En promedio, diez mujeres son asesinadas mensualmente por sus parejas en el Perú. La escalofriante cifra esconde no solo la responsabilidad del autor del crimen, sino de la sociedad en su conjunto.

Sin embargo, probablemente el machismo enquistado a lo largo de varias generaciones nos impide ver más allá de las estadísticas. Es por ello que “Morir de amor: Un reportaje sobre el feminicidio en el Perú”, el más reciente libro de la periodista Teresina Muñoz-Nájar, es fundamental.

Simona, Lisbeth, Tiffany y Karol son cuatro mujeres que amaron y perdonaron, pero que terminaron siendo asesinadas de forma salvaje por sus parejas. Cada caso está retratado de forma seria y bien documentada en este interesante libro presentado a propósito un 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer.

Conversamos con la autora sobre el trabajo que hizo posible esta valiosa publicación

-Matar es algo grave, pero en su libro los asesinos superan esto: carbonizan, destruyen la integridad física de una persona, de alguien que en algún momento llegaron a amar. ¿Cómo se explica esta crueldad? ¿Hay antecedentes de este tipo en otros países?

Esto ocurre en todo el mundo y en Latinoamérica especialmente es tremendo. No me gusta ver cuál es el (país) más o menos (violento), porque no tiene sentido. Y esto ha pasado en todas las épocas. En mi libro recuerdo cuando recién llegaron los conquistadores y Lope de Aguirre manda matar a una mujer porque no puede permitir que tenga más poder que él. Eso ya es feminicidio. Pero también en este tema hay un problema de salud mental. O sea, el no poder manejar las emociones. El hombre o la mujer deberían decir “te saqué la vuelta o me la sacaste, entonces conversemos, terminemos la relación y tratemos de ser mejores”. No hay que matarse pues. Por último, interviene un tema de valor. Si te matan por quitarte un celular, entonces, ¿cuánto cuesta tu vida? ¿En qué nos estamos convirtiendo como sociedad? Eso es algo que también debemos preguntarnos.

-En algunos de los casos descritos en su libro la víctima previamente perdonó a su agresor. Incluso lo hizo más de una vez. Ya sea por celos o actitudes posesivas…

Lo que pasa es que, como en todas las relaciones, es bien difícil tirar la primera piedra. Hombres y mujeres se enamoran y con todo derecho. Y nadie se enamora de un hombre violento. Nunca dices “me enamoré de él porque me va a pegar”. La violencia empieza a mostrarse en algún momento de la relación. Y los psicólogos hablan del ‘círculo de la violencia’: yo te pego, te maltrato, y la mujer piensa “algo estoy haciendo mal, cambiaré para estar bien”. Entonces entras en un círculo que incluye la idea de “lo voy a curar”. Pero es complicado que un hombre violento deje la costumbre de resolver sus problemas a través de la violencia.

-Los casos que incluye su libro fueron judicializados, sin embargo, a nivel nacional existen muchas mujeres víctimas de violencia que ni siquiera llegan a poner una denuncia policial…

Hay muchos hombres fugados por esto. En mi libro uno (de los agresores) fuga, al parecer, con la ayuda de un policía que fue vecino suyo. La madre de la víctima tiene derecho a dudar de ese policía. Y han pasado ya tres años de ese caso. En 2016, el programa de recompensas del Ministerio del Interior dio con la captura de dos feminicidas. Creo que no todo es blanco y negro. Hay procesos judiciales que demoran mucho. Quizás el tipo sale en libertad condicional porque cumplió el plazo de estar detenido (preventivamente), pero eso no significa que sea inocente. Y al no tener un grillete ni un policía que lo siga, fugarse es muy fácil para él.

-¿Qué tan vital es la existencia de ONG feministas que ayudan a las mujeres a denunciar agresiones a nivel nacional?

Es importantísima. Las feministas tienen abogadas en sus ONG. Inclusive algunas ONG se redujeron pero las abogadas que salieron de ahí formaron sus propias empresas privadas o estudios de abogados que atienden casos gratuitamente. Son estas instituciones las que han impulsado la Ley de Feminicidio, la creación de centros de emergencia mujer. Su trabajo es vital.

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(Arlette Contreras, uno de los símbolos de la no violencia contra la mujer en Perú. Foto: El Comercio)

-Lo ideal es un aparato judicial que tome casos como estos y los resuelva correctamente, pero con un Poder Judicial en crisis todo es mucho más complicado.

Así es. Y esto viene desde los jueces. Por ejemplo, están las reparaciones civiles que no se cumplen. Este es un mecanismo que obliga a devolver a las familias (de las víctimas) algo de paz y tranquilidad. Si yo te quité a tu madre, entonces ahora le pago a los hijos una reparación civil. Y existen casos de jueces que han ordenado 5 mil soles de reparación, ¡como si eso costara una vida! Los reos no tienen cómo pagar eso y nunca lo hacen. Si bien han dicho que ahora no habrá beneficios penitenciarios para los feminicidas, en caso estos se acojan a la terminación anticipada –evitando así el juicio oral—se les rebaja un sexto de la pena. Y este nuevo código procesal penal es garantista, favorece al reo.

