Foto: www.chavodel8.com

Como ya lo dije en mi perfil, crecí con el Chavo del 8. Y es por eso que quiero rendir un humilde homenaje a tan buen programa de televisión. Cuando era niño creía que no podía haber nada más divertido. Hoy, a la distancia del tiempo, estoy seguro que se trató de una verdadera lección de vida televisada. No solo entretenía y robaba carcajadas instantáneas, sino que promovía la tolerancia y enseñaba a entender un mundo muy complicado y caótico. Un mundo donde seguramente aprendimos lo que era una renta y las consecuencias de no pagarla. Un mundo donde pudimos conocer que había gente pobre y rica y que eso no hacía mucha diferencia para poder divertirse.

El Chavo del 8 me marco, y seguramente lo hizo también a muchos de ustedes. Nos enseñó nuevas frases y palabras. Supimos de las tortas de jamón y las paletas dulces, de las aguas de tamarindo y jamaica. Nos enteramos de cómo se puede volver loco a un profesor y fuimos testigos de un viaje inolvidable a Acapulco.

Por todas esas razones siento que este post debe ser dedicado al Chavo y compañía. A Roberto Gómez Bolaños, mi más rendido agradecimiento y admiración. Los que comulguen con la idea siéntanse libres de unirse a ese homenaje.

Ah, de acuerdo a la temporada les dejo el capitulo de la Navidad del Chavo