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Una oda cibernética a esa dolorosa canción del álbum Kid A (2000), “How to disappear completely”, despertó la intriga: Radiohead borró todo rastro suyo de Internet. Fotos y comentarios desaparecieron de sus redes sociales, al mismo tiempo que unas imágenes en blanco los reemplazaban. Así anunciaban la llegada de su noveno disco de estudio, A Moon Shaped Pool.

Pero no solo era una oda, sino también una metáfora. Desaparecer del entorno digital representaba, de alguna manera, un retorno de la banda al factor humano. Un concepto no habían explotado desde la era Ok Computer (1997) hasta el más reciente disco The King of Limbs (2011); años en los que la tecnología y su impacto sobre la cotidianeidad eran las premisas para las composiciones.

A Moon Shaped Pool es una puesta en escena diferente. Es, quizás, el álbum en el que Thom Yorke y compañía abordan las temáticas más orgánicas de toda su discografía. Tópicos que se refuerzan con sendos arreglos orquestales y letras impregnadas de contexto; pero también con una reanudada introspección.

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La canción que abre fuegos —figurativamente en el álbum y literalmente en su videoclip— es “Burn the Witch”. No es un track nuevo (de hecho, solo tres de los 11 temas que componen A Moon Shaped Pool son nuevos), ya que surgió en la época del Hail to the Thief (2003). Basa su sección rítmica en un frenético arreglo de cuerdas en staccato, que bosqueja el rango de acción de los demás instrumentos.

Le sucede “Daydreaming”, segundo sencillo que incluye una pieza audiovisual dirigida por el cineasta Paul Thomas Anderson. Este es, probablemente, el tema que mejor conserva la quintaesencia de Radiohead: esa melancolía demoledora que tan bien transmite la voz de Yorke, quien canta: «soñadores / nunca aprenden / más allá del punto de no retorno». A ello se suma un contexto sonoro propio del ambient.

“Decks Dark” y “Desert Island Disk” conforman un binomio de contrastes sonoros. El primer track se construye sobre infinitas voces corales, que al mismo tiempo abren paso a una percusión sencilla y efectiva (cortesía de Colin Greenwood y Phil Selway); y el segundo lo hace desde una perspectiva del folk, gracias a una sólida interpretación en guitarra acústica.

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Pero en A Moon Shaped Pool hay incursiones de todo tipo. Por ejemplo, la dinámica “Ful Stop” se proyecta como una exquisita pieza de krautrock y nos remite a las rutinas de Yorke con los sintetizadores en su trabajo como solista, Tomorrow’s Modern Boxes (2014). Luego, “Glass Eyes” nos devuelve a la sonoridad espectral de los arreglos de cuerdas –todos escritos por Jonny Greenwood e interpretados por la London Contemporary Orchestra–. Este tema, además, refuerza el carácter anti-pop del disco.

“Identikit” es una canción acondicionada para la ocasión, ya que fue estrenada en el 2012 con una versión más ligera. Aquí, el arreglo de corte dub-reggae-electro contrasta con la noción de perturbación que sugieren versos como: «cuando te veo a mi alrededor, estropeándome / no quiero saber» o «corazones rotos / los que hacen llover».  Por otro lado, “The Numbers” nos retrata un futuro apocalíptico causado por el cambio climático. Esta temática no es nueva y ha estado presente en tracks anteriores como “Idioteque”, del álbum Kid A.

Sin embargo, el disco tiene un punto álgido y ese es “Present Tense”. Con la rítmica de la bossa nova, la melodía propuesta en la canción se abre paso progresivamente. La voz de Yorke emerge y todos estos elementos se concatenan hacia el final, que es una suerte de fiesta tétrica. Una oposición fabulosa. Llega, entonces, “Tinker Tailor Soldier Sailor Rich Man Poor Man Beggar Man Thief”, que se formula inicialmente bajo la estética de algunos b-sides de la era Amnesiac (2001), ásperos y electrónicos, pero que luego sucumbe ante los arreglos orquestales de Greenwood.

 

Yorke y Greenwod en el La Fabrique Studios (Francia), donde se grabó el disco

Y si hay un punto álgido, también hay un punto aparte: “True Love Waits”. El track que data de 1995 fue liberado de su única versión oficial (se lanzó originalmente en I Might Be Wrong: Live Recordings, 2001) y retocado bajo los cánones del nuevo disco. Pese a ello, mantiene su desgarradora nostalgia a partir de un piano constante, de algunos elementos incidentales y –fundamentalmente– de la voz de Yorke. Ganó una duradera vigencia a futuro.

Existe un enorme hype detrás de Radiohead. Negar la gran expectativa generada por este disco, luego del modesto The King of Limbs, sería inútil. Como también sería inútil creer que el fenómeno mediático es la única virtud de A Moon Shaped Pool. Ese despojarse de su propio pasado le ha permitido a la banda inglesa concebir una producción natural, orgánica, poderosa. Ya no hay «más pánico, más vómito». Por el contrario: si bien en sus once canciones persiste la ansiedad, esta es de otro tipo. Una más real y humana.

 


 

 8,5 / 10 
 

Sello: XL Recordings
Producción: Nigel Godrich • Radiohead
Grabación: La Fabrique Studios (Francia)
Arte: Stanley Donwood
Formato: Digital • Vinilo • CD