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«El rock se presta mucho para lo que quiere decir la mujer, porque en estos momentos la mujer es la primera víctima de la violencia. La gente piensa que si la mujer hace rock tiene mucho que perder, pero en realidad no tenemos nada que perder porque los valores impuestos son eso mismo: algo impuesto. Que cada una trate de crear sus propios valores para sentirse realizada» (María T-Ta, 1987)

2017: Lima es la quinta ciudad más peligrosa para las mujeres en el mundo, pero parece que la escena local aún no se ha enterado. Parece que tampoco se dieron cuenta que este domingo una empadronadora del censo fue violada sexualmente mientras hacía sus encuestas en Villa El Salvador; y que luego tres conductores de radio Oxígeno banalizaron el asunto con frases estúpidas.

Pensé que alguna banda o artista nacional se pronunciaría sobre estos terribles hechos; que iban a alzar la voz −como corresponde− frente a la violencia cotidiana que viven las mujeres en nuestro país. Que se indignaran un poco. Y aunque seguramente lo hicieron, fue en silencio. He ahí el problema.

Porque… ¿cuán importante habría sido que una agrupación con decenas de seguidores en sus redes sociales (o miles, como aquellas bandas que suelen encabezar los festivales de rock peruano) se involucrara en esta coyuntura? Que se comiera el pleito y le dijera no a la tragedia social que viven las mujeres día a día. Que, con ello, hiciera reflexionar a un seguidor, quien quizá aún tenga ese chip machista, y que finalmente lo ayudara a cambiar en algo esa actitud. Un granito de arena.

No se trata de pontificar, sino de manifestarse… de no callar. Así lo hizo el rapero A.C.O en su cuenta de Facebook, quien a través de un video dijo: «Quiero que nos detengamos un poco a ver qué es lo que estamos haciendo, qué es lo que estamos diciendo y qué estamos rapeando, amigos colegas. Tenemos que ser conscientes de que esto [la situación de violencia contra la mujer] no está bien. Esto no es normal». Sabor y Control también hizo lo propio, así como DiazepunkBarrio Calavera.

Pero aún son la excepción de la regla. Debemos entender que en estos tiempos el silencio también es violento.