Muchas cosas funcionan bien en “Hannibal”. La primera es Mads Mikkelsen, el actor danés que interpreta al asesino en serie apellidado Lecter. No podrían haber encontrado a alguien mejor. Dándole su lugar a Anthony Hopkins, Mikkelsen tiene la carga de misterio y ambigüedad suficiente para nutrir a Hannibal, además de ser un actor de gran nivel.

La segunda es la oscuridad con la que Bryan Fuller, el productor de la ficción, ha vestido la historia. No es una oscuridad cruda, sino provista de pincelazos de color que convierten a “Hannibal” no en una película de terror, sino en una pieza sugerente. Vemos sus episodios y luego pensamos dos veces antes de llevarnos a la boca algún platillo extraño preparado con carne (no es secreto que Hannibal es un caníbal y la serie saca bastante provecho de eso).

Fuller ha enriquecido al personaje principal, desarrollando su faceta de psiquiatra. Lo involucran en sus investigaciones como asesor médico de Will Graham (Hugh Dancy), quien a su vez apoya a los agentes realizando perfiles de asesinos en serie usando una especie de “don” el cual le permite ser empático en extremo. Es ahí cuando descubrimos las verdaderas intenciones de esta mejorada versión de Hannibal.

El tercer punto fuerte de la serie es, precisamente, el punto de giro. Curiosamente, aunque le da el nombre a la serie, tal vez no sea Hannibal el personaje principal, sino Graham. Él ha sido manipulado por el personaje de Mikkelsen hasta influenciarlo psicológicamente a pensar que él mismo es un asesino. Es interesante el juego mental que practican estos personajes y las ilusiones presentadas muy bien audiovisualmente. Espero con ansias la segunda temporada en marzo.

GALLERY-8 copia_final