A partir de su segunda temporada, “The Walking Dead” se convirtió en una serie de episodios. Me explico: en cada temporada tiene episodios MUY BUENOS (dos o tres) y episodios REGULARES (el resto). “The Walking Dead” es como uno de sus zombis: camina torpemente y de vez en cuando, al oler el cerebro fresco de un ser humano cerca a él, reacciona. Es como una cápsula del tiempo, te mete a su ritmo, te adormece para luego golpearte cuando menos lo esperas en sus capítulos finales de mitad o final de temporada.

Es por eso que nos preguntamos por qué la serie inspirada en el cómic de Robert Kirkman ha roto todos los récords de audiencia que una serie de cable puede tener. Es decir, dramáticamente algunos de sus episodios dejan mucho que desear. En “After”, por ejemplo, vemos por primera vez, después de UNA TEMPORADA Y MEDIA, un flashback contándonos un poco acerca del pasado de Michonne. ¿Por qué esperar tanto? Ya habíamos aceptado el silencio como parte del personaje, si no lo habían mostrado antes, ¿por qué mostrarlo ahora? ¿Acaso es la primera vez que tiene una pesadilla así? Lo que sí es nuevo ese el flashback. No recuerdo alguno (al menos así de revelador) en la serie.

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Otro de los puntos débiles de este regreso de “The Walking Dead” es haber centrado casi todo el episodio en Carl (Chandler Riggs). Pésima actuación. Y pensar que en algún momento se pensó en él como el que continuaría con el protagonismo de la serie después de Rick. Aquél monólogo que se manda frente a su padre (¿muerto?) echado en el sillón, diciéndole que no lo necesita, demostró que al joven actor todavía le falta mucho camino por recorrer. En AMC deberían pagarle clases de actuación, ya que la serie tiene para rato.

Todo el recorrido del pequeño Carl, en el que intenta demostrarse a sí mismo y a su padre (y a nosotros) que puede defenderse solo sirve para que se de cuenta de que no puede. Ese es el problema, pues. Nos venden a un Carl en plena crisis de adolescencia (hasta le recuerda a Shane a su padre), jactándose de saber mucho y de que ya puede defenderse solo… y en ese momento ya sabemos que va a terminar reconociendo que está equivocado. Y la cuestión no es que haya terminado reconociéndolo, sino que se haya hecho obvio que lo terminaría haciendo.

Un poco de drama de verdad hubiera sido que Rick hubiera muerto y que su hijo se haya visto obligado a matarlo, luego de darse cuenta que no podía hacerlo solo. Los actores se la pasan diciendo que cualquier puede morir en “The Walking Dead”, pero desde hace un buen tiempo solo matan a los que podrían haber enriquecido más la trama. Pasó con Shane y recientemente con el Gobernador, un personaje totalmente desperdiciado por los guionistas.

Ahora, por los avances, parece que recién comenzará lo bueno en esta segunda mitad de la cuarta de temporada. Un episodio después. “The Walking Dead” es más inestable que el carácter de Carl.