“No hay forma más respetuosa de acercarse a otro que retando su inteligencia”, me responde Gabriela Olivo de Alba, directora del Fondo de Cultura Económica filial Perú, cuando le pregunto a qué público está dirigida la reedición del poemario “Canto villano” de la célebre Blanca Varela.

La entidad a cargo de Olivo de Alba ha trabajado una edición muy bien cuidada del libro lanzado originalmente hace 39 años y reeditado en 1996.  A los versos de quizás la más importante poeta de nuestra historia se suman páginas que incluyen pinturas de Goya y Francis Bacon. La primera de estas, portada de la reedición de 1996.

Canto villano” (FCE, 2017) reúne poemas escritos por Varela entre 1949 y 1994. Esta vez presenta, como gran novedad, una carta que Emilio Adolfo Westphalen le dirigió a la autora en noviembre de 1986. También hay interesantes ensayos sobre la obra de la creadora. Estos fueron escritos por Adolfo Castañón, Roberto Paoli, Gonzalo Portocarrero y Ethel Barja.

En esta entrevista, Gabriela Olivo de Alba nos brinda algunos detalles sobre esta reedición de “Canto villano” que será presentada el miércoles 29 de marzo a las 7:30 p.m en el auditorio de la Casa de la Literatura Peruana.

-¿Qué motivó que casi 40 años después (de su edición original) el Fondo de Cultura Económica decida reeditar “Canto villano” de Blanca Varela?

La obra de Blanca Varela no había sido publicada directamente en el Perú. Las ediciones anteriores se hicieron en México, desde nuestra casa matriz. Fueron varias las circunstancias que propiciaron esta redición. Por un lado, las efemérides, la relevancia y tal vez el re descubrimiento, tanto de quien ya la había leído, como de las nuevas generaciones que se identifican en varios de los poemas de Blanca Varela. En 2016, la Casa de la Literatura Peruana organizó un seminario por el 90 aniversario de su natalicio, y vinieron diversas personalidades del Perú y del mundo a participar. Y además, ahora que lo dices, uno de los elementos que me hizo pensar que se necesitaba una reedición de esta obra fue una conversación que tuve con Evarista Guerrero, académica de la Universidad de Salamanca a la que le encomendaron hacer el libro con el que se conmemoró el premio Reina Sofía ganado por Blanca Varela.

-¿Qué le dijo Evarista Guerrero sobre la obra de Blanca Varela?

Me dijo que le fue casi imposible encontrar en librerías o bibliotecas españolas la obra de la poeta peruana. Esto me llamó la atención porque, siendo aún estudiante de Letras en la UNAM, recuerdo haber visto un ejemplar de “Este puerto existe” publicado muchos años atrás por la Universidad de Veracruz. Yo no había leído a Blanca pero el título de su poemario me llamó la atención porque lo asocié con una novela (“La plaza de Puerto Santo”) de una extraordinaria dramaturga y narradora mexicana llamada Luisa Josefina Hernández. Entonces, asocié el nombre del libro, pero sí conocía algo de su obra. Y bueno en México hubo siempre ese contacto con ella. Aunque no quiero decir que sea una escritora ‘conocida’, porque su poesía tampoco es fácil. No estamos ante una poesía versificada, pero sí tiene otras virtudes muy valiosas.  Recuerdo que leí a Octavio Paz diciendo que la buena poesía debe ser un poco seca, y seca para que arda. Considero que en la estética poética de Blanca hay este elemento, en el que uno siente esta concreción, en el que no hay excesos, menos un edulcoramiento. No existe complacencia.

-¿Qué puede rescatarse de la etapa en la que Blanca Varela dirigió el la filial peruana de Fondo de Cultura Económica?

Entre las cosas más destacadas que ocurrieron durante la etapa de Blanca Varela en el Fondo fue que se empezó a editar desde el Perú. Y fue por una circunstancia desafortunada, lo cual me hace pensar que incluso los momentos más adversos representan una oportunidad. Entiendo que esto fue durante el primer gobierno de Alan García, en el que hubo una devaluación terrible y muchas dificultades económicas. Entonces era casi imposible importar libros desde el extranjero y se abrió la puerta para poder publicar desde acá. Y eso fue importantísimo.

-Y ella logró tan importante cargo siendo una mujer que vivió gran parte de su vida en un Perú que venía rezagado en cuanto a temas de igualdad. Un problema aún no resuelto.

Pues sí y no. Sin duda, no voy a negar que existen asimetrías, menos aún cuando acaba de haber ciertas manifestaciones en las que aterra escuchar la palabra ‘género’, y en donde se piensa que hablar de las cosas con claridad hará que los chicos se transformen en ‘transformers’. Sin embargo, y este es un tema curioso, durante la época de Blanca gerente del Fondo filial Perú no había otras mujeres en dicho cargo en el resto de filiales. Sí hubo autoras y editoras, pero no gerentes. Y por si fuera poco, la primera gerente de la filial Perú fue otra mujer y de peso: Magda Portal, poeta narradora, feminista, militante política. Ambos casos te habla de circunstancias interesantes y complejas, porque eso fue posible y por periodos largos.

-¿Podemos decir que la carta de Emilio Adolfo Westphalen a Blanca Varela es el gran aporte novedoso de esta reedición?

