- “Yo sé que la ‘U’ se va a recuperar”

- “No bajamos”

- “Hay otros equipos en caída libre”

Hasta donde recuerdo, los descensos en los torneos de fútbol se definen en función del puntaje, no de los buenos deseos.

El análisis del rival importa, pero si al revisar la tabla acumulada se advierte que esos equipos en supuesta caída libre tienen hasta diez puntos de ventaja, como es el caso de Binacional, ¿en qué se sostiene esa afirmación?

-”La camiseta”, “la historia”…

Imagino que en algún momento del 2011, los hinchas de River pensaron lo mismo, ¿no?

Hay un rasgo común entre las frases que repiten los hinchas de Universitario por estos días: ninguna destaca sus méritos futbolísticos. Ni siquiera a sus figuras. La deseada permanencia en la división de honor se basa en la confianza ciega de simpatizantes con sospechosas dotes proféticas y en el implícito reconocimiento de que el equipo de Córdova es malo, pero hay otros más malos en competencia.

El panorama es, pues, desolador.

Cuando le levantaron el castigo a la ‘U’ y se anunciaron las nuevas contrataciones, escribí que había plantel no solo para salvar la categoría, sino hasta para pelear la clasificación a la Sudamericana. Obviamente, el objetivo principal era mantenerse en primera; lo otro podía venir después.

Para ganar hay que jugar. No como el Barza o como el Milan de los holandeses. Hay que sumar, al menos, tres pases seguidos. Y la crema no consigue ni eso. No juega. O, mejor dicho, juega a algo imposible de catalogar.

Sin pelota presiona poco y como sus defensores se paran delante de la línea del área grande, invitan al rival a que meta el pase largo a sus espaldas. Lo hizo Cristal en el Nacional, lo hizo San Martín el domingo. Súmenle que, aún con Corzo, sus laterales no son garantía y los centrales marcan mal en las pelotas paradas.

Con el balón sufre mucho. Sus opciones de ataque se limitan al juego por las bandas (¿seguirá Siucho jugando con el perfil cambiado tras la vuelta de Quintero?), sin generar mucho daño (salvo groseros errores del rival). Lavandeira se retrasa demasiado para recoger la pelota y como no tiene con quién combinar -pocos se muestran como opción de pase-, los avances suelen morir en los pies de los contrarios o en centros inofensivos.

Figuera, sin alcanzar un nivel superlativo, es el ancla. Cuando deja la cancha, las falencias se magnifican y derivan en larguísimos pases con destino conocido: los defensas contrarios. Estos servicios teledirigidos son cortesías de los centrales, en particular Schuler.

Pese a que la hinchada y la crítica coincidían en que al equipo le faltaba un 9, la presencia de Denis no ha supuesto un cambio significativo. ¿De qué vale haber traído a un delantero con su cartel si no puede recibir un pase decente?

La epidemia de lesionados y suspendidos ha enturbiado el trabajo de Córdova, pero seamos claros: él conocía las condiciones en que se encontraba el equipo, los peligros que podía afrontar y la urgencia para sumar puntos que lo libren del descenso. Y hasta ahora ha demostrado muy poco.

Un tuitero escribía ayer que no importaba cómo juegue la ‘U’, sino que gane. Como sea. Y sí, es cierto. Pero no nos confundamos: pedirle a este equipo un juego vistoso es absurdo. Solo se le pide lo mínimo:  alguna idea que vaya más allá del pelotazo sin sentido.

Todos sabíamos que iba a ser difícil para Universitario. Que la ansiedad iba a hacer lo suyo, los rivales, las suspensiones, los lesionados… menos que el camino al infierno iba a ser pavimentado por los mismos que quieren salvarlo.