El último papelón: derrota ante Defensor en la Sudamericana. Fue solo 0-1.

 

 

Solo un irresponsable es capaz de abusar de su suerte. Eso ha hecho Universitario de Deportes en los últimos años.

Lo peor es que un día, cuando menos lo piense, se le va a acabar.

Su suerte mayor es pertenecer a un fútbol precario, desinstitucionalizado, donde las reglas no se cumplen y es posible sobrevivir manejado por irresponsables, debiendo casi 100 millones de dólares.

También haber encadenado la serie más larga de malas decisiones que se recuerde desde que se fundó –futbolísticas, empresariales y cualquier otro etcétera posible de imaginar- y aún así, con un técnico rescatado de la penumbra, le alcance para aspirar a salvar la categoría. Porque aunque no juegue a nada y cueste mirar a este equipo sin un signo de dolor, la ‘U’ puede quedarse en Primera. Sí. Aún hay equipos que juegan peor o que, sencillamente, no pueden mantener su regularidad en casa ni afuera por diversos motivos. Por eso la crema más desteñida que se recuerde en años puede mantenerse en eso que algunos llaman, con mucha sorna, la división de honor del fútbol peruano.

“No hay garra sin una idea”, dijo Daniel Peredo en una reciente columna en la que recuerda que si la ‘U’ está en estos momentos fuera de la zona de descenso, es por el punto obtenido por su reserva en el Torneo del Inca. Pretender que las cosas van a mejorar solo por haber convocado a un ídolo como Roberto Chale para que se haga cargo del banco, es una ligereza mayúscula, como si el fútbol fuera magia y solo hicieran falta las dotes de un prestidigitador.

La crema no necesita un mago. Necesita un técnico. Alguien que sepa manejar el vestuario, descomprimirlo, generar esa empatía que –según parece- nunca logró establecerse con un entrenador de los galones de Suárez. Pero por encima de todo, alguien que logre poner en práctica una idea de juego. Nada más que eso.

Poner a Toñito delante de la línea de 4, como si fuera un viejo mariscal cuya presencia generase pánico seguro en el rival, es un rapto de ingenuidad propio de quien se quedó estancado en el tiempo y olvidó que hoy, en el fútbol, no defiende uno, sino todos. Armar un tridente ofensivo, imaginando que solo por volumen las posibilidades de gol estarán servidas, invita a pensar en un profundo desprecio por el juego colectivo y por lo que señala Daniel: la idea. ¿Los chicos se matan en la cancha? ¡Cómo negarlo! Hasta Polito, quien parece haber dejado guardada la confianza en un armario escondido de su casa, sale de la cancha con la camiseta anegada de sudor. Lo mismo Dulanto, Braynner, Carvallo, Ruidíaz, Orejas y hasta el exasperante Alemanno.

Pero si no se sabe a qué se juega siempre será más difícil. Y descubrir qué quiere hacer la ‘U’ en la cancha ha sido imposible con Ibáñez, Suárez y ahora con Chale. ¿Qué suele verse? Un equipo cortado que, por ello, se hace largo. Que sin pelota se desubica con facilidad y marca sin rigor. La mediacancha es un lugar de paso, donde la elaboración está ausente y que pese a contar con jugadores talentosos adelante, es incapaz de generar alguna triangulación efectiva por la enorme distancia territorial que separa a sus creadores –lo más cerca que se ven Flores y Giménez es en la salida del camarín- y su incapacidad para generar espacios sin balón.

¿Aún así la crema se puede salvar?

Sí, porque estamos en el fútbol peruano. Y en la cancha –y fuera de ella- pueden ocurrir cosas inimaginables.

Por eso la ‘U’ abusa de su suerte.

Pero un día se le puede terminar.