“A los niños les gustan los carros. A las niñas, las muñecas. Los niños son arriesgados, las niñas son delicadas. Los niños son buenos para los deportes, las niñas son buenas para hacer las tareas domésticas”. Estos son estereotipos de género y se establecen en la infancia por parte de padres, profesores, familiares, amigos y la sociedad en general. Lamentablemente, a medida que pasan los años, estas construcciones de lo femenino y lo masculino van calando profundamente en la conducta y desempeño de niñas y niños, de manera negativa.

 

Esta es la principal conclusión del estudio Global Early Adolescent Study, elaborado en 15 países por la Organización Mundial de la Salud y la Universidad John Hopkins. El estudio demuestra, además, que no importa que tan rico o pobre sea el país. El resultado es, en general, el mismo.

 

Hoy, desde aquí, y a la luz de la situación de las mujeres en nuestro país, le decimos NO a las ideas preconcebidas y falsas que limitan el potencial de nuestras hijas. NO, a las ideas que logran que, a medida que los más pequeños van creciendo, “el mundo se expanda para los niños y se contraiga para las niñas”. Ellas, en la pubertad, se enfrentan a muchas normas en relación a su cuerpo que supuestamente sirven para protegerse. Sin embargo, éstas exigen también un comportamiento de sumisión y necesidad de protección que las pone en riesgo de sufrir violencia física y sexual, ser obligadas a casarse siendo niñas, quedar embarazadas a una edad muy temprana, etc.

 

Como mamá, estoy convencida de que #LasNiñasTambién son fuertes y valientes, que pueden ser grandes científicas, jugar con dinosaurios, ser fanáticas de los superhéroes, preferir el fútbol a la gimnasia y disfrutar el rock and roll. Por eso -y con mucho amor- Almudena, Martha (de La Cuna Photo Studio) y yo, preparamos una serie de fotos utilizando algunos de los objetos más preciados de mi hija para contribuir a derribar los estereotipos que construyen barreras inútiles.

 

Empecemos hoy, trabajemos la igualdad de género en la infancia y no esperemos a la adolescencia.