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Habrá que preguntarse: ¿cuál es el mejor contexto para escuchar un verso de la poetisa argentina Alejandra Pizarnik? Pues, alguien dirá, quizás un cúmulo de guitarras distorsionadas; una amalgama de ruidos entre los que emerge una voz femenina, que recita: «Simplemente no soy de este mundo, yo habito con frenesí la luna. No tengo miedo de morir; tengo miedo de esta tierra ajena, agresiva». La definición de lo oscuro.

«La última inocencia», tercera canción del disco debut del dúo nacional Irreversible, nos ofrece ese contexto. El elepé entero –de título homónimo– propone esa oscuridad sonora. A través de licks de guitarra, riffs en quintas y loops electrónicos, Manuel Krause e Ignacio Briceño (ex Cocaína) delinean el camino que recorrerán las letras propuestas para el álbum, que entre otras situaciones nos narran la insatisfacción («Cerdo»), la culpa («Cabaret») o la derrota («Último territorio»).

Así también transitan diversos estilos sonoros, o por lo menos acercamientos a estos, como el post-punk (en «Blitz», el único track en inglés), el trip hop (con el tremendo arranque de «Sumisión»; o con la estructura de «Perder la fe», que cuenta con la participación vocal de Cristina Valentina); y el rock alternativo (en «Aura»).

Precisamente, el sencillo «Aura» se encarga de cerrar con eficacia el álbum. Su sonido con pincelazos shoegaze se complementa –una vez más– con la mística de los versos («Vivir es lo de menos, soñar es mejor que hacer / si vamos a jugar, juguemos a perdernos», canta Krause en una estrofa), los cuales refieren a la obra del mismo nombre del escritor mexicano Carlos Fuentes. De nuevo, la literatura oscura, que convierte a este trabajo en un vehículo –sonoro y lírico– hacia los límites de la racionalidad.

Hacia lo irreversible.

(7,5/10)

Sello: Independiente
Producción: Manuel Krause e Ignacio Briceño
Mezcla y Masterización: Eddie Plenge en Dragonverde Producciones
Fotografía: Raúl «El Avión» García