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Ahorré durante más de un mes. A los 13 años de edad, mi único ingreso económico provenía de los bolsillos de mis padres y tíos. Todas esas propinas fueron guardadas celosamente para comprar un disco que, extrañamente, me había sorprendido: Hybrid Theory, el debut de Linkin Park.

Pero MTV tuvo la culpa. A fines del año 2000, la cadena empezó a rotar el videoclip de “One step closer“, primer sencillo de aquel disco. El sonido me desbordó: una voz gutural que guiaba el tema, un MC que lanzaba líneas de rap al mismo tiempo, guitarras distorsionadas, un DJ que generaba efectos, una batería y un bajo sincronizados. Entonces no lo sabía, pero era el nu metal por excelencia.

Fui decidido a comprar el disco a una discotienda que por esa época sobrevivía en la avenida Larco. En casa lo reproducí una, dos, tres, incontables veces. Meses después, para cuando se lanzó el sencillo “In the end“, ya era seguidor de la banda. Eran días dominados por los 12 tracks del Hybrid Theory, que no sucumbieron ante la consolidación de Limp Bizkit, Adema o Papa Roach.

Sin embargo, este repentino interés no me duró más de un año. Hacia el 2002, Linkin Park ya no formaba parte de mis gustos musicales. El nu metal también decayó su estatus de tendencia y desapareció progresivamente. Al menos, así fue para mí, que olvidé este subgénero por completo.

Ni siquiera sé cuál es la actual situación de la banda. No he escuchado ningún álbum de Linkin Park después del Hybrid Theory. Es peculiar: los he relegado a la categoría de placer culposo de mi prematura adolescencia. Un gusto efímero, pero hoy lleno de nostalgia. Sobre todo cuando me pongo a pensar que ya pasaron quince años de eso.

 


► Escucha el primer disco de Linkin Park aquí: