El 5 de setiembre me voy a vivir a Londres. Lo que significa, entre otras muchas cosas, que para este jueves  habré dejado el departamento en el que he vivido por más de un año y medio. Varias cosas se repartirán entre mi familia y algunos amigos, pero los libros (es decir, los que no lleve conmigo a Inglaterra) quedarán custodiados por mi mamá. Por eso he comenzando a empacarlos y en este proceso he vuelto a ver uno de los textos que más me ha gustado este año, y que supe que me encantaría desde que lo encontré en una estación de tren en Nueva York en diciembre pasado: A Kim Jong-Il Production (Paul Fisher, 2015).

A Kim Jong-Il Production

Basándose en distintos testimonios, el libro cuenta la historia de Kim Jong-Il, el ex dictador de Corea del Norte y padre del actual dictador, Kim Jong-un. Pero la enfoca desde una óptica distinta: la industria cinematográfica norcoreana, que Jong-Il decidió impulsar como camino para destacar y lograr que su padre (también dictador…) lo eligiera como sucesor.

Resulta que Kim Jong-Il -quien inicialmente estuvo a la cabeza del ministerio de propaganda- estaba tan obsesionado con las películas y su potencial como herramienta de la dictadura de los Kims, que ante la comprensible falta de talento actoral de una dictadura completamente aislada del resto del mundo decidió raptar a dos estrellas surcoreanas del cine para sus propios proyectos cinematográficos.

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Pulgasari: la película más famosa de entre las que protagonizó el surcoreano Shin Sang-Ok en Corea del Norte.

Fischer, por ejemplo, cuenta que durante la época de Kim Jong-Il las embajadas norcoreanas en los diversos países tomaban prestadas distintas películas. Decían que era para proyecciones privadas, pero en realidad las mandaban a Corea del Norte (y sin verlas antes, por supuesto). Jong-Il las veía todas…

Si esa historia ya era suficientemente interesante, el libro está lleno de datos sobre  Kim Jong-Il, sobre el régimen y sobre los crímenes cometidos en nombre de la dinastía de los Kim. (Aquí una advertencia: como siempre que estamos frente a información de Corea del Norte, hay que ser cautos. Después de todo, es muy difícil contrarrestar testimonios y comprobar la exactitud de lo dicho…)

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Fischer, por ejemplo, asegura que Madame Choi (la actriz raptada) fue llevada por el gobierno a distintos museos: tanto le gustaban estos a Jong-Il, que incluso había un Museo de la Construcción del Museo de la Construcción.

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El autor cuenta también que en el Museo de la Amistad Internacional se encontraba una limosina a prueba de balas regalada por Stalin.

Mi interés por Corea del Norte en realidad se remonta a unos cinco años. No recuerdo bien cómo comenzó, pero sí se que durante estos dos son muchos los elementos que lo han ido alimentando. Está, por ejemplo, la novela gráfica del francés Guy Delisle, que tiene el nombre de la capital norcoreana, Pyongyang.

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Delisle retrata a través de sus dibujos la historia de su paso por Corea del Norte -parece que ahí existen varios estudios de animación, y fue por eso que pudo pasar algunos meses allí.

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Delisle se hospedaba en un alto hotel que solo tenía luces prendidas en el piso 15…el de los extranjeros.

 

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Si el culto a la personalidad y el dictador cinéfilo les parecen raros, hay más de donde eso vino. Una de las cosas que más intriga me ha causado: la página oficial de la República Democrática de Corea del Norte, mantenida por la Asociación de Amigos de Corea del Norte (la verdad, no tengo idea de cómo comprobar si es que efectivamente es o no la oficial, pero así se llama a sí misma).

Ahí podrán encontrar, por ejemplo, información sobre los monumentos Norcoreanos.

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También sobre paquetes que permiten viajar a Corea del Norte o sobre cómo volverse Amigo de Corea del Norte (por el módico precio de 50 Euros.., porque hay cosas que sí tienen precio). Incluso existe una sección sobre los derechos de los norcoreanos que no les tomará demasiado tiempo de leer.

Si son personas más bien visuales, hay algunos tumblrs que valen la pena.

Como Kim Jong-Il looking at things (Kim Jong-Il viendo cosas)

Viendo productos de belleza
Viendo productos de belleza
Viendo un refrigerador
Viendo un refrigerador
Viendo un animal
Viendo un animal

Y luego, Kim Jong-un (el hijo de Kim Jong-Il) viendo cosas.

Viendo pinos.
Viendo pinos.
Viendo gaseosas.
Viendo gaseosas.

Ahora, también por supuesto hay recursos más serios y sumamente importantes para seguir lo que pasa en Corea. Vale la pena tener en mente la página del New York Times y de Human Rights Watch. Y estar siempre atentos: aunque pueda parecer gracioso que cada tanto aparezcan noticias que, por ejemplo, dan cuenta de los encuentros de las autoridades de Corea del Norte con personajes de Disney, lo que sucede en ese país está lejos de ser una broma. Detrás de los miles de absurdos que nos presenta ese país no se encuentra otra cosa más que la dictadura y la represión. Es necesario estar atentos y ser conscientes de que hay gente que aún vive en dictadoras absolutas, en las que hay fusilamientos y serios cuestionamientos al respeto a los derechos humanos.

 Ya saben, si les gustó la nota me pueden seguir en el Facebook de Sostiene Menéndez. Esta semana estaré compartiendo ahí en qué librerías pueden encontrar los libros de los que hablo en la nota.