Nunca soporté a Keri Russell. En realidad, no soportaba a Felicity Porter, aquel personaje que vivía las situaciones más desgarradoras en aquella serie “Felicity” producida entre 1998 y 2002 por J.J. Abrams (sí, leyeron bien, JJ. Abrams hizo eso). No es que “Felicity” haya sido una mala serie. Simplemente no me gustaba, no la seguí, no me enganchó. Entre esos años andaba poniéndome al día con “X-files”, episodio por episodio, en orden, y disfrutando de varios episodios de “Star Trek”. No tenía tiempo para la buena Felicity.

Más de diez años después, ya madura como actriz, Keri me atrapó. Ya había escuchado de “The Americans”. Ningún spoiler, pero sí buenos comentarios de la serie. La primera temporada está en Netflix, así que le di la oportunidad. Ahora he quedado prendado de la Russell y, lo confieso, no puedo escapar.

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Desde su sinopsis, “The Americans” se presenta atractiva: una pareja de espías rusos son “plantados” en Estados Unidos para hacerse pasar como un matrimonio de estadounidenses que viven en Washington para desarrollar, en secreto, misiones que poco a poco destruyan al país del tío Sam. Un detalle: la serie está ambientada en los ochenta, en plena Guerra Fría. La historia se pone interesante porque, además de tener que cumplir con sus misiones como agentes de la KGB, Phillip y Elizabeth (esos son sus nombres estadounideses) tienen como misión infiltrarse totalmente en la sociedad estadounidense, es decir, tener un trabajo, hijos (a quienes no pueden decirle la verdad, claro está) y vivir como americanos.

Pero poco a poco se complica la cosa, específicamente tras la muerte de un espía que trabaja con ellos y cuyo secreto sale a la luz tras su desaparición: tuvo un hijo con una estadounidense. Comienzan a surgir las primeras interrogantes. ¿Hasta qué punto son leales a Rusia estos agentes? ¿Podría un agente de la KGB correr el peligro de abandonar sus ideales soviéticos debido a que termine gustándole el estilo de vida de Estados Unidos? Y la más importante: ¿hasta que punto Phillip y Elizabeth son un matrimonio de verdad? Esta última pregunta es crucial, pues la relación entre los protagonistas y la lealtad particular de cada uno tambaleará de acuerdo al momento o misión que les toque vivir. Además de tener en cuenta que tienen hijos (ambos estadounidenses) en quien pensar si eventualmente son descubiertos.

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Todo esto se complica cuando, al barrio en el que viven, llega a vivir Stan Beeman, un agente del FBI que investiga de cerca a los infiltrados rusos en Estados Unidos, que, en ese momento de la historia, son algo así como una leyenda urbana en ese país. Beeman tiene experiencia en lo que respecta a agentes encubiertos, pues él mismo cumplió una misión encubierta para su país. Sin querer queriendo, ambas familias llegarán a tener una relación muy cercana, captando por completo nuestra atención, ya que los espías rusos constantemente juegan con fuego al estar tan cerca al enemigo.

Terminé hace unos días la primera temporada y hay que decir que, después de dos episodios que sirven para poner las bases de la historia, ya no se puede parar hasta el último. Grandes actuaciones tanto de Russell como de Matthew Rhys (quien interpreta a su esposo). Ambos, en la ficción, son unos maestros del disfraz y utilizan métodos poco convencionales para lograr sus cometidos.

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Y para cerrar con broche de oro, en la serie aparece nada menos que Margo Martindale, interpretando a una agente de la KGB con un mayor rango, quien entrega las misiones a los protagonistas.

Si el drama de espías es lo tuyo, “The Americans” es lo que estabas esperando.