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Cuenta Pedro Cornejo, en su título “Alta tensión: los cortocircuitos del rock peruano”, que hacia 1995 la escena de música independiente en el país había llegado a un punto de efervescencia. Incursiones como las de Dolores Delirio, Cardenales y Radio Criminal, así como las de sellos discográficos locales y colectivos de vanguardia, habían allanado el camino para la aparición de propuestas innovadoras, eclécticas y —sobre todo— sinceras.

En este contexto, surgió El Aire. En 1996, se editó su placa debut homónima, que evidenció todos los adjetivos mencionados anteriormente y que se convirtió —junto a lo hecho por Rafo Ráez en su Suicida de 16 y otras canciones, lanzado ese mismo año— en un punto de quiebre para el rock alternativo local (cabe decir que el rock alternativo era, de cierto modo, el adalid sonoro de aquella escena).

Tras su aparición irruptiva, la banda fundada por José Javier Castro concibió un segundo disco; una suerte de continuación musical del primer álbum, el cual había recorrido adecuadamente los caminos del noise, del art rock e incluso del kraut. Sin embargo, no fue grabado como debía. Solo circuló la maqueta de un ensayo parcial —registrado en el año 1998 y en baja fidelidad— gracias a la revista Caleta. Esa edición incluía un demo creado para la obra de teatro “Lorenzaccio”.

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La discografía de El Aire, no obstante, siguió su rumbo. Publicaron el triple álbum III – Noiculover y la fantástica circunstancia, nunca mas fuerte que el espíritu (2002), el disco en vivo All Night Wrong (2002), el recopilatorio de rarezas K’uku: frutos de estación, el conceptual V (2010) y el disco de covers latinoamericanos Pacífico (2015). Recién veinte años después del debut, el sello nacional A Tutiplén Records nos presenta su ansiada secuela sonora, II, tal y como debió salir en su momento.

Sobre este material, en una interesante entrevista publicada recientemente, J.J. Castro confiesa que: «En el caso de El Aire II, no era un disco que yo iba a desarrollar solo en mi cuarto haciendo electrónica. Para mí era el disco que iba en par con el primero [...] En términos de sonido –y esto lo contrasté con Wicho [García, voz de Mar de Copas], para tener una opinión experta–, él opina que sí es un sonido que se puede llamar El Aire II. Ahora, este sonido es ya más el resultado del estudio y la forma como se escogió hacer el disco».

Sin duda, II mantiene intacta la estética sonora del álbum primigenio. Una cualidad que se aprecia en canciones como la inicial “Agujero blanco”, “Restos de la vida” o “Ah! La vía crucis”, cuyas guitarras suenan firmes, vigorosas, infinitas. Aunque el verdadero dominio compositivo, el mismo que encumbró a Castro y su empresa musical a mediados de los años 90, se muestra en “Luz de ti” y “Lobo marino”. Ambas tienen en común el sincretismo de sonoridades anglosajonas y peruanas; la verdadera impronta de la agrupación.

Es justo considerar a El Aire como una banda de culto, con todas sus transformaciones y sus correrías musicales a lo largo de los años. Sí, es justo. Pero es más honesto decir que, hoy por hoy, es una banda vigente; que ha retornado a su raíz sonora, la ha traído de vuelta y la ha convertido en una de las producciones más destacadas del año en la escena local. Por no decir, la mejor.

 


 

 9 / 10 
 

Sello: A Tutiplén Records
Grabación y mezcla: Eddie Plenge en Dragonverde Producciones (Lima, Perú)
Masterización: Mario Breuer (Buenos Aires, Argentina)
Compilación y metadata: Luis García