La estéril –y ojalá no eterna- discusión sobre la validez del penal sobre Corzo ha dejado en segundo plano un aspecto que para los hinchas de Universitario debería ser primordial: el equipo sigue jugando a nada.

 

¿Acaso no se han ganado los dos últimos partidos? Así es. La ‘U’ parece encontrarse en estado de gracia. La presencia de su hinchada ha sido crucial para estos últimos logros. Pero vivir en la cuerda floja permanente no conviene. Más aun con los rivales que tendrá en la recta final del Clausura:

Binacional (Moquegua)

Sport Rosario (Lima)

Boys (Callao)

Cristal (Lima)

Alianza (Lima)

Municipal (Lima)

Garcilaso (Cusco)

Comerciantes Unidos (Lima)

Aunque Córdova sigue sin tener un once fijo, el juego del equipo no varía: es angustiosamente  predecible. Sin pelota presiona poco, por eso el rival toca, se mueve y lanza pelotazos. Con el balón se siente abrumado por la escasez de ideas, así que vive de los centros buscando a Denis o un rebote que pueda coger Quintero. Lo demás es rudimentario. La asociación casi no existe. Algunas acciones individuales (una gambeta del panameño o de Siucho) le dan cierto aire, pero nada sostenido que brinde confianza.

La presencia de Rodríguez le dio orden a la zaga. Los regresos de Velarde y Figuera pueden agregar solidez a un sector clave que sufre demasiado en las contras y los rebotes. Vásquez y Corzo miran más el arco contrario que el propio, Romero es más central que 6, Páucar asusta por su irregularidad, Siucho a veces pesa menos que un soplido.

El plus de la crema sigue siendo su gente (sobre su influencia ver “La Fórmula del gol”). Se ha formado un lazo muy sólido que ha acrecentado la cuota de rebeldía sobre el verde. Estoy seguro que sin las 26 almas que estuvieron el sábado, Haro no sacaba tantas amarillas a la visita ni cobraba el penal a Corzo. El aliento pesa. Pesa mucho.

Los últimos seis puntos han sido oro puro, pero pueden irse a la alcantarilla con el mínimo resbalón. La tabla está demasiado ajustada para descuidarse. Contra Binacional no hay que conformarse con un punto. Tenemos que sumar de a tres.