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¿Usted escuchó alguna vez eso de que: “dos cabezazos en el área terminan en gol”? o que: ¿”equipo que gana no se toca?, o quizá esa otra de que ¿”entrenador que debuta no pierde”? (habría que cambiar uno por fecha si eso fuera cierto, y listo). Bueno, vamos a revisar algunas otras de nivel ‘macro’, de esas que nos ‘martillan’ en los medios toda una vida.

El Perú-Brasil del 70 es el mejor partido de los mundiales. Eso ahora solo lo decimos nosotros, los peruanos. Es como si afirmáramos que el siempre entrañable ‘Space Invaders’ del Atari es el mejor ‘game’ de la historia a estas alturas, cuando hay juegos en los que que un poco más y te metes tú adentro de la pantalla. Hasta ese momento -1970, lo del 4-2- posiblemente lo pensaron muchos en el mundo. Pero ya transcurrieron 46 años, no se pasen.

Primero se contrata al técnico, luego a los jugadores. ¿Quién dice? Es la fórmula ideal, eso es evidente, pero no pertenece al mundo real. ¿Creen que cuando Autuori, Umaña, ‘Maño’ Ruiz, Comizzo, llegaron al Perú, tenían idea de cómo armar la plantilla del club que los trajo? Si con las justas conocían a Cubillas y Sotil. Y todos salieron campeones ‘en una’ con el plantel que encontraron hecho. ¿Neymar no llegó un mes antes que el Tata Martino al Barcelona? El entrenador ya suele ser el último en arribar (se le ficha con lo que queda de presupuesto) y ello no significa un inminente fracaso. Para nada.

El seleccionador debe conocer el medio, haber dirigido un club local. A nuestra selección, por ejemplo, siempre llegan los que cumplen esa cuestionable regla de la ‘familiaridad’ con el lugar. Y todos ya sabemos cómo nos va. Conocer el medio es el camino más directo para no cambiar nada, para reducir el esfuerzo laboral, para ser subjetivo y elegir lo que es más afín a uno en el paso previo como estratega de club. “Hay una base importante, con experiencia”, se dice y listo. Experiencia en derrotas, seguramente, pero se asume que es experiencia igual.

Ningún técnico de prestigio mundial vendría a la selección. Mentira conformista de los apocados, sobre todo. Es como decir: “Soy feo, ninguna mujer bonita me va a mirar”. Parreira fue campeón del planeta el ’94. Un mundial después ya estaba entrenando a la ‘poderosa’ Arabia Saudita. Usted dirá: “Ah, esos tienen plata”. Bueno pues, ese fue siempre el problema nuestro, no necesariamente el ser limitados. Acá siempre quisimos traer en el tiempo a entrenadores tipo Telé Santana, Milutinovic, Carpeggiani, Felipao o Sampaoli pero por unos ‘ripios’. Cuando se ríen piadosamente y nos dicen “no”, ‘al toque’ decimos que es porque no tenemos nivel, porque futbolísticamente somos ‘feos’, da roche confesar que lo que ocurre en realidad es que nuestra delgada billetera nunca ‘mata galán’.

Los procesos largos garantizan resultados. Falso. Si fuera cierto, Arsene Wenger que cumplió 20 años en Arsenal, ya hubiese ganado no solo la Champions sino la Copa Interplanetaria. Respetar los procesos no asegura el éxito, como tampoco el cortarlos lo hace, eso es verso aplicado cuando el entrenador en riesgo nos cae bien por alguna particular razón. San Marino, equipo cuyos jugadores solo conocen lo que es un abrazo de alegría cuando llega Navidad, tuvo un mismo entrenador: Giampaolo Mazza, 15 años. Ese proceso tuvo menos éxito que acá las gestiones para seducir a Lapadula.

El 2-0 es el marcador más peligroso para quien va ganando. Bueno, definitivamente quien inventó eso ve el fútbol con la nuca. Si usted va a una casa de apuestas y su equipo, al que le jugó 500 soles, va 1-0 arriba, ¿se pone pone nervioso si luego va 2-0? ¿Cruza los dedos para que anulen el segundo gol porque con 1-0 se siente más seguro? ¿quién inventó eso? ¿Mr. Bean?. Hay entrenadores que lo repiten como un dogma. A ver, cuando van ganando 1-0 y su equipo hace el segundo, vayan donde el juez y miéntanles diciendo: “Sr. árbitro, anúlelo, lo hicimos con la mano”. Digo, para que estén más tranquilos con el exiguo golcito de ventaja ¿no?