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Estamos a horas de la final (de ida) de Libertadores. Juegan colombianos y ecuatorianos y la verdad es que más allá de quién la gane, el mensaje que deja esta versión 2016, al igual que las recientes que anteceden es que ahora con poquito, con casi nada, se puede llegar. No me refiero naturalmente a Nacional, que es un equipo ‘de fierro’ -como la ‘U’ de Chile de Sampaoli hace tres años en Sudamericana- pero sí al modesto Independiente del Valle. Baste con decir que este equipo nunca fue campeón en su país, no sé si en la Champions podría ocurrir algo así, pero el nivel de la Libertadores actual permite cosas así. ¿Se lo imaginan ante Real Madrid en el Mundial de Clubes? Estaríamos hablando de casi una maldad, un virtual descuartizamiento futbolístico.

Primera lección entonces para los clubes peruanos, sobre todo para sus dirigentes: Para pretender llegar en Copa Libertadores, lo inicial, lo básico, es creer que se puede llegar, y tomar acciones que apunten con sinceridad a aquello. En pocas palabras: actitud sobre el escritorio dirigencial, no solo en la cancha como se le exige –y es correcto eso- al futbolista. Porque ‘el torneo más importante del continente’ niveló hacia abajo hace tiempo. Los equipos argentinos, brasileños no tienen figuras y si las tienen, son casi ex jugadores. Miren que el que en Argentina se peleen hoy por jugadores peruanos de nuestro torneo casero, no es normal. ¿Tanto hemos mejorado? Este año, The Strongest le ganó a Sao Paulo en el Morumbí, y no hay que sorprenderse ni poner cara de Miss Universo cuando le ponen la corona. En el repechaje previo, a Franco Navarro le preguntaron por la eliminación cuando Vallejo perdió con Sao Paulo y respondió enojado: “No, a mí no me van a pedir que elimine a un equipo que se armó para ganar la Copa”. Los técnicos peruanos también están en este baile de la resignación anticipada. Claro, el jugador es el último eslabón de la cadena. “Perdimos pero nos vamos tranquilos porque dejamos todo”. Y así, todos conformes con la chapita del ‘siga participando’.

¿Y las figuras dónde están?

Es la cuarta vez en la historia de Libertadores que no hay un finalista brasileño ni uruguayo ni argentino, y tal como van las cosas, hay que irse acostumbrando. Entonces que Bolívar llegue a una semifinal en 2014, o que Nacional de Paraguay esté en el último partido de 2014 como ahora el austero cuadro ecuatoriano, no es casualidad. Y tampoco es que se dé como producto de un proceso revolucionario. ¿Qué tienen buenas canchas para entrenar? Seguro. ¿Qué trabajan en menores con ahínco? Fácil que sí. Pero, ¿son los únicos? ¿Los brasileños y argentinos no lo hacen? ¿En Chile y en Uruguay no se preocupan del tema?

La explicación es simplemente una: Sudamérica hoy coloca en la Libertadores, lo excedente, lo que Europa desechó, o no vio aún. Y en ese exterminio de nuestras canteras, en dicha ‘uniformidad de niveles’ los países ‘chicos’ salimos ganando. Claro, los ‘chicos’ menos Perú. Porque aquí los dirigentes y los periodistas seguimos con la historia de que “No se puede competir con otros presupuestos”, entonces para qué invertir (esto último es la ‘letra chica’ del mensaje). Bueno, ahí tienen a Independiente del Valle, tomen. Y mañana puede ser Palestino o Guaraní, no se vayan a desmayar.

Nosotros estamos, siendo generosos, un poquito atrás, los clubes peruanos que participan en torneos internacionales solo van para cumplir con la presentación y cobrar los ingresos por derechos de transmisión, total, no descuentan por número de goles encajados, por quedar últimos en el grupo tampoco te recortan el cheque, te paras en la cancha y ya. Hoy vemos que los clubes ‘grandes’ del fútbol peruano le advierten al hincha en la previa a la Copa: “La prioridad es el torneo local”. Y razonando así, contratan entrenadores que dan la talla solo en la liga peruana, jugadores de igual perfil, y listo. ¿Los refuerzos del extranjero? Ah, hay que mirar quién destacó en La Bocana o en Comerciantes Unidos para incorporarlos para la Copa. Cantoros, Palinhas, o tipos como el ‘Pelado’ Ferreyra, nunca más. Ahora se estudian ofrecimientos de jugadores de la Tercera o Cuarta de Argentina o la Segunda paraguaya para elegir qué incorporar. Y así, por más que los clubes de otros países vayan ‘con lo puesto’ a las Copas, igual nos liquidan ‘en una’.

En 2010, Alianza y la ‘U’ pasaron una sola fase, y muchos dijeron: “Campañón”, no es broma, ¡y de esa campaña solo nos acordamos los peruanos! Hay, inclusive, quienes creen que aparecerá en el ‘Libro de Oro’ de la Libertadores. Cristal no pasa hace 4 años una sola etapa, pero como llega con chance al último partido, tras la eliminación se dice: “Hizo una buena Copa”, en ese club estaban acostumbrados a cosas mejores no hace mucho. Entonces, también hay un problema periodístico de percepción: por interés o por conformismo, le decimos a la gente lo que no es, para acostumbrarla a que pida poco, y así le damos la mano al dirigente, de paso que vendemos un poquito más. El “Perú cayo luchando: 3-0” es tradicional.

‘Actitud’ es la palabra, creer que se puede, más allá del valor que para el largo plazo tiene la planificación, el tener infraestructura, promocionar menores. Pero con menores solos, no se llega a algún lado. Hoy es más fácil meterse en el grupo estelar de la Libertadores que hace 20 años, los clubes sudamericanos no tienen mucho, tratemos nosotros de tener ‘algo’ porque los empresarios arrasaron con los ‘cracks’ del resto del hemisferio y eso ayuda. Pero si acá se les dice a los futbolistas del propio club que no se puede competir, entonces es mejor quedarse en casa.