No es fácil ser hincha de Universitario. Hay que lidiar con la insania de ciertos fanáticos, capaces de perpetrar la barbaridad más atroz, las corruptelas dirigenciales y un estigma de soberbios que aunque surgió del encono de las hinchadas rivales, no solemos hacer mucho por librarnos de él. Hay, por supuesto, bastante de qué enorgullecerse, así como momentos difíciles que han puesto a prueba nuestro amor por los colores cremas, que por intenso se hace indestructible. Pero existe una persona que deshace nuestras diferencias y nos vuelve uno sin discusión. Se llama Lolo Fernández. Y él está por encima de todo.Ya les he contado que el culpable de mi hinchaje se llama Oswaldo ‘Cachito’ Ramírez. El héroe de la Bombonera lo era también de quienes escuchábamos o veíamos las hazañas de ese equipazo que armó la crema en la década del 70.
Poco después otros estupendos jugadores se unieron a mi santoral particular: Juan Carlos Oblitas, Héctor Chumpitaz, Eduardo Rey Muñoz, Germán Leguía, José Carranza, Juan Carlos Zubzuck, Jorge Amado Nunes, Chemo del Solar, Gustavo Grondona y algunos técnicos a los que me hubiera gustado estrecharle la mano como don Roberto Scarone.
Lolo era distinto. Podrías gritar los goles de Seminario o celebrar una carretilla del Puma; aplaudir un buen quite de Chirinos o vibrar con un golazo de Baroni, pero no había nada que se comparase con las hazañas de ese señor de ojos achinados y sonrisa perenne, que cuando anotaba un gol bajaba la cabeza, como si los aplausos y vítores que acompañaban sus cañonazos fuesen un premio más que innecesario, indebido.
Ninguno de mi generación lo había visto jugar, pero lo sentíamos presente, como si sus golazos a Racing o a Legario los hubiésemos vivido el domingo anterior. Con él existía una unanimidad que trascendía el color de la camiseta. No escuché ni leí a nadie decir algo malo de él. Su figura era símbolo de respeto, nobleza y humildad. Cualquier personaje, cualquier hecho, se empequeñecía en la comparación. Y nadie lo discutía.
Hoy que se cumplen 100 años de su nacimiento nada de esto ha cambiado. Lolo sigue reuniendo lo más puro de este deporte. Expresa todo aquello que quisiéramos ser, no solo como futbolistas, sino como personas.
Aunque es imposible imaginarlo desligado de Universitario de Deportes, no hay que ser hincha crema para serlo de Lolo Fernández. Es ahí donde radica la razón de su grandeza. Y es por ello que debe enorgullecernos de que sea uno más de la gran familia merengue.

¿Y quién es Lolo para ustedes?

Espero sus comentarios, un abrazo para todos.