“Este equipo lo formé yo”. Hace pocos días, Óscar Ibáñez dejó sentada así su responsabilidad sobre lo que veremos de Universitario esta temporada y, de paso, trató de quitarse parte del peso por el fracaso del 2014. Las palabras que le dijo a DT de El Comercio sirven para marcar su territorio, pero también para dejar en claro que no habrá excusas que valgan si este año las derrotas vuelven a asomar.

¿Qué se vislumbra tras estos primeros partidos de la pretemporada? En primer lugar, que avance no ha habido. Al igual que en el último Clausura, el equipo juega sin un norte definido, el sistema defensivo mantiene la consistencia de un flan y arriba no sobran las ideas.

¿Lo mejor? A diferencia de otros años –y de otros clubes- se ha jugado con rivales de peso. Hubiera sido un engaño traer a un equipo como el Nasarawa o cualquier otro de tercer orden que habría permitido una noche de sonrisas ligeras y halagos excesivos. Las diferencias con el fútbol que se practica fuera de nuestras fronteras es abrumadora, de ahí que las falencias en el funcionamiento colectivo se agiganten, hasta casi ridiculizarlas.

Días atrás, a partir de la actuación de la Sub 20 en el Sudamericano de Uruguay, le decía a un amigo que el fútbol que practica el ‘Chino’ Rivera o Franco Navarro –muy clásico, con poca dinámica- sirve para el torneo criollo, pero no alcanza para marcar diferencias en el plano internacional. Quizás permita alguna actuación destacada –como el campañón del Vallejo en la Sudamericana del año pasado-, pero nada más. Por eso, frente a un rival mejor dotado técnicamente, que presiona cuando no tiene la pelota y sabe moverse con y sin ella, las posibilidades de triunfo se reducen a un error grosero del rival o a una jugada aislada. Lo sufrió la ‘U’ con River, Nacional y el último jueves con Deportivo Cali.

El problema de la crema es que, al menos, los equipos del ‘Chino’ o de Navarro saben a qué juegan. En Ate es un asunto indescifrable. Los planteamientos de juego no se reducen a que la pelota vaya y venga entre jugadores con la camiseta del mismo color. Se requiere una idea en base a la cual se generen una serie de movimientos entrenados que permitan alcanzar un objetivo.

Además de jugar a una velocidad del siglo pasado, no está claro qué pretende hacer en la cancha el cuadro de Ibáñez. Sin la pelota espera y presiona poco; y cuando la tiene,  pareciera que su único objetivo fuese dársela a Grossmuller o a alguno de los volantes que van por las puntas, para que ellos resuelvan con un pase o un centro sus apremios ofensivos.

Se puede jugar bien -y, ojo, ganar- entregándole el balón al rival o apuntando a la posesión. Ejemplos de ambos casos abundan en el mundo. Pero hay un aspecto que no se pueden obviar en el fútbol moderno de hoy:  jugar con rapidez. Esto no significa correr sin ton ni son, sino hacerlo con inteligencia. Es necesario saber desplazarse en la cancha con y sin la pelota –en cristiano, tocar y mostrarse-. Y marcar con rigor, presionar, no quedarse pasmado mirando qué hace el adversario en la cancha.

La ‘U’ no ha mostrado hasta el momento alguna de esas características. Además, carece de alternativas confiables en puestos fundamentales como el marcador de punta izquierdo, el volante de salida, los extremos y el punta. Entregarle la labor de creación a un jugador de buen pie como Grossmüller, pero trotón, alcanza para el fútbol de entrecasa. Y no es solo él. Ante River me quedó grabada la imagen de Canchita recibiendo un pase por la banda izquierda y cómo, cuando intentaba acomodarse, ya tenía a dos jugadores encima que, con facilidad, le robaron la pelota.

El problema de la crema no es un asunto de refuerzos, sino de idea de juego. Grossmüller y García pueden ser determinantes en el Descentralizado. Benincasa tiene un enorme futuro y a Guti hay que esperarlo aún.  Pero… ¿Y la Sudamericana?

Por último,  quiero dejar sentada mi posición sobre dos temas:

1. Aunque creo que es uno de los mejores goleros del medio y es un lujo para cualquier equipo peruano tenerlo en sus filas, la contratación de Raúl Fernández puede ser perniciosa. Carvallo necesitaba competencia, pero haberle hecho un contrato a largo plazo al ex Dallas FC expresa un mensaje muy claro hacia José: te queremos, pero queremos más a Raúl. ¿Competencia? Sí. Pero en igualdad de condiciones.

2. Rainer no debió irse.

Seguimos conversando en @tcrema o en Facebook.