Las ganas de buscar el archivo, de comparar este arranque espectacular con otros de la historia grande de Universitario, tientan hasta al hincha más calmo. Veintiún goles en nueve partidos es una marca estupenda aquí y en cualquier torneo del mundo. El vértigo que meten Flores, Guastavino, Polo y Ruidíaz cuando están enchufados entusiasma; el crecimiento de Cáceda tranquiliza, la garra de Benincasa conmueve…

Pero como dice el meme, me acuerdo que es el fútbol peruano y se me pasa…

Nuestro balompié transita con méritos propios por el sótano de Sudamérica. Los resultados de la selección mayor y el fracaso de nuestros representantes de la Libertadores son muestras elocuentes que cuando salimos de nuestro patio, los vecinos barren el piso con nosotros. ¿Entonces, no debemos enorgullecernos por el gran momento de Universitario en el Apertura?

¿Por qué no? Esta crema es un antídoto de alegría para un fútbol de caras largas y demasiados dientes apretados. Al equipo de Chale le falta muchísimo para estar a la altura del que ganó el tricampeonato en el 2000, el relojito inexpugnable que construyó Reynoso en el 2009, el cuadrazo de Markarián del 93 o esos planteles maravillosos que hicieron que Universitario se codeara con la élite de Sudamérica entre 1960 y 1975.

Sin embargo, la gran virtud de esta crema es que le ha devuelto las ganas de volver a la cancha al hincha y eso, en un fútbol donde los estadios no son cómodos ni seguros, y el espectáculo suele ser una invitación al aburrimiento, se agradece. Y mucho.

La resignación a comerse minutos eternos de amargura, de angustias por errores absurdos, de pases ridículos e intrascendentes, se ha difuminado. El hincha de la ‘U’ va al estadio entusiasta, feliz, sabe que de repente se va a sufrir un poco con las desconexiones entre Benincasa y García, que Chávez sigue siendo una moneda al aire, que a Romero le cuesta dar un pase certero… pero sabe también que cuando la agarran los de arriba, es imposible quedarse sentado.

A este equipo le falta muchísimo para ser un cuadro compacto. Los de arriba olvidan rápido que cuando se pierde la pelota hay que recuperarla, entonces los del medio sufren y los centrales empiezan a sudar frío. Hay movimientos tácticos que se necesitan repasar una y otra vez y, buscar un refuerzo en la zaga que mande y, sobre todo, ordene.

Pero pese a todo, esta crema es una inyección de alegría a la vena, que en estos momentos de incertidumbre solo queda agradecer.