Un día, ‘El Gráfico’ murió. Acomodó su cabeza entumecida por los achaques en la mullida almohada del lento olvido, y expiró. Lo hizo como lo hacen quienes desean descansar al fin: Sin ruido, sin apenas una mueca de dolor. Nos dimos cuenta de ella nosotros, claro, los que en algún momento leímos sus ejemplares o tuvimos algún tipo de relación voluntaria o no con su organización, pero tengan por seguro que para las nuevas generaciones de aficionados, inclusive de comunicadores, se trató de una muerte casi inadvertida. El... Seguir leyendo...