Visitó Perú para participar en la Feria Internacional del Libro de Lima 2017. Antonio Ortiz, escritor colombiano autor de la exitosa novela “Mal educada”, presentó esta vez “La extraña en mí”, un relato en el que reincide en los problemas que enfrentan los adolescentes.

En esta entrevista, el también docente y conferencista nos brinda algunos detalles sobre la dificultad de insertarse en personajes femeninos y bastante juveniles. También habla sobre el rol de los padres de familia, su trato ideal con los hijos y, por último, opina sobre algo que últimamente exporta mucho su país: narco novelas y narco series.

Aquí nuestra entrevista con el autor de “Mal educada” y “La extraña en mí” (Panamericana).

¿Le sorprendió el éxito que logró “Mal educada”?

Todos tenemos sueños y uno siempre idealiza situaciones exitosas pero nunca crees que pasen. Este proyecto lo empecé como para mis estudiantes, luego salió a la ciudad y de ahí a todo el país. Y ahora estoy en Lima. No esperaba que todo pase tan rápido.

Primero debemos dejar en claro que el término que da título a ese libro no indica que la protagonista sea una chica malcriada…

“Mal educada” no es Paula, la protagonista, sino la sociedad. Si uno lee la novela se da cuenta que Paula es una niña muy inteligente, hace reflexiones muy interesantes, y realmente nunca hace nada malo. Puse ese título basándome en que, como he sido profesor durante 24 años, pues tenía que hablar de una sociedad mal educada. Luego quise poner la cara juvenil de una niña en la portada y algunos asocian el título a ella, pero no es así.

¿Qué recuerdos tiene Antonio Ortiz de su adolescencia y de su época como escolar?

Fui un adolescente bastante problemático y conflictivo pero lo que decían los profesores era siempre respaldado por los padres. Hoy pasa lo contrario. Vemos padres ansiosos que quieren cambiar la filosofía de un colegio para que se adapte a las necesidades de un chico. Para los padres hoy todos son culpables menos sus hijos. Los muchachos crecen con eso y actúan de tal manera.

Ya hablando sobre “La extraña en mí”, ¿por qué, pese a todo lo que ha avanzado la sociedad actualmente, aún nos sigue afectando mucho la separación de nuestros papás?

Uno idealiza que los padres son eternos como pareja y no estamos preparados para lo contrario. En mi caso, a mis padres los separó la muerte, pero es muy difícil para cualquier adolescente ver que su hogar se parte en mil pedazos. La etapa más difícil para cualquiera es la adolescencia porque es donde uno busca horizonte e identidad. Ahí ni uno mismo se comprende. Y normalmente no existen separaciones tan amigables, lo que causa que los niños queden en un juego cruzado. En “La extraña en mi”, Vania, la protagonista, aparte de esa situación se ve involucrada en un problema grave: la cubre una tristeza tan grande que empieza a atentar contra sí misma, cortándose, sintiendo que la muerte es algo atractivo.

Y se rodea de gente no necesariamente buena…

Lo que hace normalmente un ser humano es tratar de encajar o atraer a personas que se sientan de igual manera. Por eso existen los tipos de tribus urbanas. No sé, los skinheads, los raperos, los emos. Vania atrae más problemas. Se va viendo cobijada por esa extraña que vive en ella, una posesión casi demoníaca, no puede controlarla, amenaza con quemarse y se corta. Creo que esta novela y la anterior son historias desgarradoras, impactantes pero a la vez bellas e inspiradoras. Mi idea era que quien lea se identifique y pueda hablar al respecto.

(Antonio Ortiz y sus novelas)

(Antonio Ortiz y sus novelas)

Las redes sociales también están muy presentes en esta novela. ¿Deben los padres poner límites a sus hijos en esta área?

Siempre digo que si toda esta tecnología se hubiera desarrollado en nuestra época hubiéramos tenido igual o más problemas que los adolescentes hoy. El problema es que nadie ha puesto mano en el tema: cómo enseñar a manejar responsablemente las redes sociales. Es un campo abierto. Lo máximo que puedes hacer es reportar a Facebook y que te respondan tiempo después, pero en otras redes puedes hacer lo que sea. Y los papás no ponen límites porque creen que es parte del crecimiento de sus hijos. Aquí no se trata de ser intrusivo pero sí de enseñarles a manejar ciertas cosas. De la misma forma que se comportan en el mundo físico se deben comportar en el mundo virtual.

