Se tomó un respiro, puso una pausa y el corazón en frío. Cuestionado como estaba, habituado a perder finales ya solo en el mejor de los casos, porque en otras la cosa era apenas despedirse antes de lo previsto, un buen día dijo: “Es hora de parar”, de luchar solamente por ‘subsistir’ bajo la sospecha masiva, permanente y murmurada de un retiro inminente. Porque a los 35 años, cuando cualquier deportista mítico ya deja de acercarse a la perfección luego de ser el amo y señor del Olimpo, todos quieren colocarle las pantuflas y... Seguir leyendo...