El gol de Juan Manuel Vargas retumbó en el Monumental como si de una final de Mundial se tratara. Explicar la conexión emocional entre el hincha y uno de sus hijos predilectos sería ocioso. Solo basta decir que el Loco, a pesar del dinero y el éxito, no olvida a los suyos. Es vehemente, travieso y reilón. El barrio lo expone, nunca lo disimula. Y la crema la lleva prendida del pecho. Con mucho orgullo.

Por eso en Ate lo adoran y en el camarín –según cuentan- lo respetan. Es tal su ascendencia que Chale le ha inventado un puesto y ha acomodado el equipo a su medida mientras vuelve a su peso y recupera el ritmo. Discutir si la ‘U’ es el Perú -con todo lo que esto significa- puede ser eterno, pero esta ‘U’ es Vargas, sin ninguna duda… lo cual no necesariamente es una buena noticia.

Por momentos, el Loco quiere hacer de Chemo: retrocede, pide la pelota, levanta la mirada y larga la zurda. Intenta ponerse el equipo al hombro, no se esconde. Pero decía que esta crema es la encarnación del ex Fiorentina porque juega como él: con movimientos atortugados, pasecitos inofensivos hacia los laterales, incómodo consigo mismo. Como ha perdido ligereza, le cuesta soltarse por las bandas e intenta resolver sus apremios ofensivos con un balonazo largo o un remate desde lejos. Más variantes no aparecen en su paleta. Entonces, el juego se hace predecible y aburrido.  Y para equipos bien plantados el trabajo se facilita. Huancayo, con pocas luces, se limitó a ser ordenado. Y cuando tomó confianza se fue en busca del empate y estuvo a un tris de alcanzar el triunfo.

En la ‘U’ del 2016 la mediacancha era un espacio de tránsito, un carril de paso para tomar viada. Esto provocaba que por momentos se viera partido y desconectado, tornándose vulnerable en cada contra . Su virtud estaba en la habilitación rápida hacia los extremos y el ritmo trepidante que estos imponían con el acelerador al máximo.

Hoy la crema juega con los motores apagados. Cada vez que Núñez toca una pelota, la tribuna suelta una lágrima por Polo. El único capaz de remedar el desequilibrio añorado es Alexi Gómez. Pero todos sabemos que la Hiena tiene un parque de diversiones en la cabeza, y así como puede encarrilar una actuación soberbía como ante Capiatá,  es capaz de atraer un mar de maldiciones por su facilidad para tomar las peores decisiones en los momentos más inadecuados.

Esta es la ‘U’ de Vargas, modelo 2017, de movimientos paquidérmicos y mínima excitación. Un equipo en el que hay tantos zurdos como mediocentros, repleto de nombres fulgurantes que, tras cuatro partidos, aún es incapaz de exhibir un mínimo patrón de juego.

El hincha puede esperar a Vargas. ¿La ‘U’ puede darse ese lujo?