Sus novelas incluyen párrafos bastante cuidados en cuanto al lenguaje. ¿Cómo ha ido formando esta capacidad a lo largo de los años?

Los estudios de literatura ayudan y enseñan  muchas cosas pero a veces la técnica debe ser natural. Creo que me ayudó mucho que mi mamá sea una narradora oral. Al ser el menor de cuatro hermanos, siempre me tocó acompañar a mi madre recibiendo a las visitas. Les contaba muchas historias, y además a ella le gustaba mucho la poesía. Escucharla y leer algunos libros quizás hizo que desarrolle esta sensibilidad en mi narrativa.

A muchos autores les cuesta ponerse en la piel de un personaje de otro género. En su caso es eso y además darle voz a una menor de edad. ¿Le sigue siendo complicado esto o ya lo domina?

Me tomé casi tres años escribiendo “Mal educada” y creo que lo más complejo fue esa parte. Tengo hijas y he sido un profesor que trabajó con adolescentes. Todo eso ayuda, pero fue muy difícil encontrar la voz de los personajes. Ahora viene un libro que se llama “Tan cerca, tan lejos”, cuyo protagonista es un adolescente, y me fue mucho más fácil escribirlo porque me identifiqué con el personaje y porque, evidentemente, somos hombres. Pero que mis tres libros hayan sido protagonizados por adolescentes mujeres fue bastante complejo.

¿Cuál es el ideal de la relación entre padres e hijos? ¿Amigos, patrón, cómplices?

Uno siempre tiene el modelo de sus propios padres, y quizás nos gustaría alejarnos de ciertas cosas que no nos gustaron, pero yo me he descubierto diciendo muchas cosa que mis papás me decían. Somos seres humanos que cambiamos y no tenemos siempre un ideal fijo de padre. Creo que un buen padre debe mostrar autoridad sin ser distante. Debe aprender a escuchar. En 24 años jamás empapelé a un estudiante. Siempre preferí hablar con él. A veces uno no sabe en qué situación está el estudiante al hacer algo malo. No digo que debamos ser permisivos, pero sí debemos comprender que quizás ese otro ser humano vive una situación difícil. Pero además de esto debemos buscar que la persona asuma que cometió un error y afronte las consecuencias. El padre es una autoridad pero debe entender que alguna vez fue hijo. Y como dice el viejo adagio: unas veces zanahoria y otras garrote.

En una parte de la novela la protagonista le pide a su médico que le baje la dosis de medicina porque se siente algo aturdida. ¿Cuándo es ya el momento de pasar de los consejos al ámbito profesional?

Cuando hay situaciones que a través del diálogo ya no son normales. Cuando descubres que se te sale todo de control. La droga que mencionas de la novela se llama benzodiacepina y causa ese efecto que ves en las películas de ver todo borroso y escuchar mal. La niña siente en un momento que todo se ha salido de control y pide que la hospitalicen. Le tenemos un miedo al psicólogo tremendo y al psiquiatra peor aún. Pero no, hay muchas enfermedades mentales que no necesariamente son peligrosas en sí, salvo que uno las deje desarrollar no tratándolas a tiempo.

En Perú han sido muy exitosas series como “El Patrón del mal” o “Narcos” sobre Pablo Escobar. Usted nos ofrece otro tipo de literatura. ¿Cree que este tipo de series y telenovelas glorifican el delito y la violencia?

Lamentablemente mucha gente en mi país glorifica esta clase de cosas y por eso los canales privados producen novelas y películas. A veces vas a una librería y encuentras el libro “Yo maté a Pablo Escobar” pero luego vas a otra y encuentras otro titulado “Él no mató a Pablo Escobar”. El daño que ese señor y los que se le parecen le hicieron a Colombia es muy grande. Y es molesto porque la gente en el mundo empieza a pensar que en mi país todas las mujeres y hombres somos mafiosos. Vengo de un país con gente muy importante como Gabriel García Márquez o como la científica Adriana Ocampo. A ellos habría que glorificarlos. Terminamos siempre hablando de personajes sanguinarios, que mataron, secuestraron y que nos dejaron una corrupción impresionante. Es doloroso tener que ver eso. Pero si fueras director de Netflix y eso te da dinero, pues está bien, En mi caso le apuntaría más a otras cosas. Espero que mis compatriotas entiendan que hay que trabajar más por la gente que nos da triunfos, que sí hace cosas por Colombia.