Alianza Lima ganó el Descentralizado del año pasado jugando un fútbol que no le hacía honor a su historia, ligada con la picardía y el buen toque. Lo ganó a la uruguaya: peleando, obstruyendo, metiendo centros, con alguna que otra huacha y pisada de pelota. Pero eso al hincha no le importó. Ese mismo hincha que semana a semana mataba a Bengoechea, lo subió a los cielos luego del título.

Ahora, cuando a su equipo se le vuelven a ver las costuras, y no aparecen los resultados, al uruguayo no lo quieren ver más.

Pasa en todos lados.  Un entrenador dura menos que un ministro del Interior peruano. Por eso casos como los de Ferguson,  Wenger o del propio Gareca suenan tan extraños, no solo aquí, sino en el resto del mundo. Y los directivos, que tampoco se caracterizan por su paciencia, no aguantan demasiado y cortan, a veces de muy mala manera como los cusqueños de Garcilaso.

Desde que manejo este blog, tengo por costumbre intercambiar ideas con hinchas después de los partidos. Algunos de estos diálogos son muy interesantes e ilustrativos; la mayoría no tanto. El grito tribunero es el santo y seña para matar a la figurita de turno. Los nombres, por estos días, los conocemos todos: Romero, Siucho, Benincasa, Troglio, Chávez…

Entre ellos nunca faltan los que apelan a la historia, sazonada de una serie de frases hechas que, lamento decirlo, no sirven para ganar partidos. Mientras no se cambien las reglas, el fútbol se gana anotando más goles que el rival y no repitiendo frases como “somos el cuadro más copero”, “así lo manda nuestra historia”, “hemos salido de peores” o el mentadísimo “la ‘U’ es la ‘U’”.

Recién estamos en abril, pero así como está Universitario, el destino final parece más oscuro de lo que el hincha más optimista imagina.

Reconozco que ya en otras oportunidades he advertido de lo mismo (incluso en el 2013,  la temporada en que fuimos campeones), pero esas veces se hicieron correctivos que, ahora, veo más difíciles de tomar. ¿Por qué?

1. No podemos contratar. El optimismo sobre lo que vaya a decidir el TAS no veo en qué se fundamente. Algunos, incluso, hablan de que la FPF tendrá que pagarle al club una indemnización. El TAS es un tribunal arbitral que, como cualquiera, evalúa las posturas en litigio y decide. No le interesa si la ‘U’ es un club importante del Perú o el más campeón. Se basa en hechos. ¿Qué hace pensar que le dará la razón a Universitario de todas maneras?

2. ¿Con qué dinero? Si el fallo del TAS resultara favorable, ¿con qué dinero se va a contratar? El presupuesto, hasta donde sé, se sostiene con tiritas y si el club se descuida, puede caerle en cualquier momento otra sanción de la comisión de licencias. A Alexi Gómez no se le retuvo porque representaba una inversión de unos US$60 mil, un gasto manejable para cualquier club grande, menos para la ‘U’. Y las negociaciones con el sponsor aún se van a prolongar.

Lo más probable es que se termine contratando jugadores del medio local. Y no necesariamente los mejores.

3. ¿Más juveniles? Entiendo la desesperación de muchos, pero la afirmación de que “cualquier juvenil” es mejor que Romero, Siucho o Benincasa (por mencionar a los ‘caseritos’) no se sostiene en la realidad. De los muchachos promovidos este año, los únicos que han rendido con Velarde y Osorio. A De la Cruz le pusimos una mochila enorme y el pobre chico, como es lógico, no pudo sostenerla y ha vuelto a la reserva. Más allá de la manera cómo se trabaja con las fuerzas básicas, en ningún club del mundo todos sus juveniles tienen un salto exitoso a Primera. Existen una infinidad de factores en el medio, que en el caso de Universitario tienen un sesgo más negativo por el estado de la institución. Tirarles la responsabilidad de años de desastre dirigencial es injusto y absurdo.

Como todos, espero que las cosas cambien, el equipo encuentre el rumbo y vuelva a ganar. Aguardo que el TAS nos dé la razón y en agosto, sin desbaratar el presupuesto, tengamos refuerzos de fuste que ayuden a terminar el año en puestos de avanzada. Pero en estos momentos, no hay nada concreto que me permita pensar que las cosas vayan a ser así.