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La Fifa hizo todo lo posible para que Paolo Guerrero corra la cancha en el mundial. No se tratará de Messi o Cristiano, pero al fin y al cabo, es una estrella, una prenda de lujo que dentro de un vestuario como el blanquirrojo, con no pocos componentes ‘gamarrenses’ y ‘polvosazuleños’, se hacía imprescindible de lucir p, porque para Infantino y los suyos, los países que van al mundial deben ir ‘bien vestidos’ dentro de sus posibilidades, con lo mejor que puedan ponerse. Esa es la premisa que tenían clara al habilitarlo. Y es que cada ‘figura’ presente en la cita mundialista, representa muchos miles de euros por sumar a las arcas, son ‘imanes’ de taquilla. Guerrero era, o es, como el ‘smoking’ para Perú (Cueva o Flores vendrían a ser algo así como las corbatitas ‘michi’ bajo esos parámetros, evidentemente), y Fifa nos dijo: “Ya, tengan, no dejen de llevarlo, por favor”.

Pero Guerrero, en su legítimo derecho -eso no se discute-, junto a sus asesores decidió apelar ante el TAS esos seis meses aún impuestos, y que así su inocencia quede marcada por todo lo alto, con sonido de trompetas. ¿Hacía falta? Hay que ver, porque ponerle 6 meses a un doping positivo que pudo ser hasta de dos años, como suele pasar en esos casos, era una manera tácita de limpiar su imagen. Fifa ya bajándole de un año a la mitad la sanción, prácticamente estaba diciendo: “Puede que nos hayamos equivocado, pero tampoco es que vamos a poner las rodillas al piso para pedirte perdón”.

Todos creemos en la inocencia de Guerrero, como también en que ni él mismo sabe cómo entró a su cuerpo la sustancia prohibida, y que ante su propio desconcierto, tenía que ‘inventar’ por necesidad la explicación, con lo cual las teorías de ‘la taza sucia’ y las ‘momias vivientes’, se hicieron viables. Y si decía que Maradona le estornudó la cara en una fiesta, lo tomaban en serio igual. Él tenía ganas de convencer, la Fifa de creerle. Hasta allí, todo bien, la ecuación era perfecta, “ganamos todos”, como se decía por acá cuando clasificamos a Rusia.

Pero apelando al TAS esos seis meses, el ‘nueve’ de la selección ha puesto nuevamente en discusión una situación de ‘cosa juzgada’ que le era favorable, permitiendo la participación de la WADA (Comisión Mundial Antidopaje) en el nuevo proceso. Y ellos entran para hacer tiras el ‘smoking’, por cierto. Es verdad, nada está perdido, igual puede ir a la fiesta, pero ahora la cosa es ‘50-50’, el castigo puede subir, bajar, desaparecer, doblarse. A la Fifa le interesaba ver a Guerrero en el Mundial, al TAS, por donde también pasan ciclistas, levantadores de pesas y maratonistas, entre otros -todos con igual peso específico-, le da lo mismo. Ellos no coleccionarán el álbum de Panini ni se bajarán emocionados el parche mundialista del ‘Fifa-18’. No son parte del ‘business’.

No faltarán quienes piensen que “es su problema, él verá qué hacer, no sean entrometidos”. No les falta razón, tal vez. Pero también recordemos que es un problema para la selección, porque ahora mientras no haya un fallo definitivo del TAS, en Videna tendrán que establecer un ‘Plan B’ tentativo al que tendrán que dedicarle todo el tiempo que puedan restarle al ‘Plan A’. Porque ahora resulta que Guerrero puede estar, pero también puede que no. Se dirá que todo marcha bien, pero la duda va a estar. ¿Era necesario apelar? Desde el punto de vista profesional del jugador, sí. Porque son seis meses sin poder jugar, y por tanto sin poder recibir un salario y tiene múltiples compromisos familiares. Pero más allá de eso, el Mundial, el más grande anhelo suyo, según sus propias declaraciones (hasta en su película lo dice), ha sido puesto en suspenso por él mismo. Tenía la bola ganadora en el bolsillo.

Pero él mismo la acaba de volver a poner en juego…