-Usted pudo trabajar únicamente la vida de Simona, que fue alguien cercana a usted porque trabajó con su hermana. ¿Qué la motivó a buscar los otros tres casos?

Es cierto, pude trabajar un libro solo con la historia de Simona. No lo sé. No todo estuvo tan planeado desde el inicio. Este es un proyecto muy personal. Me dije “quiero contar la historia de Simona”, así que empecé a introducirme en el tema, a entrevistar, averiguar y a leer mucho. Luego me planteé trabajar cinco historias, aunque terminé en cuatro que me parecieron muy representativas: una chica embarazada, una menor de edad y otra a la que su pareja la adoraba, pero que terminó matándola y fugándose.

-Imaginemos que pasaron 20 o 30 años. ¿Es posible imaginar a estos asesinos reinsertados en la sociedad?

No sé si algún reo peruano pueda reinsertarse en la sociedad, aunque sé que el Instituto Nacional Penitenciario hace esfuerzos a través de talleres, programas y disponiendo de psicólogos. Recuerdo que cuando fui al penal de Socabaya vi a un grupo de sacerdotes norteamericanos que iban a conversar con los reos. Sin embargo, en todos los penales del Perú hay hacinamiento. Incluso hasta el triple de la capacidad de un local. ¡Tres personas durmiendo en una misma litera! ¿Cómo se van a rehabilitar? No pues, ningún reo de ningún crimen. Es muy difícil. Quizás habría que ser más creativo. Algunos dicen “no hay plata, no hay presupuesto”, pero sí la hay. Sí hay plata por montones pero se la roban. Esa no es una justificación. Aunque sí existen personas que trabajan muy bien, y las he nombrado en mi libro, como Juan Huambachano del Observatorio de Criminalidad. Él es un psicólogo, joven, muy comprometido en buscar respuestas a todo esto. ¿Y cuál es el gran tema aquí? La prevención.

-No es algo que dé resultados a corto plazo…

El tema es qué hacemos para que no maten a las mujeres. Y se debe prevenir desde la escuela, formando a los niños. Por ejemplo, mi generación fumaba en el avión. Todo el avión olía a ‘pucho’. Hoy es impensable que un niño vaya a hacer eso (de adulto). Ellos tienen conciencia del daño que ocasiona (fumar). Entonces, ¿por qué no les meten la idea de la igualdad desde chiquitos?

(Lady Guillén fue brutalmente golpeada por su pareja, el cantante Ronnie García)

(Lady Guillén fue brutalmente golpeada por su pareja, el cantante Ronnie García)

-¿Qué opinión le genera la polémica desatada por la llamada ‘ideología de género’?

Me parece algo absurdo. Cada quien tira para su lado sin argumentos válidos. Creo que el Ministerio de Educación tenía la razón pero pudo explicar las cosas mucho mejor. No tenemos por qué enredarnos. Por otro lado, yo leí el informe de la Defensoría del Pueblo sobre el feminicidio y es extraordinario pero muy tedioso. Te duermes en la cuarta página. ¿Por qué no hacer textos más directos? La currícula busca educación igualitaria, desde que los niños y las niñas levantan la mano (en el salón de clases) deben tener las mismas oportunidades para contestar. Nunca favorecer a nadie. Y lo otro importante es la tolerancia. Y no solo porque existan niños que en algún momento puedan convertirse en homosexuales, sino también porque algunos son gordos, ‘cholos’ o pelirrojos. Existe un bullying espantoso en los colegios. E incluso algunos niños se suicidan por esto.

-Pero algunos dicen que también todo esto debe formarse desde la familia…

Obvio, pero ¿cuántos padres de familia se levantan a las cinco de la mañana y regresan a las nueve de la noche a su casa? ¡Miles! Yo a la escuela le diría, “con mis hijos sí te tienes que meter”, porque quizás yo no tengo el tiempo necesario pues hay que conseguir dinero para mandarlos al colegio. Lo que el hogar no puede dar, la escuela debe entregarlo para así crear buenos ciudadanos.

-Por la cercanía que su hermana logró con Simona, ¿qué le hubiera dicho al asesino de esta si este aceptaba una entrevista para el libro?

No lo sé. Estuve cerca de él y me pareció tan joven. Él ha dicho que “lo sacaron de quicio” y “que estaba presionado”. ¿Y yo qué puedo decir ahí? ¿Acaso lo tengo que cachetear? Ya fue, ya lo hizo. Y yo creo que ellos sí se arrepienten. El asesino de Simona estuvo cinco días (después del crimen) deambulando de chacra en chacra con este episodio sangriento en su cabeza. No debe haber sido tan fácil para él.

