Haber sido un gran futbolista no garantiza un exitoso futuro como entrenador. Ejemplos sobran aquí y en el exterior (desde el Nene Cubillas hasta Diego Armando Maradona). Tampoco haber llevado una vida ordenada –en lo personal o profesional-, estudios en excelentes instituciones deportivas, pasantías en los mejores clubes del mundo o ser un obsesivo de los videos.

Que no se entienda esta breve introducción como una manera de desdeñar la preparación en el ámbito deportivo, más aun en un mundillo como el nuestro donde abundan la informalidad y el amiguismo. Es simplemente una manera de señalar que el éxito profesional depende de una conjunción de factores, a veces puramente emocionales (el famoso “fuego sagrado” del que hablan tanto los argentinos).

¿Óscar Ibáñez es la mejor elección para dirigir a la ‘U’? En principio su nombramiento es una expresión de continuidad. Haber trabajado unos meses al lado de José del Solar implica que, de alguna manera, tienen coincidencias en su visión futbolística y de manejo de grupo. Sin embargo, salvo por su experiencia en el partido de la Euroamericana ante Fiorentina, no sabemos más de Ibáñez como técnico. Aunque ha sido capitán, referente –y, para mi gusto, el mejor arquero crema junto con Juan Carlos Zubzuck de los últimos 30 años-, desconocemos su capacidad para manejar situaciones extremas dentro o fuera del campo, o realizar alguna modificación sobre la marcha que permita, por ejemplo, reordenar el juego del equipo o tranquilizarlo en pleno pico de estrés.

Además, la planificación inicial establecía que Del Solar se quedaría hasta el final de la temporada e Ibáñez tomaría la posta en ese momento. Si bien en el fútbol estos cambios imprevistos no son inusuales, no deja de ser una modificación radical a un plan que, analizándolo con frialdad, no funcionó mal.

Después del desastre de la Libertadores y el flojísimo Torneo del Inca, era difícil pensar que Universitario, con un plantel similar y sin un refuerzo internacional de fuste, pudiera llegar a la última fecha del Apertura con posibilidades de pelear el título. La crema era un moribundo al que Del Solar resucitó. No llegó a más por errores y debilidades propias desarrollados hasta el hartazgo en este blog ( plantel corto, algunas defecciones individuales, la falta de luces tácticas de Chemo, etc.) que el común del hincha –y un gran sector del periodismo- difícilmente reconocerá porque los ‘ismos’ (resultadismo e inmediatismo) impiden ver las cosas en perspectiva.

Más allá de que la salida de Del Solar haya sido una buena o mala decisión (intuyo que se fue porque sintió, entre otras cosas, que no pudo recuperar el crédito con la hinchada y su salida traerá tranquilidad), la asunción de Ibáñez preocupa porque no existen referencias que avalen su labor como técnico de una institución del tamaño de Universitario de Deportes.

Traer a un entrenador más experimentado hubiera implicado deshacer lo que quedaba del plan inicial, empezar de cero y realizar un desembolso económico importante que, según diversas fuentes, al club le hubiera sido difícil de cumplir por la situación económica en que se encuentra. En tal sentido, detrás de la elección de Ibáñez parece haber una apuesta por un riesgo menor.

No soy amigo de Óscar, pero me parece un tipo ordenado y profesional, que dentro de la cancha dio todo por el club. Imposible olvidarlo encaramado sobre uno de los arcos de Matute celebrando el título del 99 o en uno de los partidos donde más cerca he estado a un ataque cardíaco: el triunfo sobre Peñarol en Montevideo, en la Libertadores del 96.

Aguardo que el éxito lo acompañe en esta nueva responsabilidad. El fútbol peruano necesita de brisa fresca con urgencia.

Espero sus comentarios, un abrazo para todos.

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