Existe un momento en la vida de las mujeres, justo antes de que el trabajo/novios/internet las consuma, en el cual parece muy divertido hacer lo coloquialmente conocido como ladies night.  Trago, música y tus mejores amigas son la combinación perfecta para poder soltarte y liberarte de todos los problemas.

Manu, y sus 39 grados de fiebre, tuvieron la buena/mala suerte de caer en una de estas fiestas. La novia de Manu prometió cuidarlo y así, con la típica de “tú te quedas en el cuarto y yo de rato en rato entro a verte”, él permaneció a una pared de 5 chicas en vestiditos floreados que hablaban como les daba la regalada gana.

- Las cosas que escuché me hicieron replantear qué es ser una mujer- me comentó – las explicaciones que daban, cómo contaban todo, los detalles vividos, antipatías viscerales, planes maquiavélicos, las anécdotas de alcohol y cama que parecían propios de una porno de las hardcores buenas. Yo estaba hecho bola llorando.

- Jajaja – yo solo reía

- Con razón el General McArthur que decía que felizmente las mujeres no dirigen las guerras, sino no dejarían a ningún sobreviviente.

La frase citada por Manu me hizo pensar sobre la participación de las mujeres en las guerras y cómo nuestras habilidades habían sido malgastadas a través de los años. Las mujeres siempre hemos estado asociadas a los sentimientos, la bondad, al cuidar, engreír, al perfil bajo y la delicadeza.  A esto podríamos agregarle que físicamente somos menos fuerte que los hombres, aunque OJO, esto no se cumple en todos los casos.

Bajo estos estereotipos, se entiende porqué fue tan difícil imaginarnos luchando en una guerra. En las guerras todo era violencia, y para triunfar debías ser fuerte, despiadado y sin corazón- características que pocas veces se nos otorgaron. Fue así que la participación de las mujeres durante las grandes guerras se limitó a alimentar a los soldados y cuidar las heridas de quiénes habían caído en batalla.

Pero la experiencia de Manu y el cómo las mujeres nos comportamos en un círculo de confianza demuestra que nuestras habilidades han sido subestimadas. Demuestra que cuando lo queremos podemos ser tan estratégicas, crudas y brutales como un hombre lo es. El problema y, por ende, la limitación que hemos encontrado es que cuando nos comportamos así, se nos otorgan los calificativos de locas, histéricas, resentidas y un larguísimo etc.

Pongo este tema sobre la mesa como un reflexión de cómo las mismas habilidades que en los hombres son vistas como fortalezas, en nosotras son algo negativo. Y sobre todo, cómo es que históricamente se ha malgastado nuestra capacidad de maquinar y crear cosas increíbles. Inclusive, invisibilizando a las pocas mujeres que lograron romper esto.

¿Cómo hubiesen sido las guerras dirigidas por las mujeres? ¿Iguales? Ja, no lo creo.