No se perdió, pero duele. El triunfo estaba en la mano, hasta que un descuido cambió la historia. Sin embargo, más allá del resultado, Universitario demostró ante Vallejo que su propuesta sigue haciéndose fuerte, que con poco ha conseguido convertirse en un equipo atrevido y con ideas. ¿Hay errores aún? Por supuesto. El tránsito del abismo al cielo demora mucho más que un puñado de partidos.

Antes que nada, no perdamos la perspectiva. Jugamos contra uno de los equipos más poderosos del torneo, con banca para armar dos planteles de categoría y el dinero suficiente para ofrecer una cifra más que tentadora a un jugador de 34 años como Santiago Acasiete.
Por más que los últimos resultados entusiasmen, la realidad crema es distinta. Hay un plantel potenciado, pero aún corto, que necesita a gritos refuerzos en las tres líneas y que a pesar del generoso apoyo de su hinchada, y la confianza depositada por varios sponsors, todavía pasa múltiples apremios para llegar en azul a fin de mes.
Aún así, en un encuentro muy disputado, de ida y vuelta, se tuvo a mal traer al elenco trujillano. Cierto es que hubo pasajes oscuros, lagunas profundas de las que costó salir. También que algunos rendimientos individuales no terminan por conformar; sin embargo, ¿quién puede negar que las manos milagrosas de Eder Hermoza influyeron en el resultado final?
Es verdad, hoy miramos la tabla de otra manera; el juego que se ve sobre el verde hace que las ganas se desborden, que muchos olviden el fantasma del descenso y piensen ya no en un cupo para la Sudamericana, sino en la Libertadores o, incluso, el título.
Tranquilos. Respiremos unos segundos. La distancia con los primeros en la tabla es sideral. Aunque el campeonato sea largo y la mediocridad del mismo abra las compuertas del entusiasmo, no olvidemos la realidad del club.
Vamos por el camino correcto, pero no dejemos de pisar tierra.

Espero sus comentarios. Un abrazo para todos.