usted tuvo hace algunos años cuando se inició en su profesión?
Creo que muchas más. Hay mucho más trabajo, más posibilidades de construir. Nosotros construíamos a veces apenas la primera etapa de un proyecto y envejecíamos antes de que sea terminado. Era una época muy dura para comenzar la profesión. Además, hoy existen más recursos tecnológicos. No solo la industria de la construcción está avanzando, sino que además existen los medios digitales y más posibilidades de una mayor especulación formal.

-¿Quiénes deberían determinar la forma y el uso de una ciudad?
Este tema lo menciono en un artículo que fue escrito en los años ochenta y en él hablo de los actores urbanos. Lo que intento, de forma muy didáctica, es descomponer analíticamente quiénes son los actores urbanos –sean las autoridades, los pobladores, las instituciones, los inversionistas, etc- y cómo intervienen en la conformación de la ciudad. La ciudad no está planeada por una mente privilegiada y única. La ciudad está hecha por miles de personas, miles de sectores, muchas veces por intereses contrapuestos que se negocian y entran en conflictos. Lo que intenté es una clasificación, para ese entonces, de cuáles serían los actores urbanos, cómo podrían influir y cómo podríamos analizarlos para entender cómo se le da forma a la ciudad. Hoy tendríamos que hacer una actualización de esos actores.

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-Los jóvenes quizás no tenemos idea de que en el pasado el Estado jugó un papel importante en la construcción de viviendas multifamiliares.
Especialmente bajo la influencia de Fernando Belaunde, el Estado intentó hacer conjuntos habitacionales que son una alternativa a la forma típica de la ciudad que describo en el texto ‘La ciudad moderna’, que es la lotización en base a casas unifamiliares y lotes. Incluso ahí hago una equivalencia entre las urbanizaciones formales y las informales. Ambas funcionaban con la misma base, el ADN de Lima. Mira, en otros países, los inversionistas hacían grandes edificios multifamiliares, vendían departamentos y había inversión inmobiliaria. Aquí, los peruanos lotizaban la tierra y la vendían, nada más. Ahí es que se genera el mito de la casa propia. Toda Lima estaba hecha bajo la base del modelo del ‘suburbio americano’, con un pensamiento que en mi texto lo denomino “la ideología del chalet”.

-¿Por qué el Estado abandonó esta promoción de las construcciones multifamiliares?
Porque cada vez más los únicos que podían comprar esas construcciones eran los que integraban la clase media y se dejó este sector a merced del mercado. Había que atender a los sectores más desfavorecidos. Pero, ¿qué se podía hacer para ellos? No hay dinero suficiente, sería una subvención de gran escala el hacer multifamiliares para gente muy pobre con cero capacidad de pago. Entonces se inició el concepto de lotes y servicios, lotes habilitados. Eso era una lotización con muy pocos servicios. Es así como el Estado deja los conjuntos habitacionales en el concepto de la autoconstrucción. Hoy ya ha abandonado el tema de la vivienda en todo sentido. La inversión privada está desde los grandes edificios hasta los pequeños del programa Mi Vivienda. Pero era necesario el cambio porque es insostenible un crecimiento ilimitado de casitas unifamiliares.

-¿Cuán importante es la infraestructura en el tema de la densificación de la ciudad?
Es importante la infraestructura de servicios: agua, desagüe, luz, etc. Calles que las sostengan, espacios públicos con una proporción adecuada a la nueva población y más que todo un sistema de transporte público adecuado y viable.

-Siempre se habla de que Lima tiene un déficit de millonario en infraestructura (grandes obras) pero ahí surge el debate de los espacios públicos, que también hacen mucha falta en la ciudad.
Lo que pasa es que muchas veces las obras de cemento son para meter más autos, lo cual es un error. Es cierto, hay que destrabar algunos nudos, pero los pasos a desnivel, las ampliaciones de las pistas como la (posible) ampliación de (la avenida) Salaverry, eso es una barbaridad. Si se hace espacio para más autos, habrá más autos. Lo que tiene que hacerse es sustituir esos carros por un sistema de transporte público, pero estamos décadas atrasados con respecto a otras ciudades. El Tren Eléctrico, el Metropolitano son intentos todavía tentativos. Aún no hay un sistema integrado de comunicación vial. Cuando te sea más fácil irte a trabajar en el Metropolitano, usarás ese transporte público y dejarás tu carro para irte a pasear los fines de semana con la familia.

