Siguiendo con la publicación de las entrevistas que realizamos durante la FIL Lima 2017, esta vez le toca el turno a Rafael García Godos Salazar, autor de “MVXØ Música para monstruos” (Paracaídas Editores).

Más allá de lo particular de su título, diseño y estructura, esta propuesta –según palabras de su autor—plantea una búsqueda constante y libre de expresiones y significados.

García Godos cree que cada lector encontrará en el libro su propia clave de acceso a un universo poético especial y único.

Aquí nuestra charla con el autor de “MVXØ Música para monstruos”:

¿Por qué “MVXØ Música para monstruos” y a qué se debe esta portada con diseño tan particular?

En realidad la idea del título empezó con la palabra “Mucho”. Cuando concebí la idea del libro había terminado de publicar “QUERIDOLUCÍA”, en el año 2007. La temática que estaba abordando entonces, que era la homoerótica, ocupaba toda mi poesía. Por ese entonces había poetas jóvenes que publicaban en otras editoriales, pero en mi caso yo todos mis libros previos los publiqué solo. Los edité y diseñé siempre yo.

¿Y por qué esta vez decides publicar con una editorial (Paracaídas)?

Porque me cansé. Siempre fui como un outsider, nunca entré a editoriales, busqué siempre proyectos independientes. Así que decidí reflexionar un poco más sobre el tema de por qué uno escribe o considera que puede ser un poeta o que hace poesía, más que hacer una carrera con ello. Me di cuenta que una cosa importante era no dejar de escribir. Así empecé a decir ‘Hay que escribir mucho’. Ahí fue la primera idea de la palabra esta que aparece en el título. Luego ya vienen los intereses creativos, porque siempre he abordado la visualidad, los códigos, la modernidad y la post modernidad, la tecnología. Entonces empecé a meterle un virus a las mismas palabras. Entonces la U se volvió una V. En el lenguaje de Internet la X es la CH. Y la O pasó a ser como un cero digital. Para mí la idea de escribir significa sugerir cosas. Mi idea es que cada uno perciba a su manera lo que MUXØ significa. Y finalmente lo de “Música para monstruos” es una decisión más editorial.

¿Cuáles son los monstruos que podemos develar en tu poemario?

Los monstruos, dentro del tema literario, dan mucho para hablar. En lo personal son básicamente los miedos. En mi libro hablo también de los malos amigos, de las drogas o de las party monsters. Si bien este tema abarca demasiadas cosas, son básicamente el motor que, dentro del sujeto poético, impulsa su búsqueda.

¿Qué tanto acierta Pancho Casas cuando dice que “MVXØ” es una clave de acceso a tu mundo?

Creo que está en lo correcto. Mis libros previos juegan bastante con la visualidad y los códigos. Es una constante. Solo que al comienzo era mucho más conciso, o sea, las palabras, el poema en sí, eran más cargados. Ya en “QUERIDOLUCÍA” hubo cierto aislamiento, neurosis o paranoia y acá ya se libera. Si bien es cierto hay códigos por todos lados, no es una clave de acceso que te limite o que no permite a los demás acceder a ella. Es más un comienzo para que cada uno cree su propia clave y siga adelante. A veces uno puede empezar a leer y pensar ¿de qué habla este tipo? Pero te jala hasta el ¿qué está sucediendo aquí? Y eso me gusta mucho, que gente que nunca lee poesía pueda entenderla.

¿Para qué sirve la poesía, Rafael?

La poesía en sí es una energía. Y por eso digo ‘que se olviden del poema’, porque al momento de escribir, lo que quería decir ya es polvo. Para mí es mucho más importante el proceso, divagar, tratar de buscar…

¿La separación de tu libro en tres capítulos marca la existencia de el mismo número de grandes temas?

En líneas generales mi libro es una búsqueda. Primero por diferentes intereses, como el poético al comienzo. Luego con La Casa Castillo viene una construcción del lenguaje. Fue algo bastante natural. Primero pensé que podía hacer tres libros chiquitos. Es que mi proceso creativo es bastante largo y caótico, pero al final cae bien. No soy de editar mucho. Mi libro comienza con unos epígrafes de Vallejo en torno a que si se le quita siquiera una coma a un poema deja de serlo.

¿César Vallejo es uno de tus referentes?

Es un referente de la poesía en general. Hay muchos poetas en la actualidad que se esfuerzan por marcar sus referentes. ‘He leído tal’, pero en mi caso expreso que los poemas no deben dialogar con nadie más que con el lector. En ese sentido la metaliteratura no va y si es forzada peor. De hecho a Enrique Verástegui lo menciono en varios poemas pero no en un afán de referencia. Lo he visto como un chamán, un guía, no lo sé.

En un par de años se cumplen dos década de “No importa borrar”, tu primer poemario. ¿Cuánto han cambiado tus intereses en estos casi 20 años?

Mi interés siempre ha sido variado. La temática hoy sí es bastante distinta. Es algo natural que se me ha ido presentando. Me interesó escribir sobre temas homoeróticos, sobre la homosexualidad y personajes travestis o drags. Pero a partir de un oficio, del proceso creativo, de los símbolos, etc. Creo que me he concentrado mejor. Al comienzo eran poemitas sueltos, se juntaron todos y ya. Pero ahora, como dice Héctor Hernández en la contraportada, el proyecto se radicaliza y coge una especie de ‘slap in your face’ y ya se puede centrar bien. Me parece que la experiencia que te genera varios libros es algo que puedo sentir. Ahora mismo tengo (en proyecto) dos libros más que trato de armar con temáticas distintas. Y eso me parece genial.

¿Tus dos libros en mente son poemarios?

Sí. El primero es una historia y el segundo se llama “Telerealidad”, es sobre temas de noticias, o sea, todo lo que uno ve en la televisión. Y esto también a partir de mi trabajo en el área de prensa del Ministerio Público, donde tengo acceso a noticias sobre asesinatos, violaciones, feminicidios, etc. Me ha llegado mucho material y así empecé a desarrollar este nuevo proyecto.

IMPORTANTE

Rafael García Godos Salazar ha publicado ya “No importa borrar” (1999), “Viruspop/Raggs” (2004), “ETO” (2005) y “QUERIDOLUCÍA” (2007).

“MVXØ Música para monstruos” tendrá una segunda presentación este martes 28 de agosto a las 7 p.m en La Emolientería de Plaza San Martín.