Decía El Veco que una vez ocurrido un hecho y reunidos los datos, hay que escribir de inmediato. Con el corazón reventando el pecho, las imágenes frescas en la cabeza, sin dar espacio a la tregua que enciende los tic tacs del raciocinio y atenúa la pasión.

Anoche, tras el triunfazo sobre Boys, tenía unas ganas locas de romper las teclas y llenar la pantalla con palabras que expresaran todo eso que ustedes deben haber sentido. Si un triunfo frente al rival que sea ya es noticia, este lo era más porque los porteños, además de contrincantes históricos, son un adversario directo en esta copa particular que se juega para salvar la categoría.

Pero preferí esperar. Olvidé el consejo del maestro y dejé que los latidos reduzcan su velocidad. La situación es tan delicada que requiere calma, cierta asepsia en el manejo. El humo, ese que luego tanto criticamos, es tóxico. No sirve para inflar el pecho.

La ‘U’ de Córdova es más agresiva que la de Troglio o Chirinos. Mira el arco contrario antes que el suyo y busca acorralar desde el saque. Le gusta jugar por las bandas y tiene un poco más de asociación cuando la pelota pasa por los pies de Manicero, el hombre que más sabe con la pelota en los pies.

Es un planteo interesante, pero audaz para un equipo con limitaciones. Porque el problema de Universitario es el mismo de siempre: falta de jugadores en puestos clave. El pundonor de Schuler y Benincasa es indiscutible, tanto como sus limitaciones en el hombre a hombre (no marcan, miran) y la ubicación. Y a Velarde le falta rodaje para convertirse en un reemplazo firme. En la volante Figuera y Páucar tienen quite y pase, pero son como lucecitas de Navidad: se encienden y apagan casi a la misma velocidad. Por derecha, el lado más débil del equipo, Córdova ha intentado con Osorio ante la ausencia de Quintero. Y aunque Anthony no le ha huído al reto, lo suyo es empuje, nada más.

La impresión que deja esta ‘U’ es que genera más ocasiones que antes. Pero si el punche ofensivo es como un abrazo del Osito Paddington, no sirve de nada. Chávez erró tres goles infames ante Rosario; frente a Boys buscó el arco en dos oportunidades sin mayor suerte. Un 9 que no mete miedo es un postrecito para cualquier defensa. Y a los rosados, recordémoslo, se les gana con un gol de rebote (Siucho) y otro anotado, para variar, por un defensor (Schuler).

La ‘U’ necesita contratar. Urge, al menos, de un zaguero (un cuevero con experiencia), un volante de salida y un 9 de peso. Con eso podrá tener más aire para afrontar lo que viene que, conforme el tiempo se acorte y la tabla apriete, será más difícil. A su favor tiene su garra, que existen equipos que juegan igual o peor (Boys es una suma de nombres en declive) y el talento de Manicero, a quien deberá añadirse Quintero -crucemos los dedos- antes de setiembre.

¿Y la hinchada? Ojalá que los veintitantos mil que fueron al Nacional el martes se repitan, sea en el Monumental o en el José Díaz. Este es un año clave y el aliento es indispensable. El Dale U tiene que escucharse fuerte, sin descanso. Hasta el minuto final.