20. El Fantasma Espacial de costa a costa

El Fantasma Espacial nació en 1966, compartiendo programa con un tal Dino Boy. Solo duró en el aire hasta 1968, aunque tuvo un revival en 1981, cuando se produjeron 22 nuevos episodios con algunos nuevos villanos. Luego vinieron los crossovers con otros héroes de Hanna Barbera como Shazzam y compañía. Pero de esta época nadie se acuerda, tal vez ni él mismo. La razón por la que el Fantasma Espacial está en esta lista es por su extraordinario comeback en 1994, El Fantasma Espacial de costa a costa, en el que comparte cámaras con sus antiguos archivillanos Zorak (una mantis religiosa de tamaño humano) y Moltar (un ser de lava en un pesado batiscafo). Lo que se buscaba con el programa era parodiar los late night shows a lo David Letterman. Para tal fin contaba con la complicidad de celebridades de todo tipo, desde Beck hasta Jim Carrey, pasando por Björk, con quien estuvo casado (luego se arrepentiría del compromiso). Lo más paja del show es su estilo de comedia que a veces rebasa el absurdo para bordear el surrealismo. Tengo entendido que aún se produce. Dicen que está más border que nunca.
19. Oggy y Las cucarachas

Tom y Jerry solo que más bizarro (y más actual). Oggy es un gato azul algo flojón que solo quiere ver televisión y cocinar, claro, si es que se lo permiten las tres cucarachas que viven con él, llamadas igual que Los Ramones: Joey, Dee Dee y Marky. La verdad es que los bichitos en cuestión son unos psicópatas que disfrutan arruinándole la existencia al gato que las persigue a muerte. El estilo de animación es muy interesante (y, de alguna manera, muy francés) y usualmente no hay diálogo sino solo efectos de sonido que además son un plato. Muy recomendable.

18. Merrie Melodies

Merrie Melodies era el nombre de la serie hermana de los Looney Tunes que con los años terminaron pareciéndose tanto que no había diferencia distinguible entre uno y otro. El concepto es simple: un corto musical con personajes que eventualmente se harían recurrentes, en clave de comedia usualmente slapstick. Según he visto por ahí, el origen de las Merrie Melodies se encuentra cerca del del videoclip: son lo que quedó de una serie de cortos llamados Spooney Melodies en los que se animaban canciones de moda (la idea era promover la recientemente adquirida división musical de la Warner Bros, llamada Brunswick Records). Por eso es que se trata de un caso atípico: el objetivo no era tanto contar una historia sino vender discos y partituras. Como fuera, los resultados a veces son geniales: en 1932 casi ganan el primer Oscar a mejor animación por It’s got me again! En 1936 terminarían los cortos con el slogan “That’s all Folks!” (eso es todo amigos, ¿suena familiar?) y más adelante colocarían el fondo de bull de dardos del que años más tarde saldría gente como Porky y Bugs. Circula por ahí una EXTRAORDINARIA selección que lleva como subtítulo “Golden colection”

17. Neon Genesis Evangelion
Hideaki Anno es un genio que se deprimió durante casi cuatro años. El resultado de tanta batalla contra la tristeza y el desencanto es el tono lúgubre de la postmodernísima (y aunque parezca contradictorio, fundacional) Neon Genesis Evangelion, que generó toda una franquicia y revolucionó el género de los mecha (para ponerlo en dos palabras, “grandes máquinas”) en el animé. Los ingredientes de los que se valió: un poco de simbología católica, algo de existencialismo hardcore, psicopatología, fuertes dosis de introspección psicoanalítica, deconstrucción de caracteres y viejas técnicas de animación puestas al día para lograr un acabado de gran precisión y un trabajo temático de profundidad inusual. Los capítulos finales, en los que se dinamita la narración clásica, son maravillosos (suceden en la cabeza de los personajes, mismo Alice in Wonderland) y cierran magistralmente una propuesta excelente. A muchos fans no les gustó (a veces pasa) y se hizo una película con un final alternativo más digerible y más tonto. Felizmente, quedó la serie.

16. Star Wars: las guerras clónicas
Pura acción light como nunca antes la viste. La serie narra las guerras clónicas que ocurren entre la Republica (bajo el mando del maldito Palpatine) y la Confederación de Sistemas Independientes (bajo el liderazgo del Conde Dooku) que luego se convertiría en la resistencia de Starwars y demás piezas del universo de Lucas. Como podrán adivinar los fanáticos, la serie tiene lugar entre el episodio II y el episodio III y muestra los primeros indicios de la transformación del jóven Anakin en el maldito Darth Vader. Fueron solo 25 capítulos (que se transmitieron originalmente del 2003 al 2005) aunque se supone que en estos días están por estrenar una “secuela”. ¿La gracia? La serie es honesta en su planteamiento: mucha acción y la excelencia en las técnicas de animación empleadas (a cargo del estilizadísimo Tartakovsky) hacen que la historia pierda importancia y que el desarrollo narrativo de los personajes sea más limitado que en todas las versiones filmicas. Con todo, es mejor que Episodio I y Episodio II, de lejos. Aquí un videíto, para que vean (es la pelea final, pero ya saben cómo acaba así que qué más da):

*Estimados lectores: Desde enero del 2009, el blog “Tv en serie” lo desarrolla Romina Massa. Este post escrito por el anterior blogger, Javier Masías, seguirá en línea pero sin opción de dejar comentarios.