-¿Le parece que eso ayudaría mucho a destrabar estos nudos que atoran la ciudad?
No niego que puedan haber pasos a desnivel para a destrabar ciertas zonas de la ciudad pero no estamos ante un problema de fortalecer el sistema vial para el transporte privado, sino un problema que exige poner toda la inversión en el transporte público. Eso ayudará un poco más.

-Hay una tendencia en Lima a enrejar las calles con la excusa de una buscar mayor seguridad. ¿Puede considerarse esto una desgracia si lo vemos del punto de vista arquitectónico?
En el artículo “La ciudad moderna” (escrito en los años ochenta) describo cómo la llamada “ideología del chalet” se complementa con el muro de la casa. Sin embargo, cerrar calles con rejas es mucho peor. En una entrevista publicada en el libro describo a las barreras como el cáncer de la arquitectura. La ciudad debe ser el espacio de la libertad y la arquitectura debe posibilitarlo. ¿Dónde están los edificios públicos accesibles como hay en todas partes del mundo? Aquí están el Parque de la Exposición y el Mali. Debería haber muchísimos más. ¿Dónde está la arquitectura pública accesible? He intentado hacer eso y a veces cuando fueron a visitar mis proyectos me dicen que los guachimanes piden DNI para poder entrar. Hay esta idea de restringir, de cerrar, lo que me parece un desastre.

-Otro debate gira en torno a si Lima debe crecer de forma vertical u horizontal. ¿Hacia dónde debe crecer esta ciudad?
Lima debe crecer verticalmente de manera proporcionada. Lo que no puede suceder es que calles, que inicialmente fueron diseñadas para albergar casas y que permiten de repente edificios de cinco, seis o siete pisos, terminen con muchos más. Se puede manejar las cosas si se complementa con infraestructura, si se liberan algunos terrenos para parques, áreas verdes, zonas deportivas, estacionamientos. A ese nivel sí podría densificarse. Pero de pronto uno ingresa a una calle residencial de Jesús María o San Miguel y se encuentra con edificios de 20 o 22 pisos. Imagínate si eso fuera una normativa, colapsaría todo. Hay verticalidad y verticalidad. Ojo, esto no significa que no haya calles donde no se pueda construir si quieren 40 pisos. Podría haber en sitios particulares, pero en general (los edificios aquí) deberían oscilar entre los 5 y 7 pisos.

-Pero existe una necesidad de vivienda real.
Claro, pero en lugar de tener una cuadra con tres edificios de 22 pisos y unas casitas pequeñas al lado, es mejor tener varios edificios de cinco pisos. Entraría quizás la misma cantidad de gente. El tema no es rechazar una densificación si esta es coherente y proporcional con respecto a las calles, a los espacios, las áreas verdes, etc.

-En el Centro de Lima hay muchos edificios antiguos. En su libro cuestiona que se declare monumento histórico a muchos inmuebles supuestamente para protegerlos, lo cual si se hace en exceso podría traer graves consecuencias.
Claro, porque se puede volver insostenible económica y socialmente. Ojo, tampoco creo que se debería demoler todo el centro de Lima. No pienso eso como una solución. En mi artículo sobre el centro de Lima digo que hay edificios que deben conservarse totalmente, que son los monumentales, los más valiosos, pero también existen otros que deberían sustituirse y reconstruirse nuevos pero guardando las proporciones adecuadas a las calles del centro. No se debe conservar todo porque es inviable y peligroso. Defensa Civil declara en riesgo cientos de edificios y sin embargo no se pueden tocar porque son monumento histórico. ¿Cómo solucionamos ese problema? Tiene que haber una discriminación razonable y muy estudiada de edificios que se deban conservar íntegramente, otros parcialmente y también algunos que puedan reemplazarse conservando la armonía del espacio urbano del centro histórico.