-A pesar de que cada vez se brinda más espacio en los medios de comunicación a casos de feminicidio estos no disminuyen. ¿Estamos equivocándonos en la cobertura de estos temas?

Creo que se ha comenzado a tratar mejor este problema después de la marcha Ni Una Menos. En el año 2010 el diario “El Chino” titulaba “Chibola manca achicharrada”. Eso es una falta de respeto. ¿Qué pensarán la madre y el padre de la víctima? Me provoca tirar por la ventana al que redactó ese titular. También se atribuye el crimen a los celos como justificándolo. Las cosas no son así. Debemos tratar estos casos de forma seria. Tú puedes haberme sacado la vuelta pero nada justifica que me mates y menos que me cortes en pedacitos o que quemes viva.

-Los feminicidas casi nunca vienen de afuera…

El feminicida jamás entra por el balcón o va a romper el vidrio de la ventana, sino que usa la llave. Tú le abres la puerta o tal vez él está adentro (de la casa). Es un hombre como cualquier otro, pero que sufre ese grave problema del machismo. Y esto último es un tema que a veces inculcan las propias madres.

(La autora, Teresina Muñoz-Nájar espera que su libro llegue a la mayor cantidad de público posible. Foto: El Comercio)

(La autora, Teresina Muñoz-Nájar espera que su libro llegue a la mayor cantidad de público posible. Foto: El Comercio)

-Hay una asimetría incluso en la formación del hogar. Para muchos, la hermana debe servir al hermano siempre sea mayor o menor…

Eso hay que cambiarlo poco a poco y debe formarse en la escuela. Así como a los niños les enseñan a reciclar, que es algo que muchas veces los padres no saben, también pueden darles lecciones de igualdad.

-¿Es una obligación moral ser feminista?

No pido eso, sino solo ser justos. Creo que debemos tener claro el tema de igualdad y la justicia. Tú puedes ver en los archivos del Congreso el debate que se armó para permitir el voto femenino hace poco más de 50 años. ¡Se decía que la mujer tenía que ir a cocinar! Considero que la labor de las feministas es importante. Para algunos quizás sean radicales, pero sin ellas estaríamos mucho más atrasados.

-En ese sentido, ¿es recomendable marchar periódicamente por estos temas?

No hay que bajar la guardia. Usualmente se recuerda esto el 8 de marzo (Día Internacional de la Mujer) y el 25 de noviembre (Día de la no violencia contra la mujer) pero después todo baja. Ahí los canales se preocupan, tocan el tema, pero luego silencio. Y debe ser algo sostenido. El Ministerio de la Mujer hace su trabajo pero también creo que debería haber algo más de creatividad. Y considero que este libro debe ser leído por mujeres y hombres. La idea es construir la realidad y cambiar todos un poquito.

-Me parece un libro fundamental para leer en la secundaria, cuando empiezan a darse las primeras relaciones sentimentales de forma algo más formal…

Sí. Buscando en Internet encontré una revista del INPE con mucha estadística y resulta que el segundo delito que más personas presas en Perú cometieron es el de violación sexual a una menor de edad. Hay más gente presa por eso que por narcotráfico. Tenemos que discutir estos temas y nunca bajar la guardia.

-En la televisión, la historia de un feminicidio a veces parece ser una noticia más dentro de un noticiero…

A veces escuchamos que alguien mató a su pareja y decimos “ah, una más”. Pero no, detrás de cada feminicidio hay la historia de una persona con hijos, padres, sueños, carrera profesional, no sé. A mis 61 años sigo teniendo proyectos, entonces, ¿cómo no los tendría una chica de 24?

-A los que no tenemos hijos aún, ¿cómo queda nuestra responsabilidad como ciudadanos?

Todos somos responsables de todo. Los que no tenemos hijos también. Hay que meternos en estos temas, aunque terminemos perdiendo. Esa es nuestra responsabilidad como ciudadanos. Y, lamentablemente, los medios enfocan sus historias en el ‘ahorita’. No hay un seguimiento a largo plazo. Estamos no ante cifras sino frente a historias reales.

-¿Seguirá publicando libros de esta temática?

Me sentí muy satisfecha al tocar estos temas. Y creo que puedes llegar más a la gente a través del periodismo. Desde una persona con quinto de primaria hasta un científico nuclear terminan leyéndote. Mi editor, Jerónimo Pimentel, dijo en Facebook que mi libro era de periodismo ‘Old Fashion’ (a la antigua). Y bendito sea que hago ese periodismo. Porque esto no es quedarse sentado en un escritorio sino cubrir todos los lados posibles de una historia.