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La pregunta es necesaria: ¿por qué no hay más paridad en la música? Los organizadores del festival Primavera Sound, uno de los más importantes del mundo que se celebra cada año en Barcelona (España), ensayaron una respuesta hace unas semanas, luego de anunciar que el cartel para su edición 2019 tendrá un 50% de artistas hombres y otro 50% de artistas mujeres:

«¿Por qué hacer un cartel con paridad ahora? Porque deberíamos haberlo hecho hace mucho tiempo. Porque, revisando nuestros carteles de años anteriores y aun viendo la progresión de las últimas ediciones, había que dar unos cuantos pasos más. Si la mitad de nuestro público es femenino, ¿por qué no puede serlo nuestro cartel? ¿Por qué no puede haber paridad en horarios, estilos y escenarios? No ha sido fácil vencer las inercias heredadas durante tantos años, pero al fin y al cabo, si the future is female, ¿qué sentido tenía esperar? Nosotros empezamos por aquí, acelerando nuestro cambio para hacer un cartel que no debería ser excepcional, que queremos que sea normal».

Ciertamente, hay inercias heredadas. El problema no es reciente; mucho menos en el Perú, donde la desigualdad de género ha sido transversal desde hace décadas. Desde siempre. Y está presente en distintos ámbitos: el político (por ejemplo, días atrás se discutió que la conformación de la Junta Nacional de Justicia tenga paridad, lo cual finalmente fue descartado por nuestro bien ponderado Congreso); el social (la judicialización del enfoque de género en el Currículo Nacional Escolar ya lleva más de dos años); y por qué no, el artístico.

A propósito de ello, la plataforma feminista María Landó publicó una investigación cuantitativa sobre la presencia femenina en los festivales musicales más representativos del Perú durante el 2018. Sobre la base de 16 carteles, determinaron una conclusión que debería llamarnos a la reflexión: apenas el 13% de los eventos analizados incluyó a bandas integradas únicamente por mujeres o solistas.

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Según los resultados de esta primera aproximación de María Landó, el festival con mayor presencia femenina fue Aire Libre, con un 62,5% (y que incluso llegó al 75% cuando en el análisis se tomó en cuenta a las bandas mixtas que participaron). En la otra vereda estuvo el festival Road to Ultra, que registró el menor índice: 0%. Es decir, ni siquiera consideró un solo acto mixto, y por el contrario convocó únicamente a artistas masculinos.

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Fabiola Narváez, directora de Investigación de María Landó, explicó que los porcentajes obtenidos por cada festival representan de manera más objetiva la proporción de su participación femenina: «si un festival incluyó a cuatro bandas, de las cuales dos fueron de hombres y otras dos de mujeres, entonces obtuvo un índice del 50% de participación femenina. En ese caso, hablamos de un evento totalmente equitativo. Y si otro festival tuvo 20 actos y solo dos fueron de mujeres, la proporción será mucho menor [10%] y quedará clara la disparidad».

Entonces, ¿qué hacer? ¿Convocar a más mujeres solo por el hecho de ser mujeres? ¿Establecer cuotas? Narváez aclaró: «se trata de que tengamos mayores oportunidades de ser escuchadas. No solo un 13%. Se debe tomar en cuenta que esta investigación no pretende criticar el talento de las bandas masculinas, que lograron ser mayoría en estos carteles con su propio esfuerzo. Creo que existen tantas agrupaciones conformadas por hombres como por mujeres que son igual de talentosas, por ello no considero una situación favorable que los proyectos femeninos tengan tan poca visibilización».

Palabra clave: visibilización. La respuesta parece estar ahí, en convertir a los escenarios musicales en vitrinas de actos de todo estilo, carácter y conformación. El Primavera Sound ha dado un paso importante al cambiar los paradigmas de festivales; es decir, ha dado un mensaje. Y aunque puede resultar muy simplista sugerirle a los productores nacionales que hagan lo propio en nuestra escena, es necesario que se empiece a discutir este asunto en el Perú. Por lo menos, a debatir soluciones y lanzar propuestas.

Sobre todo en el ámbito del rock y la electrónica, ya que no se explica cómo, de los cinco festivales analizados por María Landó que obtuvieron una casi nula participación de mujeres, cuatro estén vinculados directamente a estas escenas: Solaris; El Rock No Ha Muerto; Alternativo Music Festival; y Road to Ultra. Este año, el Alternativo Music Festival repetirá un índice insignificante: 4%, debido a que solo contará con un acto femenino (Daniela Darcourt) de un total de 28.

¿Es que acaso en estas dos escenas el machismo es más evidente? ¿No hay mujeres que hagan rock y electrónica en nuestro país? ¿No se trata también de educar a las audiencias para que estas sean más receptivas con la participación femenina? El contexto social en el que vivimos exige cambios de modelos, o por lo menos –como ya se dijo– debates, discusiones, propuestas. Dar un mensaje.

Solo así se podrán vencer las inercias heredadas.

 

*Ilustración: Desiree Frank