Como muchos de ustedes, todas las semanas me reúno con un grupo de amigos para pelotear un rato y botar el estrés de la semana. Son partidos muy entretenidos, jugados a una hora imposible para cualquier mortal común y corriente (sábados de 8 a 10 a.m.), en los que nos hemos dado el gusto de tener como invitados al ‘Puma’ Carranza, Jaime Duarte, Germán Leguía, J.J. Oré, el doctor Jorge Alva, Julio César Uribe y César Cueto.

Hace unos años, cuando compramos nuestras primeras camisetas, nos preguntaron qué número queríamos tener. Si bien por la cantidad de contusos que llevo al hombro mi juego se asemeja al de Samuel Eugenio, elegí el 20 porque era el número que llevó Chemo del Solar en sus últimas temporadas con la crema. Hace poco volvieron a hacerme la misma pregunta -estamos a punto de renovar nuestra indumentaria- y respondí de la misma manera: el 20. ¿Por qué elegir el número de alguien que nos metió un puñal en el corazón cuando se pasó al Rímac? ¿acaso su paupérrima conducción al frente de la selección nacional no basta para mandarlo al olvido?

Les confieso que cuando Del Solar se fue a La Florida la palabra traición retumbó en mi cabeza. No era el primer ídolo crema en vestirse de celeste -en los sesenta lo hizo Terry y, sin ir muy lejos, Gustavo Grondona se fue al Rímac a inicios de esta década tras pelearse con la dirigencia-; pero su caso era distinto.

Es que a Chemo siempre lo vimos como un hincha más. Cada vez que venía del extranjero se metía a la popu para alentar al equipo, resignó plata para vestirse de crema en su última etapa como jugador y en el 99 fue el principal artífice de esa vuelta inolvidable en Matute. Por sus golazos de tiro libre, sus servicios precisos y esa garra inquebrantable que solo quienes somos de Universitario podemos entender, nos hizo inflar el pecho de orgullo mil veces, aún en los momentos más difíciles.

A fines del año pasado, cuando algunos dirigentes lanzaron su nombre para suceder a Gareca, la noticia no despertó mayor entusiasmo. Tengo la sensación de que la hinchada esperaba alguna palabra, que Chemo tendiera un puente para la reconciliación, pero como el trato no se hizo, todo quedó ahí.

Respeto el derecho de Chemo de elegir donde trabaja y de aceptar la propuesta que mejor le convenga; sin embargo, estoy convencido de que aún le debe una buena conversa a la hinchada.

Por mi parte, aún en este momento en que su imagen anda por los suelos, sigo recordando al jugadorazo que se ponía el equipo al hombro y era capaz de definir un partido con un zurdazo inapelable. Esos momentos no los olvidaré jamás. 

Entiendo que muchos de ustedes no estarán de acuerdo conmigo. ¿Aceptarían la vuelta de Chemo al club?, ¿Les desagradaría verlo como técnico o en algún otro cargo?

Mientras tanto, les dejo un recuerdo de la primera final del 99.