Esta carta estaba entre los archivos de Blanca Varela que actualmente están en la Casa de la Literatura. No estuvo contemplada inicialmente en la edición pero sí había la necesidad de que (el libro) debía tener algo más. Creo que la carta ilumina mucho porque habla de la entereza de la poeta. Quisiera recordar solo un párrafo:

“No temas a las palabras. No sé si te dejas llevar por ellas o las tienes bajo tu dominio. En todo caso –tienes la sangre fría de hacer su juego al borde del precipicio–, de asombrarnos por tu valor al dar el salto mortal y burlarte del ser o de la nada con leve gesto de los hombros o de los labios”.

Esta carta, además de haber sido escrita por una figura tan contundente como Westphalen y  para una persona tan importante como Blanca, tiene su propia historia. Recurrimos a Inés Westphalen, que creo que es la que mejor conocía la letra de Emilio, porque teníamos la carta y la trascripción, sin embargo, cuando se la enviamos resultó que sí había una palabra que fue transcrita como se debe, por lo que generaba un matiz un poco diferente al sentido de la carta. Así que, efectivamente, este es uno de los grandes aportes de la reedición.

-Hay también al final un texto muy interesante de Gonzalo Portocarrero en el que desmenuza el origen del título “Canto villano”…

Ese texto ya había sido publicado pero lo re trabajó para incluirlo aquí. Y me parece muy interesante porque él trata de indagar qué representa ese título. Y lo villano, de alguna manera en la interpretación de Gonzalo Portocarrero, es una forma de reivindicar, recalificar el término, y limpiar lo que pueda tener de peyorativo, dejándolo así en su justo lugar.

-¿Se tuvo algún cuidado especial para respetar las ediciones previas de los poemas de Blanca Varela en esta edición de “Canto villano”?

Nuestro editor, Felipe Aburto, tuvo mucho cuidado de respetar las decisiones que editorialmente se ven en la edición anterior, la de 1996. ¿Por qué? Porque esa fue una versión que ella pudo cuidar, aprobar. En ese sentido, sí nos cuidamos cuando había algún tipo de duda en cuanto al corte de una palabra o un verso, o a si debía o no llevar sangría tal página. Son detalles que para algunos a veces pasan inadvertidos. No obstante, quizás el principal tema aquí son las portadas…

-Sí, se ha respetado la portada previa (1996) pero cambiándola de lugar…

Es cierto. La pintura “El perro semihundido” de Francisco de Goya (que está de portada principal en la edición de 1996) es ahora citada interiormente. Y al final del libro colocamos la obra “Man with dog” de Francis Bacon. No tenemos la certeza de que sea esta la obra que cita Blanca en una entrevista con “ABC Cultural” publicada en agosto del año 2001.

Ella menciona ahí lo siguiente: “El perro para mí es un personaje importantísimo. Por eso en la portada de ‘Canto villano’ escogí ‘El perro semihundido’. Dudé entre ese de Goya y otro de Bacon, donde también había un perro. Él es un pintor que me impresiona muchísimo. Siento que tiene mucho que ver con mi poesía”.

A partir de eso comenzamos a explorar cuál podría ser el perro al que ella se refería en dicha entrevista. Y sin tener la certeza absoluta, decidimos colocar dicha pintura también en esta reedición. Consideramos bastante importante estos aportes que en el fondo son también homenajes editoriales a Blanca.

-Los ensayos que incluye esta edición remarcan la vigencia de la poesía de Blanca Varela. Esta reedición de “Canto villano” irá al Plan Lector del cuarto año de secundaria de un colegio en Lima. ¿Para qué público podríamos decir que está dirigido este poemario?

Este no es un libro de texto escolar, para nada. Creemos que la mejor forma de despertar esa apetencia lectora en los jóvenes es mostrando un trabajo en donde hay una buena poética. Esa es la mejor forma de atraerlos (a la lectura). En mi país, una de las figuras más relevantes de la etapa post- revolucionaria fue José Vasconcelos, que fue secretario de Educación y rector de la UNAM, cuyo lema es “por mi raza hablará el espíritu”. Y eso tenía que ver con esta raza mestiza que nos cruza a todos. Sin embargo, los libros con los que iban las misiones culturales y alfabetizadoras a educar a las regiones más recónditas, eran clásicos. No se caía en un juego de condescendencia, de ‘vamos a entregarles algo fácil o digerible’. Creo que no hay forma más respetuosa de acercarse al otro que retando su inteligencia, dialogando con su capacidad intelectual. Yo creo que los textos de Blanca Varela son para cualquier lector con una sensibilidad que quiera despertar.

*Importante:
Tras la publicación de esta entrevista, Gabriela Olivo de Alba se comunicó con este blog para aclarar su respuesta en torno a otras mujeres que dirigieron filiales del FCE en Latinoamérica en la misma época de Blanca Varela.

“Julio Sau y Alejandro Archain, mis colegas en las filiales de Fondo de Cultura Económica en Chile y en Argentina, me han hecho saber que antes y durante la misma etapa en que Blanca Varela fue gerente de FCE en Perú, hubo otras mujeres a cargo de otras filiales. Entre ellas Silvia Charry, en Colombia, y María Elena Satostegui en Argentina”, indicó.