Lo que pasó esta noche tiene nombre y apellido: fracaso vergonzoso. No hay manera de disculpar no solo la derrota, sino la forma cómo la ‘U’ fue humillada en casa por Capiatá (0-3), sin hacer sentir un solo segundo la importante ventaja que había obtenido en la ida (3-1). Pero no nos engañemos: por lo que había mostrado la crema en este inicio de temporada, resultados como este se veían venir. Faltaba toparse con un rival con mayor puntería. Los goles que erró Huancayo el domingo, los marcó Capiatá.

Sumar nombres importantes no hace necesariamente un equipo. La ‘U’ es una conjunción de estrellas opacadas por su propio brillo, reunidas por la imposición de sus nombres, sin una idea que las vincule. ¿A qué juega la crema? O, mejor dicho, ¿a qué pretende jugar? Ese es un misterio que conforme pasan los partidos se hace más difícil de resolver.

Sigo creyendo que Capiatá es un equipo vulnerable. Pero fue justamente a partir de esa conciencia de sus limitaciones que se hizo fuerte. Gavilán entendió que cualquier plan que tramara para la operación Lima debía pasar, en primer lugar, por un orden a prueba de balas, a fin de evitar los espacios que Gómez tan bien aprovechó la semana pasada. Lo siguiente fue acumular hombres en el mediocampo para manejar la pelota y hacer una presión alta para el momento que la perdiera.

Tuvo también algo que no abunda en el fútbol peruano: fortaleza mental. Los paraguayos salieron convencidos de que el partido podían ganarlo y no abandonaron esa idea hasta el último segundo. Lo suyo no solo fue correr e incomodar, sino demostrar en cada cruce, en cada choque, en cada pelota dividida que la clasificación iban a pelearla sin dar tregua. De Ate iban a sacarlos muertos, eso estaba claro.

Sería un error señalar que la ausencia de Vargas fue determinante en la eliminación. Su pobre estado físico y su falta de ritmo futbolístico lo hacen prescindible en la competencia internacional. El problema de la ‘U’ es mucho más simple y grave a la vez: no tiene patrón de juego. No se sabe a qué juega, ni qué quiere. Y esto se debe a una conformación deficiente del plantel (hay, entre otras cosas, una sobredosis de zurdos y volantes centrales) y a un cuerpo técnico con un libreto limitado que debió ser licenciado con el final de la última temporada.

Sin embargo, con el clásico tan cerca, no creo que la dirigencia tome alguna decisión inmediata sobre Chale y sus asistentes. Lo sensato sería que este domingo, más allá del resultado que se obtenga en Matute, los reemplace por un entrenador con ideas modernas, que pueda darle forma a esta desordenada mezcla de nombres rutilantes cuyo único vínculo pareciera ser el color de la camiseta que visten.

Mi mayor temor, empero, es que un triunfo sobre Alianza maquille esta realidad penosa y le brinde un poco más de oxígeno a este fracaso. Porque lo que pasó esta noche en Ate fue eso: un fracaso sin disculpas. Y alguien tiene que hacerse responsable por ello.